Bolivia corre el riesgo de tener su Chiapas

El líder de los cocaleros, Evo Morales, advirtió que los campesinos podrían rebelarse contra el gobierno.
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31 de octubre de 2000  

SANTA CRUZ DE LA SIERRA, Bolivia.- "Es una pelea despareja, ¿no le parece? Nosotros, los campesinos del Chapare, contra los ejércitos de Bolivia y de los Estados Unidos, juntos."

El hombre alcanza su tarjeta a través de la mesa del bar del hotel Cortez. La tarjeta dice: "Evo Morales Ayma. Diputado nacional. Presidente de las 6 Federaciones del Trópico de Cochabamba". En el margen superior, la tarjeta tiene tres iconos. A la izquierda la Wipala, la bandera de los quechuas; a la derecha, el escudo de Bolivia, y al centro una hoja verde y ovalada, y la leyenda: "Coca no es cocaína".

En los últimos días, a Evo Morales, el líder de los cocaleros del Chapare, le han tirado encima el Código Penal: el gobierno ha pedido su desafuero y lo ha acusado de instigación a la violencia, cómplice de secuestro y de asesinato, corte e interrupción de vías públicas y apología del delito.

El sonríe con resignación, y dice: "La verdad es que me siento rebasado por las bases. En el Chapare la gente ha empezado a cambiar las piedras por los Máuser, y si el gobierno no garantiza la dignidad, la salud, el trabajo, esto puede terminar en una insurrección armada".

A los 41 años, Morales es todavía una cara nueva en la tradicional y rígida política boliviana. Aunque fue electo diputado por Izquierda Unida en 1997, hoy se ha pasado al Movimiento al Socialismo y se define a sí mismo como "un hombre del movimiento popular".

-Los cocaleros que usted representa, ¿tienen conciencia de que con la coca que venden se fabrica cocaína, y que por esa cocaína todos los días muere gente en todo el mundo?

-Sí. Por eso estamos en favor de la erradicación del excedente de coca. Aquí, en Bolivia, se necesitan cinco o seis mil hectáreas para abastecer el consumo legal. Lo que hay que tener en cuenta es que la coca es la columna vertebral de la cultura quechua-aymará. Por eso no se puede llegar al nivel de coca cero que pretende el gobierno.

-¿Cuántas hectáreas hay actualmente en el Chapare?

-Entre ocho y nueve mil.

-Pero el ejército dice que sólo quedan unas 1300.

-Bueno, lo que pasa es que con la erradicación, los campesinos han cambiado las técnicas, y ahora las plantaciones están disimuladas.

-¿Cómo se disimulan las plantaciones?

-Hay distintas maneras... Una, por ejemplo, es sembrar en medio de cítricos. Los cítricos son más altos, tapan la coca que crece por debajo y así no la detectan ni los aviones que fotografían los campos ni los satélites americanos.

-¿Cuántas familias han sido afectadas por la erradicación?

-Unas cuarenta mil, pero no son los únicos. La erradicación de la coca ha afectado a todo el país, porque el modelo económico boliviano sobrevivía gracias a la economía informal: el narcotráfico y el contrabando. Según cifras que maneja el propio gobierno, harán falta 3500 millones de dólares por año para sustituir los ingresos por la coca.

-¿Usted cree que el Chapare va camino a ser otro Chiapas?

-El Chapare es la síntesis de la pobreza de Bolivia, y los campesinos tenemos derecho a la rebelión. En ese sentido, si el Estado no da soluciones, sí, esto puede terminar en una insurrección.

-Pero para eso hace falta plata, financiamiento. ¿Ya tienen?

-No, pero los grupos levantados contra la injusticia se pueden autofinanciar. Pueden aprender a secuestrar, por ejemplo, para pedir dinero. Si se llegara a ese punto, sería fatal.

-Morales, ¿hay extranjeros en el Chapare? ¿Hay colombianos, peruanos, argentinos?

-No, pero hay chapareños en la Argentina, gente que se ha ido porque el ejército la dejó sin nada.

-¿Y narcotraficantes, hay?

-Si en el Palacio de Gobierno los hay, ¿por qué no va a haber en el Chapare? Tampoco podemos santificar.

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