Brexit: cuatro claves de la principal traba que hace casi imposible el Brexit

Manifestantes a favor del Brexit en Londres
Manifestantes a favor del Brexit en Londres Fuente: AFP - Crédito: Isabel Infantes
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5 de septiembre de 2019  • 14:44

Luego de que la Cámara de los Lores frustrara ayer los planes del premier británico, Boris Johnson , de concretar el Brexit antes del 31 de octubre "cueste lo que cueste", la tensión y la incertidumbre vuelven a teñir la política en Gran Bretaña, que tropieza una y otra vez con la misma piedra.

Sea Theresa May o Boris Johnson quien lidere el país, las negociaciones entre los distintos bandos parecen encallarse siempre en un mismo punto: la salvaguarda irlandesa ( backstop).

La salvaguarda irlandesa fue pensada para evitar la reinstauración de una frontera física entre Irlanda, una república independiente, e Irlanda del Norte, un territorio que junto a Escocia, Gales e Inglaterra, conforma Gran Bretaña.

La disposición figura en el acuerdo de divorcio alcanzado el pasado noviembre entre Bruselas y la ex primera ministra Theresa May, pero Johnson ahora rechaza incluirla.

¿Qué es la salvaguarda irlandesa?

Es una garantía legal, una cláusula que negociaron Londres y Bruselas para evitar una frontera "dura" entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, que entraría en vigor en diciembre de 2020 en caso de que Gran Bretaña y la Unión Europea (UE) no llegaran a un acuerdo comercial durante el período de transición del Brexit.

Básicamente, implicaría, como último recurso y en condiciones específicas, mantener temporalmente a Irlanda del Norte dentro de la unión aduanera y del mercado único mientras el resto de Gran Bretaña los abandonaría.

¿Por qué se evita una frontera "dura"?

Irlanda del Norte sufrió un sangriento conflicto entre 1968 y 1998, que enfrentó a los llamados unionistas -de religión protestante, mayoritaria en la región-, partidarios de preservar los lazos con Gran Bretaña, y los republicanos, en su mayoría católicos, demográficamente minoritarios y partidarios de la independencia o de la integración de la provincia a la República de Irlanda.

El acuerdo de paz de Viernes Santo, firmado en Belfast en 1998, puso fin a la violencia, pero contempla como condición la ausencia de fronteras físicas en la isla.

Desde entonces, los ciudadanos pueden cruzar de un lado a otro sin pasar por ningún control.

También, la venta de bienes y servicios se realiza con pocas restricciones, dado que ambos pertenecen al mercado común europeo y a la unión aduanera.

Este ha sido otro de los puntos de controversia: muchos expertos han alertado que restricciones fronterizas ralentizarían el intercambio comercial entre las partes y traería perjuicios para los productores.

Para los defensores del Brexit, por su parte, se debe garantizar una forma en la que la producción de la UE no siga invadiendo el mercado británico.

¿Cuál fue el origen de la salvaguarda?

Con el Brexit, el límite entre las dos Irlandas pasaría a ser frontera exterior de la UE. La propuesta nace entonces como una iniciativa para evitar, precisamente, la división de la isla con controles o infraestructuras físicas.

May acabó proponiendo en junio de 2018 una alternativa: mantener toda Gran Bretaña en la unión aduanera de manera temporal, pero sin hacer mención al mercado único.

La iniciativa fue rechazada por los líderes europeos y llevó al fracaso la cumbre de la UE del pasado septiembre en Salzburgo.

Finalmente, a finales de 2018 la primera ministra anunció que su gabinete había respaldado un borrador de acuerdo con la UE que fue aprobado el 25 de noviembre en Bruselas y que reincorporaba la polémica figura del backstop.

Pero este punto generó gran polémica, y contribuyó en gran parte a que los diputados británicos rechazaran tres veces el tratado y, en última instancia, a la dimisión de May, que cedió el cargo el 24 de julio a Boris Johnson.

¿Qué quiere Johnson?

Johnson quiere renegociar con Bruselas el Tratado de Retirada que su predecesora firmó con la UE y que fue rechazado tres veces por el Parlamento británico. Su principal exigencia a la alianza comunitaria es la abolición de la salvaguarda irlandesa, que quiere reemplazar por "arreglos alternativos", algo que Bruselas rechaza.

El premier británico y sus seguidores rechazan que Irlanda del Norte mantenga un régimen diferente al del resto de Gran Bretaña, como plantea el backstop.

Temen que el backstop cree nuevas barreras reglamentarias entre Irlanda del Norte y el resto de Gran Bretaña que podrían continuar de manera indefinida, ya que tras su entrada en vigor, Gran Bretaña no podrá abandonarlo sin la aprobación de la UE.

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