Cada vez hay más ciudades blindadas

El miedo acecha en varias capitales
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26 de abril de 2004  

WASHINGTON.- Un misil antiaéreo, listo para ser disparado, está instalado en el techo de un edificio público cerca de la Casa Blanca. Diseminados por toda la ciudad hay dispositivos que permiten detectar en el aire sustancias químicas y biológicas tóxicas. Las estaciones de subterráneos están equipadas con sistemas capaces de limitar los estragos de una bomba, y alrededor del monumento a Washington se está construyendo un muro de seguridad.

Blindada para evitar ataques terroristas, la capital estadounidense refleja hoy la misma paranoia que se vive en Londres, París, Roma y otras capitales del mundo, también fortificadas y bajo rígidas custodias desde que el miedo volvió a instalarse con fuerza tras los atentados del 11 de marzo en Madrid.

Al mismo ritmo que otras ciudades en todo el mundo, día tras día Washington se convierte en una fortaleza, transformando una ciudad conocida por su elegante belleza en un virtual campo armado.

La situación no es muy distinta en la capital francesa. París, meca del turismo y ciudad símbolo del romanticismo por su belleza, tiene desde hace casi tres años sus calles llenas de gendarmes y militares que deben responder todo el tiempo a niveles de alerta elevados.

Otro modelo de las ciudades cercadas por la amenaza terrorista es Atenas, la capital griega que se prepara para recibir los Juegos Olímpicos en agosto. Con asistencia militar de la OTAN, el gobierno griego está realizando enormes esfuerzos para presentar una ciudad blindada contra cualquier peligro, por temor a que los terroristas decidan aprovechar el evento para lanzar un ataque masivo, de alto impacto mundial.

Una situación muy parecida se vive hoy en Londres, considerada desde los atentados en Madrid un objetivo próximo de los grupos terroristas por el alineamiento de Tony Blair con George W. Bush en la guerra contra Irak. La capital británica está, desde entonces, en alerta máximo.

En Roma también hay preocupación por el apoyo de Silvio Berlusconi a la guerra, y aunque la mayoría de los edificios públicos tiene una fuerte presencia policial y los controles han sido reforzados al máximo en el Vaticano, muchos italianos se quejan de que la ciudad aún es vulnerable.

El cambio en la fisonomía de las ciudades, sin duda, es más notable en Estados Unidos, fundamentalmente en Nueva York y Washington, blancos de los aviones terroristas el 11 de septiembre. Un férreo esquema de controles de todo tipo se ha adoptado a lo largo y ancho del país, y las medidas fueron reforzadas aún más en los aeropuertos y las vías de ferrocarril después de la masacre del 11 de marzo de este año en Madrid.

Nueva York no se ha salvado de las imposiciones de la seguridad, y lejos de ser aquel destino tentador para viajeros de todo el mundo, hoy es otra ciudad fortificada.

En Washington los esfuerzos para blindar la ciudad se volvieron más urgentes ante las amenazas de Al-Qaeda sobre un posible ataque durante la campaña, y los funcionarios buscan la manera de impedir el paso de coches bomba y frustrar tácticas terroristas que han sido empleadas en otros países, como el caso de los terroristas suicidas.

Se han dispuesto nuevos sistemas de custodia para los símbolos más visibles de la democracia y el poder de los Estados Unidos: la Casa Blanca, el Congreso, el Monumento a Washington, y el Pentágono. Hasta ahora ha sido diseñado apenas el 20 por ciento de las medidas de seguridad previstas, lo que significa que las construcciones continuarán durante años.

"No estoy seguro de que alguna vez lleguemos a una instancia en que todo esté hecho; se trata de un proceso permanente", dijo Kenneth E. Wall, un funcionario del Departamento de Seguridad Interior a cargo del control de la actividad en la capital.

Tony Bullock, un colaborador del alcalde, Anthony Williams, denominó al proceso como "el afeamiento de Washington": en el caso de la capital, el cambio en la fisonomía es más evidente debido a la gran cantidad de edificios federales y monumentos.

"Da pena, pero la verdad es que somos muy vulnerables", dijo Peter McBirnie, de Huntsville, Ontario, mientras visitaba junto con su esposa el monumento a Washington. El matrimonio observaba las obras en construcción de un muro de seguridad de 10 metros de altura, alrededor del monumento, para impedir el paso de un coche bomba.

Los ejemplos cunden: policías con perros adiestrados que detectan explosivos detienen a los automovilistas antes de que pasen frente al Congreso. Se ha aprobado un proyecto para construir un perímetro de seguridad alrededor de los diez edificios del Instituto Smithsoniano y del Departamento de Agricultura. El interior de la mayoría de los edificios federales se parece a un aeropuerto, con detectores de metales en cada puerta de ingreso y una mayor presencia policial.

La entrada al Monumento a Washington tiene máquinas de rayos X y detectores de metales, y lo propio ocurre en el portón de ingreso en el invernadero del Jardín Botánico.

Incluso en el el edifico de los Institutos Nacionales de Salud, en Maryland, se acaba de instalar un cerco de alambre electrificado.

"Mi hija solía subir corriendo por la escalinata del Congreso para extender los brazos y exclamar: "¡Esta es mi ciudad!"", dijo Dan Tangherlini, director del Departamento de Transporte municipal. Ahora, la escalinata está vedada al público y se construye un centro subterráneo para visitantes que será la única vía de ingreso para el público.

Mientras cunde la preocupación de que Washington está desapareciendo detrás de muros, como los castillos, los planes para perfeccionar la seguridad comenzarán pronto a tener en cuenta un afán estético para compensar la apariencia de una ciudad que se convierte en una fortificación para defenderse y responder a cualquier emergencia.

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