Cae en América latina la confianza en la democracia

Un informe de la PNUD señala una creciente insatisfacción
Jorge Elías
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22 de abril de 2004  

Más de dos décadas de democracia no han sido atenuantes de la creciente crisis social en la cual está inmerso el continente en medio de un crecimiento económico errático que, en general, no alcanza a mitigar la insatisfacción de la gente.

El sombrío fresco refleja la realidad descripta con lujo de detalles en el voluminoso informe "La democracia en América latina - Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas", del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), presentado ayer en Lima.

El informe, coordinado por el ex canciller argentino Dante Caputo, dice que "se mantienen profundas desigualdades", que "existen serios niveles de pobreza", que "el crecimiento económico ha sido insuficiente" y que "ha aumentado la insatisfacción ciudadana con esas democracias, generando en algunos casos consecuencias desestabilizadoras".

Casi cuatro de cada diez latinoamericanos prefieren la democracia a cualquier otra forma de gobierno, pero, a su vez, casi seis de cada 10 convienen en que el presidente puede ir más allá de las leyes. Es inquietante. Como inquietante es, también, que más de la mitad de la gente, un 54,7 por ciento, apoyaría a un gobierno autoritario si resuelve los problemas económicos.

En orden decreciente, hablan del desempleo; la pobreza, la desigualdad y los ingresos insuficientes; la delincuencia y las drogas; la violencia política; los servicios y la infraestructura insuficientes, y la corrupción.

De ahí, una de las conclusiones del informe: "Buena parte de las personas que manifiestan su preferencia por la democracia tiene actitudes contrarias a algunas reglas básicas de este régimen -dice-. Aproximadamente uno de cada tres opina que la democracia puede funcionar sin instituciones como el parlamento y los partidos políticos."

¿Qué significa esto? A grandes rasgos, que los latinoamericanos valoran más el desarrollo económico que la democracia y que estarían dispuestos a soslayarla en caso de que un gobierno no democrático pudiera solucionar sus problemas económicos.

El precio de la crisis

Gobiernos como el de Fernando de la Rúa en la Argentina, el de Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia y el de Jean-Bertrand Aristide en Haití han pagado las consecuencias de agudas crisis políticas y económicas. Otros, como el de Hugo Chávez en Venezuela y el de Alejandro Toledo en Perú, han tambaleado por motivos diferentes.

¿No seré feliz, pero tengo democracia? En palabras de Caputo: "No hay malestar con la democracia, pero hay malestar en la democracia. Y para resolverlo es indispensable hacer uso del instrumento más preciado que ella nos brinda: la libertad".

Otro prologuista, Mark Malloch Brown, administrador del PNUD, concluye que América latina representa actualmente una extraordinaria paradoja. Razón no le falta: la encuesta Latinobarómetro de 2003 y de años anteriores ha dejado en claro que la democracia por sí misma no ha logrado reducir en forma significativa los índices de desigualdad económica, política y social. Ni ha logrado reducir una percepción generalizada: ha surgido una cultura electoral después de la era de las dictaduras militares, no una cultura democrática.

Vacío de representación

En el informe del PNUD han colaborado Felipe González, Julio María Sanguinetti, Fernando Henrique Cardoso y Enrique Iglesias, entre otros.

En el caso de la Argentina se trata del último acto del embajador Carmelo Angulo Barturen, condecorado recientemente con la Orden del Libertador General San Martín por su gestión de tres años en el país. Entre sus aportes figura la creación de la Mesa de Diálogo Argentino.

De los 18 países que abarca el informe, en los cuales han sido consultadas 18.643 personas, sólo en dos, Uruguay y Honduras, las respuestas han sido positivas para el papel que desempeñan los partidos políticos. "En algunos casos, como la Argentina y Ecuador, el desprestigio de los partidos alcanza un grado extremo", dice el informe.

Las críticas más frecuentes se centran en el personalismo y en la ausencia de democracia interna. Se trata, en definitiva, del rechazo a las "oligarquías partidarias".

En ese contexto, los medios de comunicación "en ocasiones aparecen ocupando el vacío de representación que se origina en la crisis de la política y sus instituciones; este vacío subsistirá mientras la política no asuma sus facultades frente a los temas relevantes y los partidos se muestren incapaces de articular proyectos colectivos y de alcanzar la conducción del Estado".

A los ojos de la gente, el poder no reside sólo en manos de los gobiernos, sino, también, en manos de los grupos económicos, del sector financiero y de los medios de comunicación en una lista que incluye, asimismo, a las embajadas de los Estados Unidos y los organismos multilaterales de crédito, como el Fondo Monetario, así como a las compañías multinacionales.

Moraleja o mero consuelo: la democracia, como dicta Giovanni Sartori, es, antes que nada y sobre todo, un ideal.

Los más ambivalentes

BRASILIA.- El Salvador, Nicaragua, Colombia y Brasil marchan entre los primeros países de América latina en tener un abultado índice de personas con una actitud "ambivalente" ante el sistema democrático, reveló el informe del PNUD presentado en Lima.

El informe dijo que frente al sistema democrático hay tres grandes grupos de opinión en América latina. Esos grupos son: "los demócratas", o aquellos que no ceden a perder ningún derecho democrático; "los ambivalentes" o las personas que varían de actitud frente a la democracia dependiendo de su situación personal, o los "no demócratas", que admiten que los principios democráticos sean transgredidos.

El 43 por ciento de latinoamericanos tenía en 2002 actitudes democráticas, un 30,5 por ciento actitudes ambivalentes y un 26,5 por ciento actitudes no democráticas, dijo el informe.

El informe del PNUD señala que "las democracias se tornan vulnerables cuando, entre otros factores, las fuerzas políticas autoritarias encuentran en las actitudes ciudadanas terreno fértil para actuar". Además, el informe señala que el 41,9 por ciento de los encuestados se mostró de acuerdo con pagar el precio de cierto grado de corrupción en sus gobiernos con tal de que "las cosas funcionen".

Un 79,9 por ciento de los 231 líderes regionales de opinión consultados en la investigación, entre ellos presidentes y ex presidentes, señalaron que son los grupos económicos los que ejercen el poder de hecho en América latina. Un 65,2 por ciento consideró que son los medios de comunicación los que ejercen ese poder.

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