Bush: "Nuestra guerra apenas comienza"

Hizo una especial mención a "Estados peligrosos", como Irán, Irak y Corea del Norte; prometió derrotar la recesión y el desempleo
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30 de enero de 2002  

NUEVA YORK.- En un enérgico discurso que buscó capitalizar las victorias en el terreno militar para fortalecer sus políticas domésticas, el presidente George W. Bush advirtió anoche frente al Congreso que "la guerra contra el terrorismo apenas comienza", dijo que hay miles de terroristas listos para atacar a Estados Unidos en cualquier lugar, y se comprometió a combatir la recesión con igual fervor.

En su primer discurso sobre el estado de la Unión, Bush destacó que continuará dando protección a los intereses norteamericanos en el mundo y, tras señalar a países como Irán, Irak y Corea del Norte como "Estados peligrosos", dijo que Washington "no permitirá que los regímenes más peligrosos del mundo nos amenacen con las armas más peligrosas del mundo".

Bush, que recibió una calurosa bienvenida y fue interrumpido en varias ocasiones por el aplauso de los legisladores, evitó referirse directamente a la escandalosa bancarrota de Enron, la gigantesca corporación de energía muy ligada a la administración republicana. Indirectamente sí mencionó la necesidad de establecer reglas claras de auditoría para las empresas y buscó tomar distancia con una fuerte crítica a la irresponsabilidad de algunas grandes corporaciones.

Se trató de un discurso histórico, aguardado con suma expectativa y que varios analistas no dudaron en comparar con el que pronunció el presidente Franklin Delano Roosevelt en 1941, luego de que Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial.

La "guerra contra el terrorismo" -según la frase que repite hasta el cansancio la Casa Blanca- transformó la administración de Bush, un mandatario que comenzó su gobierno en baja, con una legitimidad dudosa por la cuestionada elección que le dio el poder. Bush, quien sin embargo goza actualmente de un índice de popularidad sin precedente (más del 80 por ciento), buscó a través de su primer mensaje sobre el estado de la Unión vincular su campaña bélica en Afganistán contra el terrorismo con objetivos domésticos bien concretos, como la creación de puestos de trabajo, mejoras en la educación y la reforma del sistema de salud, entre otros.

Bush justificó igualmente la duplicación a 38.000 millones de dólares del presupuesto de seguridad interior, centrado sobre cuatro sectores clave: bioterrorismo, servicios de urgencia, seguridad aérea y mejoramiento de servicios de información.

Primero enfatizó en la necesidad de reforzar la seguridad nacional haciendo referencia a los ataques suicidas contra el World Trade Center y el Pentágono, que dejaron más de 3000 muertos, y destacó el heroísmo de bomberos, policías y médicos en esa trágica jornada. Evocó los logros en Afganistán, pero enfatizó que la guerra contra el terrorismo está lejos de acabar.

Es necesario -dijo- no escatimar recursos para terminar con el terrorismo. Según la Casa Blanca, unos 100.000 miembros de la red terrorista Al Qaeda, de Osama ben Laden -entrenados en Afganistán- están repartidos por el mundo para golpear en cualquier momento los intereses norteamericanos. Y propuso que el presupuesto destinado a la seguridad (incluidos militares, agencias de inteligencia, fronteras y policía) sea duplicado a 38.000 millones de dólares.

El jefe del Estado norteamericano dijo que su gestión pondrá prioridad ahora en salir del estado actual de recesión y vencer lo más rápido posible el desempleo. "Cuando Estados Unidos trabaja, Estados Unidos prospera, y mi plan económico se resume a una sola palabra: empleo", enfatizó.

No dio detalles, sin embargo, de cómo reconciliará el aumento del gasto con un presupuesto en franca reducción, muy lejos del superávit con el que Bill Clinton dejó el poder.

La primera dama, Laura Bush, estuvo acompañada por varios invitados en su palco especial, entre ellos el presidente del poderoso sindicato de los Teamsters, James P. Hoffa, y el presidente interino de Afganistán, Hamid Karzai, quien llegó a Washington para reclamar mayor asistencia para su devastado país.

Además, Bush invitó a Shannon Spann, viuda del agente Johnny "Mike" Spann, el agente de la CIA que murió en Afganistán, así como las azafatas Christina Jones y Hermis Moutardier, quienes ayudaron a detener a un musulmán que buscaba activar una bomba oculta en sus zapatos.

Pasó finalmente al candente tema de la seguridad económica, el tema que, según las encuestas, más preocupa a los estadounidenses en estos tiempos tras la pérdida de 800.000 puestos de trabajo en los últimos meses.

Una y otra vez, Bush señaló que su objetivo es crear empleos y, para ello, pidió ayuda al Congreso.

La Cámara de Representantes aprobó ya un paquete de estímulo económico, pero todavía falta que lo haga el Senado, donde los demócratas tienen mayoría por un voto.

Con convicción y firmeza, Bush detalló así sus prioridades para este año electoral, en el que el Partido Republicano enfrenta comicios legislativos muy disputados para mantener su frágil mayoría en la Cámara de Representantes y en los que ansía ganar dos bancas en la Cámara alta para controlar también el Senado. Por su parte, se espera que los demócratas centren su campaña en la falta de resultados de la administración republicana a la hora de reactivar la economía nacional, seriamente dañada tras los atentados.

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