Cada vez más inmune a la presión

Alexa Olesen y Cara Anna Agencia AP
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30 de diciembre de 2009  

PEKIN.- La decisión de China de ignorar los insistentes reclamos de Europa y proceder con la ejecución de un ciudadano británico refleja tanto la tradicional desconfianza de Pekín respecto de cualquier interferencia extranjera como su nueva capacidad de resistirse a la presión de Occidente.

Aunque no con demasiada frecuencia, en el pasado China ha perdonado a prisioneros o los liberó anticipadamente ante la presión internacional, particularmente aquellos acusados de espionaje o de delitos políticos o económicos.

Pero al cobrar creciente influencia global en el terreno económico y político, China parece cada vez más dispuesta a ignorar las quejas de Occidente sobre su sistema judicial y su política de derechos humanos. Y a medida que dependen cada vez más de la cooperación de China para resolver los problemas globales -desde la recesión hasta el cambio climático-, los países occidentales tienen menos instrumentos para ejercer presión sobre Pekín.

Las autoridades chinas "se sienten con mayor libertad que sus predecesores recientes para desoír las presiones mundiales", dijo Jerome Cohen, un experto en el sistema legal chino en la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York.

Mientras que en el pasado Occidente podía usar su aprobación como incentivo para que China mejorara su conducta en materia de derechos humanos, ahora países como Gran Bretaña son los más ansiosos por conservar las buenas relaciones, señala el analista Kerry Brown.

"Existe la sensación de que tenemos poca influencia sobre China. Tenemos que elegir muy bien el territorio en el que podemos tener algún efecto", dijo Brown, experto en China del instituto de investigación Chatham House. "Esto se complica día tras día", añadió.

Ivan Lewis, secretario de Relaciones Exteriores británico, dijo que ayer fue "un día profundamente deprimente para cualquiera que sea moderadamente compasivo o tenga confianza en la Justicia". Pero, sorpresivamente, el funcionario añadió que Londres "debe seguir negociando con China, y lo hará".

En las últimas semanas, el mundo ha visto a China hacer uso en varias ocasiones de su nuevo poder, ignorando las críticas de Occidente.

El jueves pasado, un tribunal condenó al disidente Liu Xiaobo a 11 años de cárcel, bajo la acusación de "subversión" por haber exhortado a la democratización de China. Para los grupos de derechos humanos, fue un claro mensaje a Occidente.

Un caso sensible

La acusación de tráfico de drogas contra Shaikh transformó el incidente en un caso particularmente sensible en China, dijo June Teufel Dreyer, analista de la Universidad de Miami. Los nacionalistas chinos dicen que las potencias europeas, especialmente Gran Bretaña, fomentaron el consumo de opio entre una población inocente en el siglo XIX, después de que el país fue obligado a abrir sus fronteras al comercio europeo.

"Parte del relato sobre cómo los comunistas libraron a China de la opresión incluye la perversa práctica de las potencias imperialistas extranjeras, que indujeron el consumo de drogas en una China débil", dijo Dreyer.

La erradicación del muy difundido uso del opio fue uno de los legados fundamentales del Estado comunista, y los nacionalistas chinos siempre usaron la introducción de la droga como prueba de la nefasta influencia de las potencias extranjeras.

En la actualidad, las duras penas impuestas por China al consumo y la venta de drogas también son un reflejo de su obsesión por mantener la ley y el orden en medio de un arrollador cambio social.

Shaikh, un ex gerente de una empresa de taxis nacido en Paquistán, fue arrestado en 2007 por llevar una valija con cuatro kilos de heroína a China. Fue condenado en 2008, tras un juicio de apenas media hora. Pekín afirmó que no había prueba alguna de que Shaikh padeciera una enfermedad mental, pero los abogados del británico declararon ayer que el Tribunal Supremo chino nunca evaluó el estado mental de su cliente.

El último caso conocido de ejecución de un europeo en China fue el de Antonio Riva, un legendario piloto militar italiano en la Primera Guerra Mundial, fusilado en 1951 después de haber sido acusado de estar involucrado en un complot para asesinar al fundador de la República Popular, Mao Tsé-tung, y a otros funcionarios comunistas.

Leilla Horsnell, la hija de Shaikh, expresó que estaba "horrorizada y decepcionada de que la ejecución se haya realizado sin considerar los problemas mentales" de su padre. "No entiendo qué clase de justicia es ésta."

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