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"A Oviedo lo protege una mafia del Mercosur", afirmó el hijo de Argaña

Señaló que el ex general es custodiado por contrabandistas y narcotraficantes
Jorge Elías
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23 de marzo de 2000  

ASUNCION.- Confiesa Félix Argaña que nunca creyó que Lino Oviedo llegara a tanto. Lo acusa de la autoría intelectual del crimen de su padre, el vicepresidente Luis María Argaña, hace hoy un año. "Lo protege una mafia del Mercosur en la que no están implicados los gobiernos", señala en una entrevista con La Nación .

Argaña (padre) amaba las armas, pero desconfiaba de su custodia. Razón por la que no iba con policías, sino con personal de seguridad contratado por él mismo. El día del atentado, el 23 de marzo de 1999, no siguió el derrotero habitual: quería pasar por una casa de tiro, Camping 44, en el centro de Asunción. Antes de salir de su casa, según Félix, se mostró extrañamente odioso con Ricardo, el jardinero: "Limpiá el patio -le ordenó, malhumorado-, que esta tarde vienen diputados".

Los diputados iban a discutir con él la posibilidad de entablar un juicio político contra el entonces presidente, Raúl Cubas, hoy asilado como Stroessner en Brasil, por no haber cumplido un fallo de la Corte Suprema que dictaba el arresto de Oviedo, su virtual soporte en el poder, por el conato de golpe contra el ex presidente Juan Carlos Wasmosy, en abril de 1996.

A las 8.52 del lunes fatídico, sin embargo, tres hombres armados descargaron su cólera con olor a pólvora contra la camioneta en la que iba Argaña. Murió su guardaespaldas, Francisco Barrios, y resultó gravemente herido el chofer, Víctor Raúl Barrios, aún con seis balas alojadas en el cuerpo.

Teoría de la conspiración

Los oviedistas, a la defensiva, insinúan que se trató de una conspiración. Fue un crimen por demás curioso, según ellos: las balas ingresaron por el ventilete trasero del ve- hículo, sin dañar la puerta, y dieron en el brazo derecho (tres), en la cintura (una) y en la nalga (la otra) de Argaña; el cuerpo no cayó en sentido contrario a los impactos, como sucede habitualmente, sino en dirección a ellos; en la espalda tenía una cicatriz de ocho centímetros (operación que, una vez muerto, pudo haber evitado la rigidez cadavérica).

Meras conjeturas, si se quiere, con las cuales procuran sostener una hipótesis macabra: Argaña, enfermo de cáncer, estaba muerto antes del atentado. De las investigaciones, signadas por varias incógnitas, surge, por ejemplo, el traslado del cadáver al Sanatorio Americano, donde se realizó la autopsia. Quedaban más cerca el Instituto de Medicina Legal, el Sanatorio Francés, el Italiano, el IPS o el Lacimet, según machacan los oviedistas.

Félix Argaña sabía, por comentarios de amigos, que su padre vivía amenazado y que, por ese motivo, había pedido que, en cualquier circunstancia, fuera atendido por su médico de cabecera, Ramiro García Varesini, en el Sanatorio Americano. En el Francés, de hecho, un hombre habría preguntado por él poco después del atentado. No iba a llevarle flores, según su hijo, sino a comprobar si estaba muerto o, si no, a rematarlo.

El primer aniversario de la muerte de Argaña coincide con la muerte de siete jóvenes que, cinco días después, reclamaban por la democracia en una plaza del centro de Asunción. De ahí el nombre de la tragedia: marzo paraguayo.

En ambos casos, final anunciado para la presidencia de Cubas, las sospechas recaen sobre Oviedo, en deuda con 10 años de prisión por el intento de golpe contra Wasmosy. La familia Argaña ofrece, desde diciembre, 100.000 dólares por pistas que conduzcan a su paradero. Recompensa, curiosamente intacta, que el prófugo más expuesto, y mediático, de la historia considera ridícula: su cabeza, según él, vale entre un millón y dos millones de dólares. Será por el entretejido.

Detenidos

Por el crimen de Argaña está detenido el autor material confeso, Pablo Vera Esteche, y han sido capturados, en la Argentina, Luis Rojas y Fidencio Vega Barrios, cuyas extradiciones se prevén para el mes próximo.

Argaña, concejal colorado de Asunción y precandidato al cargo que dejó vacante su padre, afirma que está conforme con ello, pero no deja de pensar en Oviedo: "Está en la frontera con Brasil y con la Argentina, saltando de un lado al otro, protegido por contrabandistas, narcotraficantes y demás", estima.

En su virtual derrotero desde que burló el asilo político en la Argentina, el 9 de diciembre (un día antes del adiós de Carlos Menem y de la asunción de Fernando de la Rúa), Oviedo cometió un error en el primer reportaje que concedió, apenas salió (¿salió?) del país: invitó al periodista de la cadena norteamericana CBS Telenoticias con el que hablaba desde su teléfono satelital a ir, no a venir, a Paraguay. Dijo "vaya" en lugar de "venga".

Carne de más de una suspicacia. Que mereció, a su vez, una no menos desconcertante reacción de González Macchi, tildado por Oviedo de presidente trucho: "No sé, m´hijo. La verdad es que no sé qué podemos hacer".

Señal de debilidad que, al parecer, piensa atenuar, después de las protestas y de las huelgas contra su gobierno que se insinúan desde hoy, con un discurso que pronunciará por televisión a mediados de la semana próxima. Cumplirá el martes un año en el cargo para el que ha sido confirmado por la Corte Suprema. Hasta el 2003.

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