"Assange es un activista contracultural que intentaba manipularnos"

El periodista David Leigh, que se está retirando como editor de investigaciones de The Guardian, relató a LA NACION experiencias que vivió con "el señor Wikileaks"; reflexionó sobre los desafíos de la profesión y de los medios
Hugo Alconada Mon
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22 de noviembre de 2013  • 02:39

RÍO DE JANEIRO.- David Leigh ni espera a sentarse que ya lanza su primer dardo envenenado con destino fijo: su ex colega de correrías devenido en enemigo, el "señor Wikileaks", Julian Assange. "Él es un activista contracultural que intentaba manipularnos". Si así comienza la entrevista, el resto promete jugo.

Leigh es una leyenda del periodismo mundial. Se está retirando como editor de investigaciones del diario The Guardian, pero continuará allí como asesor, además de como profesor universitario en Londres, donde profesa a sus alumnos su optimismo sobre el oficio. Afirma que el periodismo vive una nueva "era dorada". Pero en una época que se encuentra, además, signada por "la colaboración".

Claro, siempre que no se trate de colaborar otra vez con Assange, el ícono que proveyó material sensible del gobierno de Estados Unidos y desató la tormenta " Wikileaks ". Un buen día, el australiano apareció por The Guardian, se reunió con Leigh y el resto es historia (y película: Quinto Poder ).

De paso por esta ciudad brasileña, donde participó en la Conferencia Global de Periodismo de Investigación (GIJC 2013), donde recibió un premio a la trayectoria, Leigh habla sin tapujos de su relación con Assange, que desde el principio resultó tormentosa.

"Julian mostraba un notable desprecio por los medios de comunicación, pero al mismo tiempo ignoraba cómo funciona el periodismo en la práctica. Por eso era capaz de darnos el material para que lo trabajáramos durante meses, lo que nos llevó a invertir una enorme cantidad de dinero para verificarlo, y después descubrimos que había empezado a pasarle ese mismo material a un canal de televisión porque sí. Nos pusimos furiosos", rememora.

-¿Qué lección sacó de todo lo vivido con Wikileaks?

-Que fue una sociedad difícil, en la que hay que tener muy claro si quien entrega el material es una fuente periodística en el sentido tradicional, un activista, un hacker o una mezcla de ambos, un "hacktivista".

-¿Y la relación con Assange?

-Complicada. Comenzó con intentos de manipularnos, dándonos tramos de los cables y prometiéndonos más si nos "portábamos bien". Nosotros no trabajamos así y se lo dejamos claro. Y todo se complicó aún más desde el momento en que nosotros no dejaríamos de abordar las acusaciones por ataques sexuales que afrontaba, como él pretendía.

-Después de todos estos años, entonces, ¿cuál fue su mejor investigación? No me imagino que Wikileaks ocupe el primer puesto [risas]. ¿La de Jonathan Aitken, acaso?

-Sí, la de Aitken fue la mejor. Logramos meter al ministro de Relaciones Exteriores en prisión. Creo que fue la mejor por eso y porque se trató de un momento dramático de mi vida y de mi carrera, porque si hubiéramos perdido el caso, habría sido el final de mi carrera. Así que lo estaba en juego era muy elevado.

-¿Cuántos años llevaba ya en periodismo?

-Eso fue por 1990, así que ya llevaba como 25 años en este oficio.

-¿Siempre quiso dedicarse al periodismo de investigación? ¿O el camino lo llevó para ese lado?

-No, no no. ¡Cuando terminé la universidad quería ser un crítico de cine! (risas). Pero cuando empecé a trabajar en The Guardian me di cuenta muy rápido en los 70 del momento histórico que afrontábamos, cuando no se podía criticar a nadie, por la posición de los periódicos nacionales, por los fallos de los jueces… Así que recuerdo pensar que si publicaba tal o cual cosa tendría problemas con mis editores y los jueces, así que debía buscar formas de publicarlo.

-¿Qué es lo más difícil de investigar? ¿Funcionarios, políticos, banqueros, empresas?

-Las empresas son lo más difícil. Porque como periodistas no tenemos ningún derecho a acceder a la información corporativa, mientras que con los políticos, podrán decirte mentiras, pero al menos reconocen algún tipo de derecho de los ciudadanos de acceder a la información que manejan. Entonces, mientras que las empresas se cierran, siempre hay alguna forma de penetrar dentro del gobierno. Más aún desde que siempre hay funcionarios con ambiciones que pelean entre sí, mientras que en el mundo corporativo hay que encontrar un insider.

-¿Y las presiones corporativas?

-El problema pasa por las restricciones judiciales.

-¿No por el eventual retiro de la publicidad?

-No. Después de todos estos años nunca experimenté problemas de ese tipo con la publicidad, como sé que ocurre en otras partes del mundo. Quizá porque en nuestro país los anunciantes no pueden controlar el periódico de ese modo, en particular en The Guardian, que ha hecho una bandera de evitar ese tipo de riesgos, al punto que hay una suerte de "guerra" entre el lado comercial y la redacción.

-Usted da clases en la Universidad desde hace años, ¿qué consejos le da a los novatos?

-Hay un juego de niños en Inglaterra en el que un niño con los ojos vendados debe atrapar a alguno de los otros niños y, sin poder verlo, decir quién es. Y lo que suelo decirle a mis estudiantes es que como periodistas muchas veces se encontrarán en esa situación…

-Ah, lo suyo es muy reconfortante…

-Sí, lo sé [carcajadas]. Pero la moraleja que quiero dejarles es que deben ser muy cuidadosos, todo el tiempo, para no equivocarse o reducir los daños.

-¿Cuál es el gran desafío por delante para el periodismo de investigación?

-Lidiar con el nuevo entorno. Y, por tanto, encontrar nuevas formas de investigar en la era de Internet sin ir a la quiebra en el intento. Porque las nuevas tecnologías representan enormes desafíos, pero también nos dan oportunidades maravillosas.

-¿Como con Assange?

-Mejor dejémoslo ahí.

http://guia.lanacion.com.ar/cine/pelicula/el-quinto-poder-pe5356

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