Alertan que EI se rearma en Afganistán y planea nuevos atentados

Una familia que huyó de Nangarhar, región tomada por los fundamentalistas
Una familia que huyó de Nangarhar, región tomada por los fundamentalistas Fuente: AP - Crédito: Rahmat Gul
El grupo fundamentalista se hizo fuerte en zonas montañosas; EE.UU. considera una alianza con los talibanes
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11 de junio de 2019  

JALALABAD, Afganistán (AP).- El grupo fundamentalista Estado Islámico (EI) perdió su califato en Siria e Irak, pero actualmente se está expandiendo por las inhóspitas montañas del nordeste de Afganistán, donde recluta a nuevos combatientes y prepara ataques contra Estados Unidos y otros países occidentales, según fuentes de seguridad estadounidenses y afganas.

Casi dos décadas después de la invasión liderada en Afganistán por Estados Unidos, el grupo fundamentalista se alza como una amenaza incluso mayor que los temibles talibanes, debido a una capacidad militar cada vez más sofisticada y a su estrategia de atacar a civiles, tanto en Afganistán como en el extranjero.

La preocupación es tan grande que muchos empiezan a ver a los talibanes, que también han tenido encontronazos con EI, como un posible aliado para hacerle frente al grupo.

La reciente ola de ataques en Kabul, la capital afgana, es una "práctica" para cometer atentados todavía mayores en Europa y Estados Unidos, según una fuente de inteligencia estadounidense en Afganistán. "Este grupo es la mayor amenaza a corto plazo para nuestros países", dijo la fuente, bajo condición de anonimato para preservar su seguridad. "El primer mandamiento de EI es: 'Cometerás ataques externos' en Estados Unidos y Europa", afirmó.

"Ese es su objetivo. Es solo una cuestión de tiempo", señaló.

Bruce Hoffman, director del Centro para Estudios de Seguridad en la Universidad de Georgetown, ve a Afganistán como una posible nueva base para el grupo armado, después de haber sido expulsado de Irak y Siria. "EI invirtió una cantidad desproporcionada de atención y recursos en Afganistán", dice Hoffman.

EI surgió en Afganistán poco después de que la milicia llegara en 2014 a Siria e Irak, donde estableció un califato tras tomar un tercio de los dos países. La filial afgana se autodenomina Provincia Khorasan, nombre medieval con que se designaba a zonas de Afganistán, Irán y Asia Central.

En un principio eran apenas unas docenas de combatientes, sobre todo talibanes paquistaníes expulsados de sus bases al otro lado de la frontera y talibanes afganos descontentos, atraídos por la ideología más extrema de EI.

Los milicianos del grupo juraron lealtad a Abu Bakr al-Baghdadi, el esquivo líder del grupo, y asumieron su llamada a emprender una guerra santa global contra los no musulmanes. Dentro de Afganistán, EI lanzó grandes ataques contra la minoría chiita.

El grupo sufrió más de un revés al comienzo, cuando sus líderes murieron en ataques aéreos estadounidenses. Pero recibió un gran impulso cuando el Movimiento Islámico de Uzbekistán se unió a sus filas en 2015. Hoy tiene miles de combatientes, muchos de Asia Central, pero también de países árabes, Chechenia, la India y Bangladesh, además de miembros de la etnia uigur de China.

El grupo lleva mucho tiempo en la provincia oriental de Nangarhar, una escarpada región junto a la frontera con Pakistán, aunque tiene una importante presencia en el norte del país y hace poco se expandió a la vecina provincia de Kunar, de donde podría ser aún más difícil expulsarlo. La montañosa provincia sirvió de refugio a Osama ben Laden durante casi un año tras la caída del régimen talibán, y las fuerzas estadounidenses lucharon durante años por capturar y controlar puestos enemigos situados a gran altitud, hasta prácticamente renunciar y ceder la región a los talibanes.

"Las malas noticias son la adquisición de terrenos claves, protegidos por la altura, donde pueden tener acceso fácil a dinero, armas, equipamiento. Desde ahí pueden planificar, entrenar, ensayar, facilitar y acelerar ataques", dijo la fuente de inteligencia estadounidense. "Creo que la expansión de territorio en el este de Afganistán es su objetivo militar número uno" con el objetivo de terminar rodeando Jalalabad, señaló.

Pasaron casi 18 años desde que Estados Unidos invadió Afganistán para derrocar a los talibanes, que habían cobijado a Al-Qaeda cuando Ben Laden y sus lugartenientes planificaban los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ahora, funcionarios militares y de inteligencia estadounidenses ven a los talibanes como posibles aliados.

El enviado de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, celebró varias rondas de conversaciones en los últimos meses con el grupo talibán, en un intento de poner fin a la guerra más larga de Estados Unidos. Ambos bandos parecen acercarse a un acuerdo en el que Estados Unidos retiraría sus fuerzas a cambio de la promesa talibana de impedir que el país se convierta en una plataforma para lanzar ataques globales.

"Una de las esperanzas de un acuerdo negociado es que llevará a los talibanes al gobierno y a la lucha contra EI", indicó la fuente de inteligencia. "Conocen las montañas, conocen el terreno. Es su territorio". Pero un acuerdo negociado también podría provocar un éxodo de los combatientes talibanes más radicales para unirse al grupo EI.

Sin una estrategia antiterrorista agresiva, la filial afgana del grupo EI podría cometer ataques a gran escala en Estados Unidos o Europa el próximo año, según la fuente de inteligencia.

Las brutales tácticas del grupo quedaron patentes en Afganistán los últimos años. Cientos de civiles chiitas murieron en ataques suicidas, y la gente que huyó de zonas capturadas por el grupo describe un reinado de terror no muy distinto del que se vio en Siria e Irak.

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