Benedicto, ahora "un peregrino más"

En su último día, se despidió de los cardenales en el Vaticano y se retiró a Castel Gandolfo
Elisabetta Piqué
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1 de marzo de 2013  

ROMA.– El ruido del helicóptero, el tañido de las campanas de las iglesias, los rostros de gente desconcertada y llorosa. Y un hombre frágil pero sereno que anuncia que ya no es más pontífice , sino "un peregrino más, que empieza su última parte de peregrinaje en esta tierra". Un hombre anciano, ahora papa emérito, que con la humildad de siempre promete "su incondicional reverencia y obediencia al próximo pontífice ".

Todo esto fue ayer parte de la escenografía del final de papado de Benedicto XVI. Su renuncia, anunciada hace poco más de dos semanas, fue el acto revolucionario de alguien tildado de conservador, que ahora no sólo obliga a convocar al cónclave, sino que además marca el futuro de la Iglesia. Sus últimas horas como Papa, en las que se despidió de los cardenales y saludó a los fieles, fueron seguidas minuto a minuto por las cámaras.

Rodeado de los mármoles y frescos de la Sala Clementina del Vaticano, el Papa se reunió con los cardenales a las 11 de la mañana. Allí dominaba el color púrpura de los hábitos de los 144 cardenales llegados de todo el mundo para darle su último adiós y para elegir, en un cónclave que probablemente empezará entre el 9 y el 11 próximos, a su sucesor.

En esa audiencia en la que seguramente se encontraba el próximo papa, volvió a recordar su testamento espiritual. "En estos ocho años, hemos vivido con fe momentos lindísimos de luz radiante en el camino de la Iglesia, junto a momentos en los que alguna nube densa apareció en el cielo", dijo al aludir a las crisis que marcaron su pontificado.

Sin referirse directamente a las intrigas, divisiones y luchas de poder de la Curia, salidas a la luz el año pasado y que él mismo denunció tras su dimisión al hablar del "rostro desfigurado de la Iglesia", hizo un fuerte llamado a la unidad. Pidió que el Colegio Cardenalicio funcione como una orquesta, "donde la diversidad, expresión de la Iglesia universal, vaya siempre junto a la armonía".

"Quisiera dejarles un pensamiento simple sobre la Iglesia, su misterio, que constituye para todos nosotros la razón y la pasión de la vida", siguió, citando al escritor católico Romano Guardini. Éste habló de una Iglesia que "no es una institución pensada y construida en teoría, sino una realidad viviente, que se transforma, pero que en su naturaleza sigue siendo la misma y su corazón es Cristo".

Finalmente, Benedicto XVI aseguró que continuará estando cerca de sus máximos colaboradores a través de la oración, especialmente en vista del cónclave, "para que sean plenamente dóciles a la acción del Espíritu Santo en la elección del nuevo papa. "Que el Señor les muestre lo que Él quiere. Entre ustedes también está el futuro papa, al que ya hoy le prometo mi incondicional reverencia y obediencia", concluyó.

Cansado, frágil, pero sereno, Benedicto XVI saludó, uno por uno, a los cardenales presentes. Entre ellos estaban los argentinos Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, y Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales -considerados papables-. También estaban Jorge Mejía y Estanislao Karlic, ambos mayores de 80 años, por lo que no participarán del cónclave.

Una imagen de ayer que quedará en la historia: Benedicto XVI sobrevuela San Pedro por última vez como Papa
Una imagen de ayer que quedará en la historia: Benedicto XVI sobrevuela San Pedro por última vez como Papa Fuente: Reuters

Minutos antes de las 17, las cámaras del Vaticano volvieron a mostrar otra imagen sin precedente: el Papa vestido de blanco, aún con su anillo de pescador y su bastón, dejando para siempre su departamento del Palacio Apostólico.

Afuera, en el Patio de San Dámaso, lo esperaban en fila, con rostros desencajados y llorosos, los guardias, las monjas, los obispos y funcionarios que allí trabajan. Estalló un largo aplauso cargado de tensión cuando llegó al patio renacentista y saludó a quienes se arrodillaron por última vez, besándole la mano. También fue visto con lágrimas su secretario, Georg Ganswein, que lo acompañará en su retiro del mundo.

Vuelo al atardecer

Mientras las campanas de San Pedro comenzaban a sonar y con el ruido del helicóptero blanco de fondo, el Papa fue escoltado en autos negros hasta el helipuerto, atravesando los jardines vaticanos. Las cámaras mostraban a fieles en la Plaza San Pedro y en edificios cercanos con pancartas que decían "Grazie, Gracias, Danke, Thank you".

El final fue rápido. A las 17.07 el helicóptero levantó vuelo. El "Papacóptero", como fue bautizado, sobrevoló el Tíber, el Foro Romano, el Coliseo, mientras atardecía y las demás iglesias de Roma tocaban sus campanas para saludar.

Veinte minutos más tarde, el helicóptero aterrizó en los jardines de la residencia de Castel Gandolfo. Sereno, el Papa saludó a las autoridades locales y se desplazó hacia el palacio donde solía pasar los veranos, estudiar y tocar el piano. Allí lo esperaba otra multitud.

Después, sonriente, apareció por última vez como Papa. "¡Viva el Papa! ¡Grazie! ¡Be-ne-detto!", gritaba la multitud emocionada, que impedía que él empezara su último discurso como jefe de la Iglesia. "Gracias de corazón. Como saben, en este día, no soy más pontífice", dijo. "No seré más pontífice a las ocho de la noche -precisó-. Soy simplemente un peregrino que empieza su última parte de un peregrinaje en esta tierra."

"Quisiera con toda mi fuerza interior, con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, trabajar por el bien común de la Iglesia y de la humanidad", agregó.

Ovacionado, después de dar su última bendición, volvió a decir: "Gracias, buenas noches, gracias". Se dio vuelta y detrás se cerraron las puertas del balcón del Palacio Apostólico. Faltaban dos horas y 20 para el fin de su papado. Llegado ese momento, con gran simbolismo, los guardias suizos, con sus trajes a rayas y sus alabardas, cerraron los portones de Castel Gandolfo y volvieron al Vaticano. Ya no había papa que proteger: dejaban la seguridad a los gendarmes. Empezó así un nuevo capítulo para la Iglesia Católica.

Del editor: qué significa.

El "Papa frío" se transformó, en estas semanas, en un pontífice capaz de conmover al mundo con un gesto de grandeza: ésa es la lección que le deja a su sucesor.

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