Abdo, de una familia ligada a Stroessner a ser el "Marito de la gente"

Mario Abdo Benítez, el candidato del todopoderoso Partido Colorado
Mario Abdo Benítez, el candidato del todopoderoso Partido Colorado Fuente: AFP
Ramiro Pellet Lastra
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22 de abril de 2018  • 20:20

ASUNCIÓN.- Mario Abdo Benítez, encaramado a la cima del poder en Paraguay , llegó a la cumbre de su carrera como un miembro cabal del todopoderoso Partido Colorado, una aceitada máquina electoral y política que lo catapultó a la presidencia con una marcada ventaja sobre su inmediato perseguidor.

Nacido en 1971, durante años fue sin embargo más conocido por su familia, y más precisamente por ser hijo del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner. Era uno de los integrantes del llamado "cuatrimonio de oro", principales sostenes del régimen que se extendió de 1954 a 1989.

"Marito", como se lo conoce popularmente en Paraguay, se instaló por esos días en Estados Unidos. Así, mientras volvía la democracia en su país, se llamó a cuarteles de invierno durante unos años y estudió marketing político.

"Desde muy joven veía en mi casa dirigentes del partido; acompañaba a mi padre al interior. Pero él nunca me motivó a participar, fue una iniciativa propia", contó en una entrevista de 2015, cuando su figura empezaba a destacarse en el entramado de facciones coloradas.

A comienzos de la década del 2000 llegó a la política de la mano del empresario Juan Alberto Ramírez Díaz de Espada. En esos tímidos comienzos unió fuerzas con el nieto preferido del dictador, Alfredo "Goli" Stroessner.

Abdo Benítez nunca renegó de la dictadura, es más, la reivindicó en varias oportunidades. Asegura que Stroessner hizo mucho por el país, aunque aclara que no comparte la violación de los derechos humanos, las torturas y las persecuciones. Cuando murió el dictador en el 2006, propuso que la Junta de Gobierno le rindiera tributo.

"Yo creo que, de hecho, en todas las campañas coloradas nadie ha podido evitar que se toquen polcas al general Stroessner o que muestren retratos de él. Pero todo eso no tiene que ver conmigo. Creo que construí una identidad propia", señaló en la misma entrevista con un diario local.

Junto a Goli fundó el movimiento Paz y Progreso, el mismo slogan del abuelo Stroessner. Y no le fue mal: logró formar parte de la Junta de Gobierno del Partido Colorado.

Desde entonces transita la política como pez en el agua, formando, cambiando y dejando alianzas, según la necesidad, en una espiral ascendente que lo fue posicionando para dar el salto final en estas elecciones presidenciales de 2018.

Marito también se dedicó a los negocios, como propietario de dos empresas, Almacenamiento y Distribución de Asfalto (Aldía) y Creando Tecnología (Createc), dos contratistas del Estado con mucha actividad entre 2010 y 2014.

Se postuló para vicepresidente del país en la fórmula liderada por José Alberto Alderete, en las internas presidenciales de 2007.

Aliado del presidente Cartes, entró al Senado en 2013 y rompió con él dos años después, para formar su propia agrupación interna. Fue como un caballo de Troya en la estructura de poder del mandatario, que vio cómo su antiguo aliado se volvía su principal opositor.

Marito estuvo entre los que frenaron en seco a Cartes cuando intentó, en marzo de 2017, forzar una brecha en la Constitución que le permitiera habilitar la reelección presidencial. Lo que siguió a esa maniobra contra la Constitución fue una protesta de militantes y activistas de diversas facciones que terminaron incendiando el Congreso.

En esa rosca reelectoral también estaba el expresidente Fernando Lugo, el popular líder de la izquierda, que le hubiera representado un segundo escollo a vencer en su ya previsto intento por acceder a la jefatura de Estado.

Casado, separado y vuelto a casar, en otros aspectos Marito se mantuvo leal a su origen social de corte conservador, como su tajante negativa a debatir la despenalización del aborto y su expreso rechazo al matrimonio igualitario. Ha insistido, sin embargo, en promover la paridad de género en la política.

Esta fue la primera vez que un candidato colorado vinculado genéricamente con la dictadura se presentó por el sillón presidencial. Su rápida reconciliación con Cartes después de la interna partidaria, donde venció al delfín del presidente, causó cierta sorpresa, cuando no estupor y desconcierto.

Pero su esfuerzo por mantener la familia partidaria unida, más allá del costo que pudo tener entre los votantes indecisos, logró evitar el quiebre del partido con un abrazo de amigos y mantuvo unida a la militancia. No fuera a ser que por una pelea interna, por una discusión de entrecasa, le entregaran nuevamente al poder a perfectos extraños.

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