Basura, paros y calor hacen que Roma rompa récords como capital del caos

La degradación de los servicios públicos tiene a la capital italiana presa de los desperdicios, malos olores y otros trastornos aun en las zonas más emblemáticas
Elisabetta Piqué
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25 de julio de 2015  

ROMA.- Una paloma muerta sobre el empedrado de una callecita del centro histórico, a metros de la Fontana di Trevi; pilas de bolsas de basura -muchas desgarradas por las gaviotas- a una cuadra de la Basílica de San Pedro; contenedores repletos de desperdicios que despiden un hedor imposible, al lado del Castel Sant'Angelo; dos ratas del tamaño de un gato olfateando, pasada la medianoche, un tacho de basura que rebosa de desperdicios a pocas cuadras del Panteón.

Son postales de la desidia y el caos que reina hoy en la Ciudad Eterna. El termómetro marca 38°C. El transporte público está colapsado por protestas de los conductores que se niegan a marcar tarjeta y explota la ira de los pasajeros ante un enésimo paro; las legiones de turistas que quieren entrar a museos, o monumentos, no pueden: los empleados repentinamente decidieron llamar a una asamblea.

Aunque no es una novedad el caos romano -para algunos es parte de su encanto, más allá de su belleza-, en este verano de 2015 la capital italiana parecería haber superado todos los límites. Y no es sólo por el gigantesco escándalo de corrupción -no por nada llamado "mafia capitale"-, que estalló cuando, hace unos meses, la fiscalía destapó infiltraciones mafiosas en los máximos vértices político-administrativos de la ciudad.

A ningún romano le sorprendió que anteayer, en otro día de calvario para usuarios de un transporte público que no funciona, The New York Times pusiera en primera página una foto que inmortalizó un rincón del barrio de Trastevere, uno de los más turísticos, ahora estigmatizado por una pila de bolsas de basura, y una nota que describió ese abandono y "degradación" que reinan en los lugares más emblemáticos de la Ciudad Eterna.

Esas imágenes de suciedad inaudita -que antes podía llegar a verse en la periferia, pero jamás en el corazón de la ciudad-, sumadas a los escándalos de corrupción, la mafia, la ausencia de servicios eficientes, hacen que muchos se pregunten si no ha llegado, otra vez, "la decadencia de Roma".

Más allá de herir el orgullo italiano, la nota del The New York Times dio pie a una suerte de rebelión "virtual" de los ya indignados residentes romanos.

Los sitios online de diarios como La Repubblica, de Roma, aunque también el del Corriere della Sera, invitaban ayer a los lectores a enviar sus fotos y videos para denunciar "el abandono y la inmundicia" de sus barrios. En pocas horas había una avalancha de imágenes de espantosa, pero ya casi "normal", suciedad.

Y en los comentarios, muchos llenos de furia, podía leerse de todo. Acusaciones al gobierno de Matteo Renzi; al alcalde de Roma, Ignazio Marino; al pésimo servicio de limpieza de la ciudad; a la mala educación de los turistas y a la falta de civilización de los mismos romanos, que en vez de postear fotos de la suciedad deberían ponerse a limpiar. El denominador común era la indignación y el dolor por esa dramática caída en el abandono más total de Roma, una de las ciudades más lindas del mundo.

"Visité Roma con mi familia hace 15 años; me había parecido (al margen del tráfico) bastante vivible y nunca hubiera imaginado que durante este último período pudiera alcanzar semejante degradación", dijo una lectora.

Otro usuario, evidentemente romano, resumió el sentimiento generalizado de los locales: "Todos los días veo siempre el asco en las calles. Cuando me cruzo con los turistas me da vergüenza. Si me preguntaran por qué está todo tan sucio, no sabría qué responder".

Muchos creen que la cabeza de Marino, alcalde de Roma de centroizquierda desde el 12 de junio de 2013, podría rodar, visto el colapso de la ciudad. Y, más aún, teniendo en cuenta que a fin de año comenzará el Jubileo Extraordinario de la Misericordia convocado por el papa Francisco, que atraerá aún a más gente.

De 60 años, Marino, una figura honesta, es médico cirujano. No por nada, al defenderse de las acusaciones por lo mal que va todo en la ciudad, asegura haber extirpado el mecanismo de ilegalidad que reinaba en su administración.

Y dice que necesitará tiempo "para curar al enfermo" en que se ha convertido Roma.

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