Violencia extorsiva contra el desarrollo económico

Debe ser bienvenido que la dirigencia empresarial busque hacer oír su voz frente a medidas de fuerza gremiales que persiguen motivaciones políticas
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13 de julio de 2019  

Resulta muy valorable, además de necesario, que un importante grupo de empresarios busque hacer oír su voz frente a diversos problemas del país, entre los que no pueden dejar de mencionarse los lamentables ejemplos de violencia extorsiva por parte de algunos dirigentes sindicales.

Gran parte de la dirigencia empresarial argentina estuvo por demasiado tiempo acostumbrada a un exceso de prescindencia no solo frente a un modelo económico generador de pan para hoy y hambre para mañana, sino también ante los severos retrocesos institucionales derivados de la gestión kirchnerista. Durante mucho tiempo, los pocos empresarios que se animaron a cuestionar medidas de aquel gobierno y que por eso fueron sometidos al escarnio público desde el poder político, debieron enfrentar la soledad, el desamparo y la indiferencia de muchos de sus colegas.

Semejante apatía ante los habituales abusos de poder de un Estado intervencionista, que no dudó en perseguir a los disidentes, no hizo más que alimentar los ataques a la institucionalidad, el aislamiento económico del país y el alejamiento de los inversores genuinos.

Ninguna economía puede prosperar basada en el capitalismo de amigos, en los privilegios prebendarios y en la corrupción de los funcionarios. Y en el caso de la Argentina, el daño resultó mayor aún por un llamativo silencio empresarial que pareció consentir ese modelo que signó más de una década.

La posición mezquina o temerosa que durante años caracterizó a buena parte de la dirigencia empresarial debe dar lugar a una actitud constructiva, sin la cual se torna inviable cualquier debate serio sobre los problemas económicos del país y sus soluciones.

Por eso es saludable que empresarios de distintos sectores, reunidos alrededor del grupo de WhatsApp Nuestra Voz, hayan decidido dejar cualquier actitud evasiva y elevar su voz frente a no pocos conflictos que, más allá de sus negocios específicos, atentan contra la propia institucionalidad.

La sorpresiva y salvaje medida de fuerza que en vísperas del último fin de semana largo tomaron los gremios de pilotos de líneas aéreas y de aeronavegantes, que dejó varados a unos 5000 pasajeros, recibió un duro repudio de los empresarios. El Instituto para el Desarrollo Empresarial Argentino (IDEA) se puso al frente de esa condena: dejó en claro que esa clase de huelgas, que toman como rehén a la sociedad, conspiran contra la creación de empleo argentino y en nada suman a la defensa de los derechos de los trabajadores. Y rápidamente numerosos empresarios imitaron ese gesto, multiplicando su repudio frente a la extorsión sindical a través de las redes sociales.

Pocos días después, desde el citado grupo Nuestra Voz, que integra a más de 260 personas, se elaboró un mensaje conjunto para cuestionar dichos del secretario general del gremio bancario, Sergio Palazzo, quien atacó al fundador de la empresa Mercado Libre, Marcos Galperin, al tiempo que anunció que pedirá, "por las buenas o por las malas", la regulación y el encuadramiento de los trabajadores de todas las empresas que ofrezcan servicios financieros. "Vamos a ir por todos los trabajadores del sector financiero. Si Galperin está ahí, le tocará ajustarse a la ley", amenazó. La cámara fintech, que agrupa a empresas de tecnología y finanzas, respaldó a Mercado Libre, al rechazar "la intimidación y la prepotencia como formas de encuadrar a trabajadores de manera ilegal y sin respetar el marco vigente en actividades no alcanzadas por el marco gremial bancario".

La posición de Palazzo guarda semejanzas con la del dirigente camionero Hugo Moyano, quien en reiteradas ocasiones ha reclamado para su gremio el encuadramiento de trabajadores de muy disímiles actividades y muchas veces a través de la extorsión y la violencia.

En las actitudes de estos dirigentes, hay un intento de defender un viejo orden y un estilo reñido con la sustentabilidad. No es casual que el titular de la Asociación Bancaria ataque a una empresa que ha sido un emblema nacional de desarrollo a partir de la tecnología hasta convertirse en la compañía argentina más valorada, con una capitalización bursátil superior a los 30.000 millones de dólares. Se trata de una empresa que ha basado su crecimiento en una capacidad de innovación y de flexibilidad de la que, lamentablemente, carece la mayoría de los caciques sindicales de nuestro país. Tampoco es casual que el líder de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), Pablo Biró, plantee un conflicto en momentos en que se intenta dotar de racionalidad y eficiencia tanto a la aerolínea de bandera como al sector aerocomercial todo.

No puede pasarse por alto que, pese a los cuestionamientos sindicales, este sector viene creciendo enormemente. De acuerdo con los datos del Ministerio de Transporte, durante junio último el número de pasajeros en vuelos comerciales de cabotaje creció desde los 946.000 hasta 1.191.000 en forma interanual; esto es, un 26 por ciento. La comparación es mucho más elocuente contra junio de 2015, cuando solo volaban 535.000 personas. No hay dudas tampoco del positivo impacto que ha tenido en ese crecimiento la llegada de las llamadas líneas aéreas low cost, tan resistido por algunos gremialistas. Ni pueden ponerse en duda iniciativas que permitirán garantizar las operaciones y la sustentabilidad de las empresas, sin perder fuentes de trabajo, como la que busca poner en marcha Latam para usar sus aviones en una flota regional, que incluya aeronaves con matrícula extranjera.

Tampoco quedan dudas de las motivaciones claramente políticas de quienes eligen el camino de la violencia o pretenden tomar como rehenes a los usuarios de un servicio público esencial para imponer políticas cuyo ámbito de discusión debe pasar por los poderes del Estado y por las urnas.

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