Abdo desactivó el juicio político, pero las esquirlas de la crisis debilitan su gobernabilidad

Con menos de un año en el poder, su credibilidad quedó afectada y la oposición mantiene la amenaza de juicio contra el vice
Rubén Guillemí
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4 de agosto de 2019  

Por ahora el paraguayo Mario Abdo Benítez logró desactivar el juicio político en su contra tras dar marcha atrás con un desventajoso acuerdo energético firmado en secreto con Brasil. Pero con menos de un año en el poder su presidencia quedó golpeada por una crisis de gobernabilidad cuando aún quedan cuatro años de gestión por delante.

"Nos hemos equivocado, y vamos a seguir equivocándonos seguramente", dijo Abdo el jueves, en la parte más autocrítica de su discurso pronunciado desde los balcones del Palacio López a una supuesta multitud de "simpatizantes" reunidos en un sector al que solo acceden los empleados públicos.

Aunque no trascendió cuáles fueron las concesiones a la oposición para desactivar el juicio político, el fallido acuerdo con Brasil sacó a la luz graves errores de manejo político por parte del presidente.

La crisis empezó cuando se supo que un acuerdo con Brasil para la venta de electricidad proveniente de la represa hidroeléctrica de Itaipú no solo fue negociado en secreto, sino que también se firmó tras bambalinas en mayo pasado y, según algunos cálculos, le hubiera costado a Paraguay pérdidas por más de 200 millones de dólares.

El escándalo estalló la semana pasada cuando renunció el presidente de la empresa eléctrica estatal ANDE, Pedro Ferreira, y antes de dar el portazo sacó a la luz este acuerdo, que no tuvo el aval de los expertos técnicos y fue firmado a nivel de embajadores en Brasilia.

La oposición parlamentaria reunió rápidamente los votos suficientes para iniciar el juicio político al presidente y al vice, pero el jueves el sector del Partido Colorado que apoya al expresidente Horacio Cartes, enfrentado con Abdo, dio marcha atrás con el impeachment.

"Se calmó la crisis, pero no se aquietaron las aguas, porque quedó un aire de impunidad y secretismo que no facilita la resolución del conflicto", explicó a LA NACION el analista político paraguayo Alfredo Boccia.

Estos días además se conocieron mensajes de WhatsApp que complican al vicepresidente Hugo Velázquez. El abogado Joselo Rodríguez, hijo de la renunciante secretaria para la Prevención del Lavado de Dinero (Seprelad), envió mensajes al titular de la ANDE aduciendo que escribía en nombre de Velázquez, para hacer cambios en el acuerdo y favorecer a empresas privadas brasileñas vinculadas "a la familia presidencial del vecino país".

"En principio no hubo apoyo para un juicio político al presidente. Pero en este país todo es muy exprés, así que no me asombraría que algún día de la semana entrante la oposición cumpla su amenaza de juicio político contra Velázquez", dijo Boccia.

Relación asimétrica

El escándalo despertó además la histórica susceptibilidad frente a Brasil. Mientras la relación con los "curepas", como apodan a los ciudadanos de la Argentina -donde vive la mayoría de la diáspora paraguaya- es de amor-odio, los paraguayos sienten que los "rapai" (rapaces) brasileños siempre los están esquilmando.

Aunque no tiene la misma importancia en cuanto a tamaño, el acuerdo con la Argentina por Yacyretá, que es muy similar al de Itaipú, nunca despertó tantos enconos como el tratado con Brasil.

Paraguay lleva años quejándose por el pacto fundacional de Itaipú firmado por gobiernos militares en 1973 y con validez hasta 2023.

Hay una "sensación de asimetría" porque la mayor parte de la energía producida en la planta (alrededor del 90%) va para Brasil.

"El sentimiento general es que el tratado de 1973 ha sido muy injusto para Paraguay", dijo a LA NACION la ingeniera Mercedes Canese, exviceministra de Energía. "Es un acuerdo simétrico para países que no son simétricos. Casi toda la energía va para Brasil y nos obliga a venderles a ellos el excedente a precios muy por debajo del mercado. Si pudiéramos vender la energía a precio de mercado ingresarían a Paraguay unos 2000 millones de dólares al año".

Además el propio Abdo alimenta la pica con los brasileños por su desmedida admiración por Jair Bolsonaro. "Me emociona cuando me llama Marito", dijo públicamente sin sonrojarse hace algunos días. Y hasta habló mal de su país cuando dijo que en la negociación con Brasil iban a dejar de comportarse como "pillos" y "peajeros" (delincuentes armados que cobran "peaje" a quienes transitan por su zona).

"La reflexión generalizada fue: ?Si así negoció Abdo una cuestión menor como un acuerdo tarifario, ¡cómo se va a plantar para negociar el tratado de 2023!'", dijo Boccia.

En un intento de borrón y cuenta nueva, Abdo nombró anteayer una comisión de honorables para renegociar el acuerdo tarifario dado de baja la semana pasada.

El exsenador del Partido Colorado y abogado constitucionalista Hugo Estigarribia, uno de los miembros de la flamante comisión, dijo a LA NACION que su prioridad será "darle al nuevo acuerdo un resguardo jurídico y que no sea firmado sin antes pasar por el Congreso".

"El presidente quedó muy débil luego de este conflicto. Tiene ahora un problema de gobernabilidad que suele afectar las gestiones hacia el final del mandato, pero a Abdo le quedan cuatro años por delante", consideró Estigarribia.

Y las "crisis" en Paraguay se miden en parámetros distintos a los de la región. Al estilo de países europeos como Italia o España, política y economía marchan por carriles separados.

Con un crecimiento del PBI estimado en un 3,5% para este año, Paraguay es la economía que más crece en América del Sur, y por épocas por ejemplo llega a superar a la Argentina en exportaciones de carne.

Por eso, de no mediar una firme maniobra del timón político, no habrá prosperidad económica que le augure a Abdo un futuro de tranquilidad.

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