Aún es pronto para santificar al Papa

Clóvis Rossi
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19 de marzo de 2013  

SAN PABLO.- Era comprensible que la masa de fieles reunida en la Plaza San Pedro durante los funerales de Juan Pablo II decretase a los gritos: " Santo subito " (santo de inmediato). A fin y al cabo, su pontificado había durado 28 años, tiempo más que suficiente para exhibir al mundo sus cualidades (y también sus defectos, pero en momentos como ése, nadie piensa en los defectos).

Es una exageración de los medios, sin embargo, incluso de los del Vaticano, transformar los noticieros en torno al Papa en un culto a la personalidad de Jorge Bergolio, como si para ellos reprodujesen el grito de santo subito de hace ocho años. Cada detalle de su biografía y cada coma de sus palabras son presentados "con olor de santidad", la fragancia que emana de los santos según la tradición católica.

Tal vez esa exageración se deba al hecho de que Bergoglio era un virtual desconocido para el mundo, lo que lleva al periodismo a buscar en cada gesto y en cada palabra la imagen de un nuevo pontificado.

Hasta el momento, es un intento inútil, a menos que se considere que la elección del nombre Francisco sea una declaración de intenciones, y que entonces el Papa quiera, como dijo, "una Iglesia pobre y para los pobres". No conozco un solo religioso (o político) que haya defendido una Iglesia (o un partido de gobierno) para los ricos.

Entiendo en todo caso la falta de definiciones sobre la vasta y compleja agenda de la Iglesia, que según el arzobispo emérito de San Pablo, Cláudio Hummes, "necesita una reforma en todas sus estructuras".

El Papa explicó que "la Iglesia, aunque también sea ciertamente una institución humana, histórica, con todo lo que eso implica, no tiene una naturaleza política, sino esencialmente espiritual".

Los comunes mortales aprendemos a lidiar con la política, nos guste o no, pero lo espiritual es para unos pocos elegidos.

El problema es que hay temas esenciales de la agenda de la Iglesia, como el escándalo de pedofilia, que son esencialmente humanos.

El Papa necesitará incluso del olor a santidad para llevar a cabo lo que Hummes definió como "una tarea gigantesca" de renovación en la Iglesia. Necesitará también el coraje que le faltó durante la dictadura militar argentina, como señaló Adolfo Pérez Esquivel.

El pasado, por lo tanto, impide sentir el olor de santidad del nuevo papa, porque incluso los santos se revelan justamente en los momentos difíciles. En el caso de la Argentina durante la dictadura, lo que estaba en juego era condenar la barbarie, y no callarse.

Pero es hora de dar vuelta la página de Bergoglio y abrir la página de Francisco. Lo que comenzará a darle un rostro -santo o no- a su papado será la selección que haga para ocupar los cargos vitales de la curia, en especial el de secretario de Estado -el segundo en importancia del Vaticano-, una elección que entraña todo el programa de gobierno del nuevo papa, y entonces emanará -o no- los primeros "olores de santidad".

Traducciones de Jaime Arrambide

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