Ante el desafío de la unidad de los grupos guerrilleros

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24 de diciembre de 2009  

El presidente colombiano, Alvaro Uribe, que avanza a paso firme hacia su segunda reelección, no se lo esperaba: en vez de lograr exterminar por la vía militar a las FARC este año, como había prometido, la principal guerrilla colombiana se está fortaleciendo.

"Este ha sido un año negro para Uribe en materia militar -dijo a LA NACION el especialista en el conflicto armado colombiano Jorge Enrique Botero- El había anunciado que las FARC serían aniquiladas este año y le han tapado la boca: en estos 12 meses han demostrado una capacidad de recuperación impresionante y siguen en medio de la escena política y militar del país."

Según coinciden varios analistas, las FARC se están beneficiando de la mayor atención que le está prestando el ejército colombiano a la frontera con Venezuela, en un contexto de enorme tensión bilateral. Y han llevado al ejército colombiano a una guerra de desgaste en la cual "no resultar derrotadas es un triunfo", dijo a LA NACION desde Bogotá el analista Jaime Zuluaga Nieto.

Por eso, pese a la política de seguridad democrática de Uribe, que ordenó que el ejército pasara a la ofensiva en el combate a la guerrilla y logró propinarle derrotas en los últimos siete años, "las FARC han atacado a patrullas militares, causado numerosas bajas, y tomado varias poblaciones del sur del país, en un hostigamiento permanente a la fuerza pública", según Botero.

Una de las maneras de ver este fortalecimiento, más allá del asesinato a sangre fría del gobernador de Caquetá Luis Francisco Cuéllar, es la alianza de las FARC con la segunda guerrilla colombiana, los guevaristas del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Así, además de evitar las tradicionales escaramuzas entre ambas fuerzas rebeldes, lograron integrar a 3000 rebeldes a sus 10.000 hombres para las acciones insurgentes.

¿Debilidad o estrategia?

La alianza fue minimizada por el gobierno: el ministro de Defensa colombiano, Gabriel Silva, dijo que se trataba de "un signo de debilidad". "Una posición más seria indicaría que la guerrilla puede estar en un proceso de reorganización y que habrá un recrudecimiento de la guerra", opinó Zuluaga Nieto.

Es que la alianza expresa una mayor beligerancia de los rebeldes para oponerse a la ampliación del acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos. Justamente ese pacto es visto como una "amenaza a la soberanía" y como "el primer paso para una guerra en la región" por el presidente venezolano, Hugo Chávez, un impulsor en América latina del llamado socialismo del siglo XXI, que se encuentra en las antípodas ideológicas de Uribe y a quien Bogotá vincula con las FARC.

Chávez ha llamado a movilizar tropas a la frontera binacional y ha instado a los ciudadanos venezolanos a que se preparen a combatir junto a las fuerzas armadas en caso de un conflicto bélico con Colombia.

Si bien Uribe ha dicho que no habrá gestos agresivos hacia Venezuela, ha admitido que se prepara para responder a posibles hostilidades y ha realizado estudios sobre cómo defenderse de un ataque de Caracas en el caso de que se concrete.

En este contexto, las guerrillas podrían llegar a ayudar a Chávez en el caso de hostilidades. Ayer lo planteó el especialista León Valencia en una columna publicada por el diario El Tiempo. "El argumento [de los guerrilleros para justificar esta decisión] será precisamente que quien ha vendido la soberanía nacional es el presidente Uribe, al permitir las bases norteamericanas en nuestro territorio", escribió Valencia.

Según Zuluaga Nieto, al estimular sentimientos nacionalistas y antinorteamericanos, las guerrillas intentarán recuperar espacios políticos. " De este modo estarían en condiciones de acentuar el conflicto armado y de alejar una salida negociada. Es lo peor que nos puede pasar", dijo.

Y, pese al repudio a escala mundial que le valió en los últimos años la utilización del secuestro como arma de guerra, estarían recuperando algunos espacios a nivel regional. Al respecto, Botero dijo que el Movimiento Continental Bolivariano, una organización que reúne a 30 grupos de izquierda de la región, acaba de nombrar "presidente honorario" a Alfonso Cano, el líder del grupo guerrillero.

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