Bush libra ahora la batalla por la economía

Tras anunciar el fin de la operación militar en Irak, busca aprovechar su popularidad para asegurarse la reelección en 2004 El mandatario insistió ayer en su recorte impositivo Tras la Guerra del Golfo de 1991 su padre perdió las elecciones ante Clinton por los problemas económicos
Jorge Rosales
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3 de mayo de 2003  

WASHINGTON.- El rotundo éxito militar de Estados Unidos en Irak, que George W. Bush proclamó anteanoche, debería hacerle mucho más fácil el camino al presidente para buscar la reelección dentro de 18 meses. Sin embargo, el rápido desenlace de la guerra vuelca la mirada de los norteamericanos hacia la economía, la cuestión de mayor desvelo de los estrategos políticos de la Casa Blanca, que no dejan de recordar que al padre de Bush no le fue suficiente haber ganado la Guerra del Golfo en 1991 para retener el poder.

Bush pretende trasladar el enorme respaldo popular que le ha dado el éxito militar, donde se ha movido como un líder prácticamente sin oposición interna, a la agenda doméstica, donde están los problemas que pueden complicarle la reelección.

En una fábrica militar en Santa Clara, California, Bush hizo campaña por el paquete de recortes impositivos por 550 mil millones de dólares en 10 años, una de las consignas que lo depositaron en la Casa Blanca en 2001. Allí sostuvo que la recesión y los gastos de la guerra son los responsables del aumento del déficit, no la aplicación de políticas erradas en la economía.

El jefe de la Casa Blanca aprovechó el escenario de un Silicon Valley diezmado por la recesión para exigir al Congreso que sancione el recorte de impuestos. "El 6 por ciento de desempleo les debería decir fuerte y claro a ambos partidos del Congreso que necesitamos un robusto alivio impositivo para que nuestros ciudadanos puedan encontrar trabajo", sostuvo Bush.

Todavía hay que recorrer un largo camino de 18 meses para que llegue la elección presidencial, cuya campaña los republicanos pretenden que gire sobre las cuestiones de seguridad, el punto donde sacan las mayores ventajas sobre los demócratas.

El presidente Bush declaró que la batalla en Irak era una victoria en la guerra que comenzó el 11 de septiembre de 2001 y que todavía continúa.

Pero los norteamericanos, que apoyan con más del 70% la política de Bush sobre seguridad interior e Irak, clavan la mirada en la economía. Los republicanos tienen su esperanza en el programa de recorte de impuestos como incentivo para recuperar el crecimiento de los años 90, para el que Bush lanzó una campaña en todo el país.

Un factor clave: el desempleo

El interrogante que se abre ahora es si Bush y la Casa Blanca serán capaces de mantener los niveles de aceptación popular mientras las cuestiones que preocupan a los ciudadanos norteamericanos siguen sin resolverse, o en algunos casos agravándose, como es el desempleo. En los últimos tres meses la economía perdió más de 500.000 puestos de trabajo y la tasa de desempleo saltó al 6% -el índice más alto desde julio de 1994-, lo que significa que hay 8.800.000 trabajadores parados.

La imagen de Bush hablando al país desde el portaaviones Abraham Lincoln, con cerca de 5000 marinos y pilotos vivándolo, es la que los estrategos de la Casa Blanca desearían congelar para la campaña presidencial. Es la imagen de un presidente triunfante, emocionado casi hasta las lágrimas, diseñada con el concepto de campaña. Pero las elecciones todavía están lejos.

Según una encuesta de The Washington Post y la cadena ABC, Bush emergió del conflicto contra Irak como un líder para tiempos de guerra. A seis semanas del comienzo de la guerra, donde alcanzó un pico de apoyo del 77%, conserva un nivel de respaldo del 71%, uno de los más altos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El 79% de los norteamericanos aprueba la campaña contra el terrorismo; el 52% considera que el país va en la dirección correcta, pero el 46% cree que no está siendo bien conducido. Sólo el 35% considera que el estado de la economía es buena o excelente, mientras el 64% entiende lo contrario.

Estados Unidos ha experimentado un considerable aumento del déficit del sector público desde que Bush tomó posesión del cargo, en enero de 2001, mientras que la economía no termina de repuntar, afectada primero por los atentados terroristas y luego por los escándalos de fraudes financieros.

El 48 por ciento considera que la economía no está tan bien como cuando Bush llegó a la Casa Blanca.

Cuando se les pide a los norteamericanos que respondan sobre el nivel de confianza que transmite el presidente después de la guerra, y se compara con los resultados obtenidos por su padre, George Bush, los resultados deben preocupar a los ocupantes de la Casa Blanca. El 43% considera que después de la guerra tiene más confianza en Bush para manejar grandes problemas. En 1991, el 70% consideró que después de la Guerra del Golfo Bush padre les generaba más confianza.

Otra de las respuestas para tener en cuenta es la referida a la reelección. Un 37% de la población dice que ahora está más de acuerdo en respaldar a Bush a una reelección. Cuando en 1991 se le hizo a la población la misma pregunta el 55% respondió que tras la Guerra del Golfo estaba más de acuerdo en dar la reelección a Bush padre. Pero dos años después, cuando enfrentó a Bill Clinton, el aura del presidente triunfante de la guerra se desvaneció ante el reclamo de los norteamericanos por un mejoramiento en la economía.

Los estrategos de la Casa Blanca quieren destruir a ese fantasma en noviembre del año próximo.

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