A foja cero: Trump canceló la cumbre con Kim y volvió la retórica incendiaria

Trump anunció hoy la cancelación de la cumbre con Kim, que iba a realizarse en Singapur el 12 de junio
Trump anunció hoy la cancelación de la cumbre con Kim, que iba a realizarse en Singapur el 12 de junio Fuente: Archivo
Rafael Mathus Ruiz
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24 de mayo de 2018  • 18:30

WASHINGTON.– Las monedas conmemorativas ya habían sido acuñadas. La Casa Blanca ya había comenzado a registrar periodistas para el viaje. Un grupo de congresistas republicanos había pedido ya el premio Nobel de la Paz para Donald Trump. Pero luego de una fulminante escalada retórica, Trump se echó para atrás y canceló su cumbre con Kim Jong-un.

Trump justificó su abrupta decisión, que comunicó a Pyongyang a través de una carta, y dejó perplejos a Corea del Sur y Japón, los principales aliados de Washington en la región, en unas declaraciones hostiles del régimen de Kim, que horas antes había dejado al descubierto su fuerte malestar por la presión de Washington para que cediera sin demoras su arsenal nuclear, y por las continuas advertencias con referencias a Libia.

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"Si bien pueden pasar muchas cosas y hay una gran oportunidad, potencialmente, creo que este es un tremendo revés para Corea del Norte y, de hecho, un revés para el mundo", lamentó Trump, en un breve mensaje en la Casa Blanca, horas después de despachar su carta.

Todo volvió a foja cero, y la dura retórica del pasado saltó al presente.

Trump, quien había abandonado sus incendiarias amenazas y había llamado a Kim "un hombre honorable" en vez de un "Pequeño Hombre Cohete", lanzó otra vez advertencias. Prometió retomar la campaña de "máxima presión", y dijo que había hablado con los jefes de las fuerzas armadas, que estaban listos para actuar ante "actos tontos o imprudentes" del Norte. Y le envió una amenaza a Kim en su carta.

"Usted habla sobre sus capacidades nucleares, pero las nuestras son tan masivas y poderosas que ruego a Dios que nunca serán utilizadas", lo desafió Trump, en esa misiva, en la que acusa del fracaso a "la enorme ira y abierta hostilidad" del régimen de Kim.

La cancelación de la cumbre arrojó un baldazo de agua helada al rápido deshielo que se había registrado en la península norcoreana en los últimos meses, y que habían alimentado las esperanzas de que las tensiones nucleares que se inflamaron en el último tiempo, con amenazas cruzadas y el riesgo de una guerra abierta, desaparecieran.

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Así y todo, Trump y la Casa Blanca buscaron mantener vivo el impulso de los últimos meses. El propio Trump sugirió que "tal vez" fuera "posible" que la reunión se realizara, un giro que solo terminó por arraigar la confusión que suele acompañar la imprevisibilidad y los dobles mensajes del presidente. Entre guiños y amenazas, fue posible decodificar un mensaje: para Trump, ahora todo depende de qué haga Corea del Norte.

"Sí y cuando Kim Jong-un elija participar en un diálogo y acciones constructivas, estoy esperando", afirmó Trump, al hablar en la Casa Blanca.

"Y con suerte, todo va a funcionar bien con Corea del Norte. Y pueden suceder muchas cosas, incluido el hecho de que tal vez, y que esperaría, es posible que la cumbre existente pueda tener lugar o una cumbre en una fecha posterior. Nadie debería estar ansioso. Tenemos que hacerlo bien", agregó luego, al cierre de sus palabras.

La carta despachada a Pyongyang lleva el mismo doble mensaje: Trump cierra esa misiva diciéndole a Kim que "no dude" en llamarlo o escribirle si "cambia de opinión respecto de esta muy importante cumbre". Trump dictó la carta él mismo, hoy por la mañana.

Los indicios de que la cumbre zozobraba se amontaron en las últimas semanas. El secretario de Estado, Mike Pompeo, testificó ante el Senado que durante "muchos días", los funcionarios de Kim habían mantenido silencio ante consultas sobre la planificación logística. Había una reunión prevista en Singapur la semana pasada. Los norcoreanos no fueron. En el ambiente diplomático de Washington, donde la cumbre era mirada con escepticismo desde el vamos, las dudas arreciaron cuando a medida que el 12 de junio se acercaba nadie veía un mero indicio del borrador del comunicado final de la cumbre.

La relación se tensó a fines de abril, cuando el asesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, uno de los "halcones" del gobierno, dijo que Libia ofrecía un "modelo" de desnuclearización para el régimen de Kim. Muammar Khadafy entregó su arsenal nuclear en 2003, y murió en 2011, despojado del poder, a manos de una turba en la calle.

Pyongyang dejó en claro que el modelo libio era inaceptable y que no aceptaba un "abandono nuclear unilateral", algo que dio aire a las sospechas de muchos analistas de que Kim no está dispuesto a ceder su arsenal. Trump, primero, y el vicepresidente, Mike Pence, después, dijeron que Libia era un ejemplo de "lo que podría ocurrir" si no había acuerdo con Corea del Norte.

Pyongyang subió el tono. La vicecanciller norcoreana, Choe Son-hui, tildó a Pence de "ignorante y estúpido", y un "maniquí político" por haber sugerido en una entrevista que Kim podía terminar como Khadafy sin un acuerdo. En la amenaza más directa, Choe dijo que le correspondía a Washington decidir si "Estados Unidos se reunirá con nosotros en una sala de reuniones o nos encontrará en un enfrentamiento nuclear-nuclear".

Horas después, Trump canceló el encuentro.

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