Ataques en Arabia Saudita: 30 muertos

Siete de las víctimas de los atentados de anteanoche contra tres barrios residenciales son norteamericanas; EE.UU. acusó a Al-Qaeda
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14 de mayo de 2003  

RIAD.- Arabia Saudita amaneció ayer en medio de una fuerte conmoción tras la sangrienta ola de ataques suicidas lanzada anteanoche contra blancos occidentales, y la cifra de muertos se elevó a por lo menos 30, con cerca de 200 heridos. Por su parte, los gobiernos de Riad y de Washington responsabilizaron a la red terrorista Al-Qaeda.

El número exacto de víctimas generó confusiones a lo largo de toda la jornada. Funcionarios norteamericanos, entre ellos el propio vicepresidente Dick Cheney, hablaron inicialmente de 91 muertos. Sin embargo, luego se habló de por lo menos 30 muertos, entre ellos los nueve atacantes. Siete de las víctimas son norteamericanas.

"Los atentados en Arabia Saudita, el asesinato sin piedad de ciudadanos estadounidenses y de otros países, nos recuerdan que la guerra contra el terrorismo continúa", dijo ayer, sin ocultar su indignación, el presidente norteamericano, George W. Bush.

El presidente añadió: "Estos actos despreciables fueron cometidos por asesinos cuya única fe es el odio. Estados Unidos hallará a los culpables y les enseñará el significado de la justicia estadounidense".

Los atentados con coches bomba, organizados con perfecta sincronización a pocas horas de la llegada al país del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, tuvieron como blanco tres complejos residenciales habitados por occidentales en los barrios cerrados de Garnata, Isbeliya y Vinnel, frente a una compañía de mantenimiento saudita-norteamericana.

Además de los siete norteamericanos, los atentados provocaron la muerte de dos filipinos, un libanés y un suizo y dos niños jordanos, entre otros. Las autoridades sauditas advirtieron anoche que la cifra de muertos podría ser aún más elevada por la magnitud de los daños y anunciaron el hallazgo de lo que serían los cadáveres carbonizados de los atacantes suicidas.

El hijo del vicegobernador de Riad, Abdallah Al Blaihed, murió en uno de los complejos atacados, se informó.

Los atentados, los más graves en Arabia Saudita en más de un lustro y los peores contra blancos norteamericanos desde el 11 de septiembre de 2001, tuvieron el objetivo de dinamitar el proceso de paz en Medio Oriente que Colin Powell trata de impulsar con su gira por la región, según observadores.

"Esto nos obliga a redoblar los esfuerzos para luchar contra el terrorismo y contra Al-Qaeda", afirmó Powell, que llegó ayer a Riad desde Jordania y acusó a la red de Osama ben Laden por los ataques. Visiblemente consternado, ayer visitó la zona de los ataques.

La propia red terrorista se habría adjudicado los atentados por medio de un mensaje enviado al semanario saudita Al-Ablaj. Un presunto vocero de la organización, Abu Mohammed Al-Ablaj, dijo que el grupo planificaba estos ataques desde hacía tiempo y advirtió que continuarán las acciones contra Estados Unidos y sus aliados en la región del Golfo Pérsico.

Si se confirma la conexión con Al-Qaeda, se demostraría que la red terrorista es todavía capaz de efectuar ataques coordinados, aun en uno de los países del mundo más vigilados por la policía.

El 1° del actual el Departamento de Estado había advertido a los estadounidenses sobre "grupos terroristas que podrían estar en la fase final de la planificación de ataques contra intereses de EE.UU. en Arabia Saudita".

Tras indicar que los atentados "llevan la marca de Al-Qaeda", Powell insistió en que no impedirán que el gobierno estadounidense siga adelante con sus planes de paz en la región.

La escena ayer por la mañana en los complejos residenciales ubicados en las periferias de Riad, sobre la ruta que conduce al aeropuerto, era dantesca, con automóviles en llamas y parte de los edificios destruidos. Algunas casas sufrieron la caída de los balcones y otras perdieron los techos por el fuego.

"Es una escena apocalíptica, parece ser la Beirut de la guerra civil", dijo un diplomático en Riad que visitó uno de los complejos.

Presencia norteamericana

La oleada terrorista tiene lugar apenas semanas después de que Washington y Riad anunciaron la retirada de la presencia militar norteamericana de territorio saudita, donde la opinión pública mayoritaria exige un cambio en las relaciones con Estados Unidos.

Pese a los cambios en el ámbito militar, por lo menos 35.000 estadounidenses residen en Arabia Saudita, muchos de ellos ocupados en empresas vinculadas con la industria petrolera, la construcción y las finanzas.

El príncipe Abdullah, heredero de la corona saudita, condenó los ataques y advirtió que a sus autores les espera "el infierno". "Estos asesinos se engañan si piensan que sus crímenes sangrientos sacudirán un pelo de esta nación y su unidad. Si piensan que agitarán la seguridad y estabilidad de nuestro país, están soñando", afirmó en un discurso a la población.

En medio de una fuerte conmoción tras los ataques, diplomáticos extranjeros y sus familias comenzaban a abandonar ayer el país luego de comprobar que los centros de residencia en los que la mayoría de ellos vive no resultan tan seguros como creían.

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