Al-Assad especula con el miedo de Occidente

Anne-Beatrice Clasmann
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28 de agosto de 2013  

Si la "coalición de los dispuestos" hubiese decidido a fines de 2011 llevar a cabo una operación militar contra el presidente sirio, Bashar al-Assad , es posible que se hubiese podido frenar el derramamiento de sangre. Pero ahora es mucho más difícil.

Poniendo en riesgo su vida, expertos en armas químicas de la ONU intentan determinar si el ejército sirio bombardeó con gas tóxico bastiones de los rebeldes la semana pasada.

El resultado de sus investigaciones podría ser definitivo para determinar si países miembros de la OTAN, como Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Turquía, deciden en los próximos días si se arriesgan a intervenir militarmente en Siria.

Si para una misión similar se formara realmente una "coalición de los dispuestos", como en 2003 antes de la invasión a Irak, se trataría del punto de inflexión decisivo en la guerra civil en Siria, que ya dejó más de 100.000 muertos.

A diferencia de lo ocurrido en Irak, cuando se tuvo que apelar a la propaganda con mentiras sobre la presunta presencia de armas de destrucción masiva como excusa para iniciar la invasión, actualmente nadie está planeando enviar tropas terrestres a Siria.

Los escenarios que se discuten hasta ahora prevén una guerra a distancia, con un riesgo mínimo para los ejércitos atacantes.

Esto significa, posiblemente, el uso de misiles crucero y la destrucción de los misiles Scud sirios y los arsenales de armas químicas, a través de la implementación de una zona de exclusión aérea, eventualmente respaldada por el equipamiento y hombres de determinadas brigadas rebeldes.

Nadie mencionó aún la posibilidad de atacar campamentos de brigadas islámicas radicales. Pero surge la pregunta de cómo evitarán los estrategas occidentales que las unidades de combate radicales se beneficien de un debilitamiento de las tropas gubernamentales por una intervención militar extranjera.

"No hay una coordinación con la alianza [opositora] en lo que se refiere a selección de determinados objetivos militares", dijo Jalid Jodshja, un líder de la opositora Coalición Nacional Siria (CNS).

Los diplomáticos y militares, que diseñan estrategias para frenar los ataques con artillería y misiles contra zonas residenciales sin dejar un vacío de poder, como ocurrió en Irak, no tienen una tarea fácil.

Tras el fracaso de varios intentos por alcanzar una solución política, es infinitamente más difícil planear una intervención que no provoque devastación.

Algunos observadores creen que el establecimiento de una zona de exclusión aérea hubiese sido una opción hace un año y medio para poner fin al derramamiento de sangre. Pero ahora no está tan clara su efectividad, ante el surgimiento de decenas de milicias y brigadas rebeldes diferentes.

También Al-Assad conoce estas dudas que tienen los políticos occidentales.

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