Suscriptor digital
srcset

Alex Vanegas, el maratonista de 62 años que desafía al régimen de Ortega en Nicaragua

Ramiro Pellet Lastra
(0)
14 de marzo de 2019  • 10:23

La resistencia al régimen de Daniel Ortega en Nicaragua tiene muchas caras. Las hay de todas las edades y estilos de vida. Estudiantes, comerciantes, empleados, jubilados. Incluso obispos y hombres de negocios. Pero la cara barbuda, enérgica y vital de Alex Vanegas, el maratonista de 62 años perseguido hasta el cansancio, se volvió un ícono del movimiento.

Sus coloridas protestas, donde corre con shorts de atleta, dibuja pasos de baile, corea cantos contra el gobierno y esquiva a los policías, desespera a las fuerzas de seguridad y al propio presidente Ortega. No les gusta el show. Para nada. Ya lo detuvieron seis veces, y en cada ocasión recibió tantos golpes y quemaduras que debería escarmentar. Pero no.

Vanegas en el cementerio Milagro de Dios rindiendo tributo a manifestantes muertos en la represión
Vanegas en el cementerio Milagro de Dios rindiendo tributo a manifestantes muertos en la represión Fuente: AP - Crédito: Alfredo Zuniga

"Fue la forma que encontré para manifestar mi descontento por la situación del país. No puedo estar tranquilo porque es demasiada injusticia y demasiada opresión para los nicaragüenses, simplemente por no pensar igual", dijo Vanegas a La Nación. El gobierno le tiene terror porque, aseguró, es "una simple palomita de la paz", lo opuesto exacto del régimen.

"Siempre estoy promoviendo la paz entre nosotros los nicaragüenses. No es posible que nos estemos peleando por una idea, porque tengamos una idea diferente. Eso no es normal. Es normal para él, porque para él lo normal es que le hagan caso", dijo sobre Ortega.

Proclive a la paz, quizás, pero nada indolente. Las protestas despertaron el espíritu indomable que había demostrado en los setenta, cuando, siendo estudiante, integró el movimiento que derrocó a la dictadura de Somoza. Ya desde el vamos, sin embargo, entrevió que los revolucionarios se traían entre manos una dictadura tan despiadada como la anterior.

"Yo era un guerrillero urbano, arriesgué la vida pegando papeletas, haciendo consignas en las paredes, recuperando armas, medicamentos, dinero -señaló-. Pero me aparté porque me horrorizó lo que llamaban 'ajusticiamientos', traducidos en asesinatos de la gente que trabajaba para el gobierno".

Su vida dio un vuelco y se dedicó a sus asuntos. En los ochenta corría maratones como aficionado y se ganaba la vida como DJ a bordo de una "discomóvil" que pasaba música en fiestas de Managua y el interior del país.

Desde las primeras muertes el año pasado, se sintió escandalizado por la represión, por el viaje a épocas que creía superadas. "Les iban a dar disparos en su propia casa, frente a toda su familia -dijo sobre la revolución-. Pecho y cabeza, lo mismo que andan haciendo actualmente. Por eso a mí cuando veo que le están disparando a la gente en el pecho y la cabeza, me hace retroceder en la memoria".

Alex Vanegas saluda al ser liberado de la cárcel de Managua
Alex Vanegas saluda al ser liberado de la cárcel de Managua Fuente: AP - Crédito: Alfredo Zuniga

Decidió tomar cartas en el asunto y mostrarse en las manifestaciones a su manera, con ese estilo festivo que contrasta con la brutalidad de paramilitares y uniformados. "Nuestro único delito es no acatar órdenes. No todos somos robots. Él está acostumbrado a impartir órdenes, no es dialogante, no es pensante, actúa por instinto nada más".

Una de esas órdenes fue prohibir las manifestaciones. Desde fines del año pasado, protestar en la calle dejó de ser un derecho y pasó a ser un delito.

Vanegas nunca llama a Ortega por su nombre. Le dice "él". Quizás sea su manera de desquitarse de lo que sucedió durante sus meses en la sombra. Pasó cuatro meses seguidos en dos cárceles distintas y los carceleros quisieron borrarle el nombre. Lo sacaban de la celda, sin ropa, y le hacían repetir en voz alta un código de identificación: AJ63. No era una persona. Era una combinación de letras y números.

Ya en las mugrientas celdas de las cárceles El Chipote y La Modelo, Vanegas no tuvo manera de eludir los golpes ni de evitar el dolor. Los días más duros de su vida los pasó en esos dos reductos infectos donde, según recordó, hay más suciedad e infecciones que condenados y carceleros. Y eso que el régimen se interesa especialmente en mantener los calabozos nutridos de disidentes.

La última vez lo detuvieron cuando estaba rindiendo tributo a las víctimas de la represión enterrados en el cementerio Milagro de Dios, de Managua. Hasta ese lugar, y en un momento de silencio y devoción, junto a las ofrendas florales y las tumbas de los caídos, fueron los agentes a arrestarlo. Eran órdenes de bien arriba.

Alex Vanegas es una de las seis detenciones a las que fue sometido
Alex Vanegas es una de las seis detenciones a las que fue sometido Fuente: AP - Crédito: Alfredo Zuniga

"Fue encarcelado sin que me encontraran ningún delito. El único delito que brillantemente se les ocurrió fue 'escándalos en la vía pública'", comentó sobre la absurda contravención que ni siquiera quedó por escrito en ninguna comisaría ni despacho judicial.

Tras su última salida de la cárcel, a fines de febrero, fue puesto en prisión domiciliaria. Pero fiel a sí mismo y a su historia personal, Vanegas hizo un giro que volvió a dejar sin habla a sus rencorosos enemigos. Sin autorización de dejar la casa, y mucho menos Nicaragua, se fugó a Costa Rica, en principio para recibir atención médica especializada por las contusiones y las quemaduras salvajes que le dejaron sus captores. El tiempo dirá cuánto tiempo pasa en su nuevo destino, aunque se juró que nadie lo va a callar y su familia afirma que volverá.

Las autoridades quizás lo prefieran fuera del país, aunque no les conviene que cuente a quien quiera escucharlo su larga historia de persecuciones. Adentro o afuera, es un problema. Es demasiado llamativo, demasiado excéntrico, demasiado rebelde.

Vanegas, a su vez, sabe que entre el aire de la calle y la pestilencia de las cárceles que suele frecuentar, el camino es demasiado corto. Está en la mira de los asesinos. Siempre. Acaso su sola presencia, desafiante y festiva, sea una bofetada para la rigidez del orden sandinista.

"Son capaces de mandarme a matar -advirtió-. Si yo aparezco muerto es porque ellos me mandaron a matar. Es su modalidad. Desaparecerlo a uno. Pero aún así yo no me voy a detener en la lucha".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?