Brasil, el gigante silencioso que perdió protagonismo

Alberto Armendáriz
Los problemas políticos relegaron su ambición de los tiempos de Lula
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30 de noviembre de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- El gigante sudamericano está silencioso. En contraste con anteriores cumbres del G-20 , en las cuales desplegó un claro protagonismo como potencia emergente, Brasil llega a la reunión de Buenos Aires -en su natural área de influencia- con un perfil muy bajo, forzado por la degradación de su estatus internacional en los últimos tiempos, la transición entre Michel Temer y Jair Bolsonaro , y los conflictos de envergadura entre los países más poderosos del grupo, como Estados Unidos, Rusia y China.

"La disminución del peso de Brasil en el escenario internacional es comprensible. El país no puede pretender tener una política exterior activa y de relieve tras sufrir la peor crisis económica de su historia, que nos hizo perder casi un 8% del PBI; luego de las fuertes turbulencias políticas, que dejaron a la sociedad muy dividida, y cuando está a punto de enfrentar un cambio drástico en su gobierno", indicó a LA NACION José Botafogo, vicepresidente emérito del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri) y exembajador brasileño en la Argentina (2002-2004).

La devaluación del peso internacional brasileño ha sido gradual. En la primera Cumbre del G-20, en Washington, en 2008, el entonces presidente Luiz Inacio Lula da Silva -hoy encarcelado por corrupción- demostró un gran liderazgo al proponer una agenda paralela de reformas en los organismos financieros internacionales para reestructurar la economía global en crisis. Luego, con Dilma Rousseff -destituida en 2016 por un impeachment-, Brasil consiguió coordinar posturas conjuntas con los otros países emergentes que conforman el grupo de los Brics (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica), aunque poco a poco fue quedando relegado por sus graves problemas domésticos. En las últimas reuniones del G-20, en Hangzhou (2016) y Hamburgo (2017), las intervenciones de Temer no tuvieron mucha trascendencia.

"Si bien Temer tenía algunos logros internos para mostrar, como el fin de la recesión y el control de la inflación, la campaña internacional que llevó adelante el Partido de los Trabajadores en su contra por ser un 'golpista' contra Dilma le restó legitimidad y relevancia. Y ahora, con Bolsonaro como próximo presidente, a nivel mundial, Brasil despierta más inquietudes que confianza por sus cuestionadas posturas sociales -comentarios de tono machista, homófobo y racista- y las desafortunadas declaraciones que hicieron él y sus colaboradores tras la victoria electoral, que lograron ofender desde a nuestros amigos del Mercosur hasta China, nuestro principal socio comercial, y la tranquila Noruega", comentó Alberto Pfeifer, de la Universidad de San Pablo y coordinador allí del Grupo de Análisis de Coyuntura Internacional.

Temer llegó a invitar a Bolsonaro a ir con él a Buenos Aires para el encuentro del G-20, así lo presentaba en sociedad y conseguía reducir un poco las preocupaciones que su sucesor ha generado. Pero el presidente electo prefirió quedarse en casa, evitar riesgos y continuar con el diseño de su futuro gobierno, que asumirá el 1º de enero.

Para la comitiva de ministros y diplomáticos que acompañan a Temer, aunque la situación internacional presenta algunos serios problemas, el mundo no se encuentra en un momento de crisis como en 2008, y confía en que la cumbre de Buenos Aires será positiva.

"Estamos muy animados con las negociaciones aquí, pero persisten diferencias en dos temas que son prioridad para Brasil: el comercio internacional y el cambio climático", explicó a este diario el diplomático brasileño Ronaldo Costa, subsecretario general de Asuntos Financieros del Palacio de Itamaraty.

Viaje a la Argentina

El presidente electo de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, afirmó ayer que una vez que asuma el poder, el 1º de enero, en su primer viaje al exterior pretende realizar una breve gira por la Argentina, Chile y Paraguay, sin brindar detalles de la agenda.

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