Agonía y secretos en los últimos días de Chávez

Desde que se operó en Cuba, hizo todo lo posible por comunicarse con su gabinete y estar al frente de las decisiones de Estado
M. Párraga
E. A. Pretel
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11 de marzo de 2013  

CARACAS.- Hugo Chávez subió con paso firme las escaleras del avión presidencial. Al llegar a lo alto, giró, levantó el puño, y gritó: "¡Viva la patria!", antes de desaparecer en el interior de la aeronave. Los venezolanos nunca más volvieron a escucharlo.

Esa madrugada del 10 de diciembre pasado, el presidente se esforzó en repartir besos y abrazos a los numerosos colaboradores y amigos que fueron a despedirlo a la pista del aeropuerto Simón Bolívar en las afueras de Caracas, en la antesala de su viaje a Cuba para jugar una última apuesta por ganarle la partida al cáncer.

Entre apretones de manos y palmadas en la espalda, Chávez intentó infundir confianza a sus más cercanos compañeros antes de someterse a su cuarta cirugía en 18 meses.

"Claro que volveré", le prometió decidido a Elías Jaua, con los brazos sobre sus hombros y esbozando media sonrisa, relató días después el funcionario. Y regresó tras 70 días de un inconcebible silencio que se prolongaría hasta su muerte, el martes 5 de marzo a las 16.25 en el Hospital Militar de Caracas.

Los detalles de su agonía siguen siendo un misterio. El hombre que comandó Venezuela durante 14 años entró en coma el día anterior y murió por una falla respiratoria después de que el cáncer hiciera metástasis en los pulmones, dijeron fuentes cercanas al gobierno y a su equipo médico. Las dos últimas semanas de vida del líder socialista fueron extenuantes.

Aquejado por fuertes dolores que lo obligaban a permanecer sedado durante horas y que le impedían incorporarse de la cama, Chávez tenía que respirar a través de una cánula traqueal debido a una infección pulmonar aguda que le atacó tras su última cirugía en el hospital Cimeq de La Habana.

Los altos funcionarios que lo visitaron durante su hospitalización en La Habana y Caracas "utilizaban iPads y otros recursos para hacerle presentaciones de los proyectos", dijo una fuente, al explicar cómo el presidente hizo lo todo posible para comunicarse con su equipo y seguir, pese a las enormes limitaciones, al frente de las decisiones de gobierno.

Cuando le pidieron nombrar un nuevo canciller para ocupar el cargo que dejó vacante su vicepresidente y heredero político, Nicolás Maduro, le mostraron los nombres de los candidatos. Él señaló el de Jaua y firmó el documento, dijo la fuente.

El presidente había quedado extremadamente débil tras la operación de más de seis horas, que se complicó con una hemorragia interna, y los médicos tuvieron que reanimar al paciente varias veces y descubrieron que las células cancerígenas habían llegado hasta los pulmones.

El equipo cubano que lo atendió en el postoperatorio tuvo que desarrollar un antibiótico personalizado con el que logró estabilizar la infección respiratoria y mejorar su condición. En medio de la aparente mejoría, Chávez pidió volver a su país.

El gobierno, con el respaldo de la familia, se hizo cargo de todas las gestiones para garantizar un traslado sin riesgos en un vuelo de tres horas. Después, informó que el regreso se produjo en la madrugada del 18 de febrero. No hubo imágenes ni fotos.

Sus colaboradores se esforzaban por afirmar que el jefe bolivariano seguía dirigiendo el país, pese al escepticismo de la oposición, que exigía sin éxito saber el estado detallado de la condición presidencial y su pronóstico.

Tres días antes de morir, Chávez sostuvo una última reunión con buena parte de su gabinete, en la que durante varias horas pasó revista a los temas más importantes, le consultaron varias decisiones y pidió información sobre la marcha del país.

Cuando salieron del encuentro, los ministros fueron conscientes de que su condición era muy delicada, pero quedaron convencidos de que el presidente todavía podría recuperarse pese a que desde la operación recibía una gran cantidad de fármacos para garantizar sus signos vitales.

En las horas siguientes, su condición empeoró progresivamente hasta que el lunes pasado cayó en un coma del que no pudo despertar. El martes, rodeado de familiares y su círculo más íntimo de colaboradores, sus constantes vitales se apagaron. Un sombrío Maduro, enfundado en una camisa blanca, anunció poco después la fatídica noticia y rindió homenaje a su líder.

"Los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos. Y a partir de este momento está prohibido llorarlos", entonó, recitando los versos del cantautor venezolano Alí Primera, el favorito del presidente. "Honor y gloria a Hugo Chávez", concluyó con el puño en alto y la voz quebrada.

"En alguna ocasión yo le dije a Nicolás [Maduro] en el camión ese bendito: «Nicolás, sácame de aquí»", confesó Chávez días después de lograr su cuarta reelección, al recordar un acto en la barriada de Catia, donde el presidente apretaba los dientes en una mueca de dolor contenido en medio de la algarabía general.

Sus detractores creen que el empeño en acudir a las urnas en octubre, pese a los embates del tratamiento, revela a un hombre obsesionado por mantener el poder y que irresponsablemente evitó hasta el último minuto entregar el testigo para iniciar una transición ordenada. Para sus aliados fue una muestra de coraje y defensa de la revolución hasta sus últimas consecuencias

"Uno siempre ha vivido de milagro en milagro", dijo el 8 de diciembre, en uno de sus últimos discursos, recordando su agitada biografía que daba cuenta de su habilidad para salir airoso de situaciones límite.

"Yo sigo aferrado a ese milagro", agregó Chávez, en un discurso que ya sonaba a despedida.

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