Araújo, el elegido por Bolsonaro para patear el tablero diplomático

Ramiro Pellet Lastra
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16 de noviembre de 2018  

Al futuro canciller brasileño, que a partir del 1° de enero conducirá la diplomacia del mayor país de la región, no se le puede negar la franqueza. Ernesto Araújo promueve el nacionalismo a ultranza, denuncia abiertamente la globalización como una conspiración de la izquierda y niega sin vueltas el cambio climático. Todo, envuelto en un fervor militante.

Los analistas políticos y periodistas brasileños tuvieron un rápido acceso a sus creencias, ideales y proyectos apenas el presidente electo, Jair Bolsonaro , anunció anteayer su designación como canciller. Les bastó con entrar a su blog "Metapolítica 17: contra el globalismo", que creó en septiembre pasado, cuando se acercaban las elecciones, que finalmente ganó el dirigente de ultraderecha.

Ahí encontraron una fuente inagotable de proclamas sobre su visión del mundo y sus creencias políticas, como su extraña amalgama entre la globalización -que los altermundialistas siempre denunciaron como una extensión del capitalismo puro y duro- y la izquierda marxista.

"Soy Ernesto Araújo -se presenta el diplomático en su blog-. Tengo 28 años de servicio público y también soy escritor. Quiero ayudar a Brasil y al mundo a librarse de la ideología globalista. Globalismo es la globalización económica que pasó a ser comandada por el marxismo cultural".

Araújo, de 51 años, es el actual jefe del Departamento de Estados Unidos, Canadá y Asuntos Interamericanos de la Cancillería. Cumplió tareas en Bruselas, Berlín, Ottawa y Washington, aunque nunca estuvo al frente de una embajada brasileña en el exterior.

Trabajador y competente, respetuoso y de fácil trato, según lo describieron sus colegas diplomáticos al diario Folha de S. Paulo, su función será, en palabras de Bolsonaro, "incrementar los negocios con todo el mundo", pero "sin tendencia ideológica" -en alusión a la ideología de izquierda-. También deberá retomar la iniciativa para que Brasil "vuelva a brillar" en el panorama internacional.

Este declarado admirador de Donald Trump deberá, entre sus primeras misiones, "despolitizar" el Palacio de Itamaraty. Es decir, ajustarlo a la nueva tendencia "no ideológica" de la ultraderecha.

La política exterior brasileña, según advirtieron Bolsonaro y Araújo, se arrastra bajo la penosa influencia de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, con sus mismas tendencias y preferencias, todas perniciosas y contrarias al potencial del país.

Cuando se acercaban las elecciones, Araújo arreció con sus críticas al PT: "No hay nada que el PT odie tanto como la libertad: económica, de pensamiento, de expresión. Es porque el PT, fiel al ?bello ideal socialista', odia al ser humano. Librado a sí mismo, el ser humano crea y produce, ama y construye, trabaja y confía, se realiza y se proyecta hacia adelante".

Decidido a defender las tradiciones nacionalistas forjadas "por la cruz y por la espada", como también escribió en su blog, el futuro canciller tiene en la mira el "dogma" ambientalista, una causa que a su manera de ver fue secuestrada por la izquierda como herramienta para la dominación global.

"Este dogma fue usado para justificar el creciente poder regulatorio de los Estados sobre la economía y el poder de las instituciones internacionales sobre los Estados-nación y sus poblaciones, así como minar el crecimiento económico en los países democráticos y capitalistas y promover el crecimiento de China", dijo.

Nada diplomático a la hora de referirse a sus enemigos ideológicos, el futuro canciller, como destacó Francisco Leali en O Globo, sueña con un Brasil grande y fuerte. Quiere patear el tablero. O, más bien, patear el hormiguero.

"El remedio es volver a querer grandeza. Inflar el pecho y decir: Brasil es grande y fuerte -escribió una vez más Araújo-. Miles de pequeños izquierdistas inmediatamente te atacarán como hormigas cuando patees el hormiguero, pero si resistís y no retrocedés, van a quedarse desorientados y se dispersarán en su insignificancia, dejando el campo abierto para construir un país de verdad".

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