Alfredo Pérez Rubalcaba, la hábil figura del socialismo español que selló el final de ETA

Fuente: LA NACION
Silvia Pisani
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11 de mayo de 2019  

MADRID.- Un adiós lleno de congoja. Eso experimentaron la sociedad y la política española ante la sorpresiva muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba, a sus 67 años. Un dirigente clave del socialismo español y figura de la historia reciente española.

Orador brillante, muy inteligente y mordaz, puede decirse de él que lo fue todo en el socialismo y en los gobiernos de ese signo. Fue ministro del expresidente Felipe González y vicepresidente de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero se lo recuerda especialmente por haber sido un batallador contra la banda terrorista ETA, cuya violencia asoló a España durante décadas, y uno de los artífices de su disolución.

Está presente en el recuerdo de muchos la jornada de octubre de 2012 en la que un emocionado Rubalcaba anunciaba el final de la banda que tuvo en jaque al país. "Hoy la democracia ha ganado", fueron sus palabras.

O las investigaciones que, como ministro del Interior, impulsó luego de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en España, cuando 191 personas murieron por el estallido simultáneo de varios trenes suburbanos.

La muerte lo encontró muy joven, como consecuencia de un infarto cerebral. Y muy rápido: el desenlace fue apenas 72 horas después del incidente. Nadie lo esperaba.

Llovieron los mensajes de pésame. Desde la Casa Real, con el rey Felipe VI a la cabeza, para abajo, todo fueron expresiones de condolencia. Un sentimiento que no supo de ideologías.

"Enorme pesar", dijo el rey. "Un hombre de Estado", dijo el presidente socialista, Pedro Sánchez, que junto con autoridades del gobierno, recibió el féretro en las escalinatas del Congreso, donde se le dio el adiós.

"Un rival digno de respeto y de admiración", dijo el expresidente Mariano Rajoy, del conservador Partido Popular (PP), con quien lo unía una fuerte amistad. Todas las expresiones políticas se sumaron en la condolencia.

Químico de formación, se volcó rápidamente a la política. "Siempre seré socialista", dijo. A lo largo de 40 años llegó a ocupar cargos fundamentales dentro del PSOE y en el gobierno.

Brilló especialmente como orador en el Congreso, donde, además de un hábil polemista, se caracterizó por su capacidad para encontrar consensos. Afable y de buen trato, se prestaba fácilmente al diálogo y era generoso a la hora de compartir su visión de las cosas.

"Esa noche sí que desconecté. Tras años obsesionado, sentí que, por fin, se había acabado", dijo hace solo unas semanas, al recordar cómo había sido el día en que anunció el final del terrorismo separatista.

Era mordaz. "Bueno?, no parece precisamente que sea un Nobel del diálogo", dijo, a la hora de definir al actual presidente del gobierno independentista catalán, Joaquín Torra. La frase quedó para la memoria, como un latigazo.

Su rostro era familiar para muchos españoles. Por eso la sorpresa fue tan grande y por eso muchos se agolparon en la puerta del Congreso para despedirlo. Hubo aplausos y llantos.

El gobierno español decretó un día de luto oficial por la muerte de Pérez Rubalcaba.

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