Cada vez más ingleses judíos piden recuperar la ciudadanía alemana

A raíz del Brexit, crecen las solicitudes apelando a una ley de 1949 que repara a víctimas del nazismo
Kimiki De Freytas Tamura
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17 de agosto de 2016  

Levine, un londinense de origen judío que pidió la ciudadanía alemana
Levine, un londinense de origen judío que pidió la ciudadanía alemana Crédito: Conor O’Leary / NYT

LONDRES.- Hasta que los británicos decidieron abandonar la Unión Europea, Philip Levine nunca había reflexionado seriamente sobre su herencia judía.

Pero cuando se puso a pensar en la forma de poder seguir trabajando y viviendo en Europa tras el Brexit, Levine, un londinense de 35 años nacido en Gran Bretaña, decidió hacer lo que a muchos judíos, incluidos parientes suyos, podría parecerles inimaginable: solicitar la ciudadanía alemana.

Y lo hizo apelando a una ley alemana de 1949, pero poco utilizada en los últimos años, que permite que quienes fueron despojados de su ciudadanía alemana por los nazis "por razones políticas, raciales o religiosas" entre enero de 1933 y mayo de 1945, así como sus descendientes, puedan recuperarla. La mayoría de quienes perdieron su ciudadanía durante ese período eran judíos, aunque también hubo integrantes de otras minorías y opositores políticos al nazismo.

No es el único en apelar a la legislación alemana tras el Brexit. Desde el referéndum de junio, la embajada alemana en Londres dice haber recibido al menos 400 consultas de británicos sobre el procedimiento para obtener la ciudadanía alemana sobre la base del así conocido artículo 116.

En al menos 100 de esos casos se trató de solicitudes formales de ciudadanía de individuos o familias, dice Knud Noelle, funcionario de la embajada. "Y esperamos más en las semanas por venir", dice Noelle, y agrega que el promedio anterior era de unas 20 solicitudes al año.

Michael Newman, director ejecutivo de la Asociación de Refugiados Judíos, con sede en Londres, dice que el interés de los judíos británicos por la ciudadanía alemana es mayor que nunca, y agrega que él mismo está pensando en solicitarla.

"En los 75 años que tiene nuestra institución, nunca había escuchado de una petición de ciudadanía alemana -dice Newman-. Lo que pasa es que con el Brexit cambia todo."

Si bien el proceso de solicitud es bastante directo, el tema está envuelto en las complejas cuestiones de identidad y de Estado que despedazaron a Europa durante el siglo pasado, otra consecuencia no deseada de la decisión de Gran Bretaña de seguir su propio camino después de más de 20 años de unión con el continente.

Los padres de Levine huyeron de Alemania en 1939, a principios de la Segunda Guerra Mundial, y conservaron sus documentos, pasaportes originales y visas de entrada a Gran Bretaña, necesarios para realizar la solicitud.

Llegada

Según Newman, antes de 1939 llegaron a Gran Bretaña unos 70.000 judíos alemanes, austríacos y checoslovacos, pero eran vistos con desconfianza por las autoridades británicas. Muchos fueron enviados a campos de detención en lugares como la isla de Wight, por lo general, junto con alemanes pronazis que también habían decidido instalarse en Gran Bretaña.

Cuando el Partido Nazi fue declarado el único partido legal en Alemania, el gobierno también aprobó una ley que despojaba a las personas judías de su ciudadanía alemana, y publicaron sus nombres en el Boletín Legislativo del Reich. Los judíos que vivían en el exterior perdieron su ciudadanía en noviembre de 1941.

Cuando empezaron las deportaciones y se construyeron los primeros campos de exterminio, los judíos fueron despojados de sus bienes, y muchos quedaron varados en Alemania, con sus pasaportes anulados.

Para algunos de los judíos británicos que hoy solicitan la ciudadanía alemana, es la primera vez que enfrentan la dolorosa historia de sus familias.

Thomas Harding es otro judío británico que solicitó ciudadanía alemana. "Alemania y los alemanes me dan mucha más confianza que antes", dice Harding, y agrega que cuando Gran Bretaña decidió abandonar la Unión Europea se alarmó y sintió "que estaba perdiendo algo".

Harding tiene 48 años y es bisnieto de Alfred Alexander, un eminente médico berlinés entre cuyos pacientes se contaban Albert Einstein y Marlene Dietrich. Dice que la idea de solicitar la ciudadanía alemana surgió como parte del proyecto para restaurar la casa de su bisabuelo, que fue confiscada por los nazis y que sólo recientemente le fue devuelta a la familia.

Esa casa de verano ubicada en Gross Glienicke, en las afueras de Berlín y cerca de una pista de aterrizaje de los nazis, fue declarada sitio histórico en 2014 y convertida en memorial de la verdad y la reconciliación.

Harding escribió recientemente un libro sobre ese proyecto, La casa junto al lago. Inicialmente, los vecinos de Gross Glienicke contactaron a Harding en relación con un proyecto de investigación sobre las familias judías de la localidad, incluida la suya.

Al principio, "todavía sentía mucha animadversión hacia Alemania y los alemanes -dice Harding-. Desconfiaba mucho."

Pero a medida que su relación con los vecinos se afianzó y las obras en la casa avanzaron, floreció la amistad. "Me abrieron las puertas y me dieron la bienvenida", dice Harding.

Su consideración de los alemanes siguió mejorando cuando empezaron a aceptar a refugiados sirios. "Sentí una enorme gratitud hacia los alemanes, porque me pareció una decisión increíblemente valiente, muy difícil, muy polémica, pero correcta."

Su hermana vive en Alemania y está casada con un kurdo sirio que este año logró traer a sus familiares que quedaban en Siria.

Para Harding, fue como una triste confirmación de que la historia se repite interminablemente. "No es un tema de alemanes, judíos o sirios, sino de la condición humana -dice Harding-. Estas cosas siempre se van a repetir."

Todo eso llegó a su clímax a las 9 de la mañana del 23 de junio, apenas dos horas después de terminado el conteo de votos del referéndum sobre el Brexit. "Sentí que no quería dejar de ser parte de Europa", recuerda Harding.

"Lo que me gusta es que no estoy solicitando la ciudadanía: la estoy recuperando -señala Harding-. Y ésa es una sensación muy poderosa."

Traducción de Jaime Arrambide

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