Ahora, un final cabeza a cabeza

Cristobal Aninat Para LA NACION
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14 de diciembre de 2009  

SANTIAGO, Chile.- Chile celebró ayer la quinta elección presidencial desde el retorno de la democracia, en 1990, con una jornada ordenada y transparente.

Si bien por primera vez un candidato de centroderecha tiene la opción más clara para llegar a La Moneda, todavía la elección está muy abierta. De considerarse los posibles traspasos de votos de Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami a los dos candidatos, las encuestas indican que el ballottage del 17 de enero se definirá por fallo fotográfico.

Tradicionalmente, el Partido Comunista y sus socios de Juntos Podemos obtienen alrededor del 6% de los votos, que en su mayoría se transfieren al candidato de la Concertación en el ballottage. Podemos esperar que ello ocurra con mayor razón dentro de un mes. Por primera vez, la Concertación hizo un pacto electoral con los comunistas para las elecciones parlamentarias, lo que implicó la llegada de representantes comunistas a la Cámara de Diputados después de 35 años.

Las encuestas indican que dos tercios de los que votaron en primera vuelta por Enríquez-Ominami, que hasta marzo de 2009 pertenecía al Partido Socialista, estarían dispuestos a votar por Frei en segunda vuelta, y un tercio por Piñera. Ello indica que ambos candidatos tienen la posibilidad de vencer en enero. Pero la transferencia de votos no será automática. El mensaje que lancen los candidatos será fundamental para obtener la victoria.

Los votantes de Enríquez-Ominami son principalmente de clase media aspiracional. Durante los 20 años de gobierno de la Concertación, Chile experimentó un rápido y sostenido crecimiento económico, lo que generó una expansión de la clase media. Esto cambió el rasgo demográfico de gran parte del electorado.

Los votantes que anteriormente pertenecían a sectores más pobres y sufragaban por la Concertación, hoy tienen mejores condiciones de vida, participan activamente de la economía y son más liberales en términos económicos.

La campaña de Frei, no obstante, sin reconocer este cambio en el carácter de la clase media, ha intentado polarizar ese electorado obligándolo a optar entre una visión neoliberal de la economía y otra con un papel preponderante del Estado, lo que significó una fuga importante de votos hacia Enríquez-Ominami.

Piñera desarrolló una campaña eficiente, en la que demostró conocer bien al electorado, pero no logró entusiasmar a la población, más allá de la base electoral histórica. Si la campaña de Frei logra enmendar el rumbo ofreciendo un discurso atractivo para la nueva clase media, es probable que logre reencantar a sus votantes tradicionales y conseguir el quinto gobierno para la Concertación.

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