Vuelos: una extorsión que parece no tener fin

Los reclamos sindicales deben ser canalizados por las vías que corresponden y no amenazando la seguridad y la tranquilidad de los pasajeros
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7 de octubre de 2019  

La escalada de amenazas de gremios aeronáuticos no es inocente. Viene creciendo desde que comenzó a correr el tiempo de descuento hacia los comicios presidenciales del 27 de este mes.

Algunas de esas amenazas se cumplieron. Otras se quedaron solo en eso, como la del último fin de semana. Pero el daño se produjo de todos modos, y no fue menor: muchos de quienes tenían planificado volar se vieron impelidos a pensar en alternativas de transporte ante la posibilidad de no poder viajar en avión. Frente a la incertidumbre, otros decidieron cancelar encuentros laborales, postergar turnos médicos o desechar invitaciones académicas. También hubo quienes, ante la prevención que imponía el ultimátum, perdieron días de alojamiento en hoteles de turismo, combinaciones de vuelos y reservas. Todos resultan afectados cada vez que los gremios aeronáuticos amenazan con tomar como rehenes a los pasajeros para extorsionar con su pedidos a las autoridades.

El presidente Mauricio Macri sostuvo el pasado viernes, cuando ya se había dictado la conciliación obligatoria: "No corresponde poner de rehén a la gente. No corresponde -enfatizó- no entender el momento difícil que estamos viviendo en la Argentina. Todos tenemos que poner el hombro en una empresa [Aerolíneas Argentinas] que todavía tiene mucho por hacer para lograr ser sustentable".

Coincidimos con los dichos del jefe del Estado. No es el momento, y tampoco se entiende que justamente sean los gremios aeronáuticos los que insistan en esa estrategia extorsiva cuando sus representados cuentan con privilegios laborales de los que carece la amplísima mayoría del resto de los sectores de la economía del país.

"Nunca vi un gremio que se oponga a que lleguen otras empresas a tomar más pilotos, azafatas, personal de tierra, mecánicos", enumeró Macri al referirse a los sucesivos palos en la rueda que han interpuesto en cada tramo hacia lo que el Gobierno denominó "la revolución de los aviones", que incluye, entre otros muchos aspectos, la habilitación de las low cost.

Se aprecia claramente el matiz político-ideológico de las últimas medidas, que tuvieron en vilo a los pasajeros hasta el viernes a la noche. Aerolíneas ha venido mejorando su performance en el mercado en los últimos tres años y medio. Pese a los cuestionamientos sindicales, ese sector viene creciendo enormemente en número de pasajeros transportados. Tampoco pueden ponerse en duda las iniciativas oficiales con el fin de buscar la sustentabilidad de la empresa.

¿Qué puede desprenderse de reclamos liderados por un sindicalista como Pablo Biró, que ha admitido públicamente su intención de "voltear al gobierno" de Cambiemos?

¿Qué explicación convincente han podido dar los pilotos que, haciendo abuso de su posición, leyeron consignas gremiales y políticas a los pasajeros en los vuelos poniendo en riesgo al pasaje, en una clara vulneración de la seguridad de las aeronaves y del derecho de los viajeros a no ser receptores obligados de una demanda que debe cursarse por otros medios?

Que nuevamente estemos tratando este tema habla ya del "éxito" de la nueva amenaza. Un éxito absurdo, por cuanto nunca aquello que recorta derechos y libertades de otras personas puede ser considerado tal. Falta mucho por hacer en Aerolíneas. Incluso, seguir bajando el abultado monto que recibe aún hoy por subsidios del Estado, es decir, de la caja que capitalizamos los ciudadanos con el pago de nuestros impuestos.

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