Alerta de la ONU sobre la "generación perdida" de Siria: un millón de chicos refugiados

El Acnur detalló las duras condiciones de vida de los menores exiliados, que sufren falta de educación y explotación laboral
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30 de noviembre de 2013  

BEIRUT.- La mayoría sufre ataques de pánico y brotes de ira. Muchos están solos y son vulnerables a todo tipo de abusos, explotación y reclutamiento . Algunos llevan cicatrices en su cuerpo. Y ninguno, de un total de 1,1 millones, tiene más de 18 años.

Desde marzo de 2011, cuando comenzó el levantamiento contra el régimen de Bashar Al-Assad , los escalofriantes números que arroja la guerra civil en Siria desvelan al mundo. Pero la herida que más sangra y la que más indigna es la de los chicos refugiados, a pasos de convertirse en una "generación perdida", según alertó el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

"Si no actuamos de inmediato, una generación de inocentes se convertirá para siempre en víctima de esta espantosa guerra", advirtió ayer Antonio Guterres, a cargo del Acnur, en la presentación de un demoledor informe titulado "El futuro de Siria: chicos refugiados en crisis".

El dossier, de 61 páginas, describe una realidad alarmante, protagonizada por los menores víctimas del conflicto armado en Siria, que ya provocó el éxodo de unos 2,2 millones de personas. De ese total de refugiados, más de la mitad son chicos, y el 75% de ellos tiene menos de 12 años.

El estudio recoge los testimonios de 270 chicos refugiados en Jordania y en el Líbano -donde se concentra el 60% de los menores sirios exiliados- y constata las "cicatrices físicas y emocionales" que sufren.

De acuerdo con el informe, más de 70.000 familias sirias refugiadas perdieron a la figura paterna o cabeza de familia, y más de 3700 chicos viven sin ninguno de sus padres. Algunos de ellos, incluso, cruzaron la frontera sin la compañía de ningún adulto que los supervise.

Las principales razones por las que huyen o están solos son por el fallecimiento de sus progenitores; porque éstos fueron detenidos por fuerzas gubernamentales o rebeldes en la zona de conflicto, o porque sus padres los envían a países vecinos para evitar que sean reclutados por grupos armados.

En muchos casos, además, no solamente están ausentes los padres, sino que muchos chicos no tienen idea de en dónde se encuentran.

"Soledad, inseguridad y aislamiento son los principales traumas que atraviesan estos chicos separados de su familia", explicó en la presentación del estudio, en Ginebra, el director de Protección Internacional del Acnur, Volker Turk.

La ausencia de la figura paterna, además, obliga a trabajar a chicos de incluso siete años "durante largas horas y por poco dinero", y a veces en condiciones peligrosas, para mantener a sus respectivas familias.

"Casi uno de cada dos hogares de refugiados encuestados afirmó depender en parte o en su totalidad de los ingresos generados por un chico", dijo Turk. En el campo de refugiados de Zaatri, en Jordania, por ejemplo, la mayoría de las 680 pequeñas tiendas del lugar emplean a chicos.

Abdallah, de 13 años, contó que se levanta todas las mañanas a las siete para comprar pan seco de otros refugiados que viven en el campo para ayudar a mantener a su familia. Luego vende el pan a un hombre jordano que lo utiliza para alimentar a sus animales.

"Si las personas no trabajan, ¿cómo sobrevivirían?", se preguntó el chico en un video presentado por el Acnur. "Me siento como un hombre porque trabajo. Pongo comida en la mesa de mi familia", agregó.

Sin clases

En cuanto al acceso a la educación, el informe muestra que hay más chicos refugiados sirios fuera de la escuela que dentro. Más de la mitad de aquellos que se encuentran en Jordania no asisten a la escuela, mientras que en el Líbano se estima que sólo recibe clases un 20% de los 270.000 sirios en edad escolar, detalló el Acnur.

"Nuestras vidas fueron destrozadas", cuenta en el informe Nadia, de 14 años, una refugiada recién llegada a Jordania. "No estamos siendo educados, y sin educación no queda nada. Estamos yendo hacia la destrucción", agrega.

El 29% de los chicos entrevistados, en tanto, dijo haber tenido que cambiar de casa -"cuando por casa se entiende un departamento repleto de gente, un refugio provisorio o una tienda- por lo menos una vez por semana.

Además del trauma psicológico que se esconde detrás de este éxodo, que les provoca episodios de ira, ataques de pánico o desconfianza, muchos de estos chicos presentaban heridas de guerra a su llegada a los campos de refugiados.

En el Líbano, en los primeros seis meses del año, 741 chicos refugiados fueron ingresados en hospitales por heridas de guerra, mientras que en el campamento de Zaatri, en Jordania, más de 1000 fueron tratados por estas lesiones en el último año.

Por otro lado, durante las discusiones de grupo, muchos menores expresaron "su deseo de volver a Siria para luchar", detalla el informe.

Otro síntoma preocupante es la gran cantidad de bebes nacidos en el exilio sin actas de nacimiento, un documento esencial para que no sean considerados apátridas. En el Líbano, el 77% de los 781 bebes nacidos en el exilio no cuentan con un certificado de nacimiento oficial, mientras que en Jordania, unos 1400 nacidos entre noviembre de 2012 y julio de 2013 no recibieron este documento.

"El mundo debe actuar para salvar de la catástrofe a una generación de chicos sirios traumatizados, aislados y que sufren", resumió la actriz Angelina Jolie, enviada especial del Acnur, que incluso viajó a la frontera entre Siria y Jordania.

Las cifras que reflejan el drama

  • 1,1 millones

    Son los chicos sirios refugiados, de acuerdo con el Acnur; el 60% de ellos vive en el Líbano y en Jordania
  • 3700 chicos sin padres

    Según el Acnur, unos 3700 chicos sirios viven en los campos de refugiados del Líbano y de Jordania sin ninguno de sus padres, y muchos cruzaron las fronteras solos
  • 70.000 familias refugiadas

    Perdieron la figura paterna, lo que obligó a muchos chicos, incluso menores de 8 años, a salir a trabajar
  • Ataque en Damasco

    Por los menos cuatro personas murieron y 26 resultaron heridas ayer por la caída de un obús frente a la famosa Mezquita de los Omeyas, en Damasco. Decenas de proyectiles lanzados desde las zonas ocupadas por los rebeldes en la periferia de Damasco cayeron en el centro histórico de la capital y sus áreas circundantes durante las dos últimas semanas. En tanto, el ejército del presidente Bashar al-Assad, que continúa con su estrategia de asfixia para expulsar a los rebeldes de la región de Damasco, consiguió penetrar en Nabak, una localidad situada 80 kilómetros al norte de la capital. Anteayer, el gobierno logró controlar la localidad de Deir Atiya.

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