Canberra debe hallar una solución temporaria

Por Julio Barboza Para LA NACION
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30 de agosto de 2001  

La situación legal del buque noruego, cargado con 438 personas, en su mayoría afganos, no es clara, como dijo el representante en Indonesia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Daniel Juliadi, quien agregó que recibiría a los inmigrantes si se cursaba esa petición. "Acnur tiene un mandato para asistir a los refugiados y cuando se nos presentan buscadores de asilo hemos de determinar su seguridad", dijo.

¿Quién, en suma, tendría la obligación legal de recibirlos? Hay tres Estados en danza y el Acnur. De los tres Estados, Indonesia, como sede de la oficina del Acnur en Yakarta, sería un lugar obligado, pero ya se negó. Noruega es el país de matrícula del buque que recogió a los náufragos, pero está muy lejos y el buque simplemente cumplió con su deber de recoger, a pedido de las autoridades australianas, a los náufragos de otro buque a la deriva. Sólo Australia fue requerido y se manifiesta virulentamente opuesta a recibirlos.

En derecho internacional, las obligaciones nacen principalmente de dos fuentes, que son la costumbre y el tratado. La costumbre, contrariamente a lo que suele pensarse, es tan estrictamente obligatoria como los tratados y forma el derecho general. Pero en un caso particular, si hay un tratado de aplicación, normalmente prevalece -o se añade- a la costumbre.

Pues bien, la costumbre concede al país territorial el derecho de aceptar o no a las personas en su territorio. En virtud de su soberanía territorial, un Estado se reserva el derecho de admisión de extranjeros.

Existe un tratado, la Convención de 1951 sobre el status de los refugiados, que tanto Australia como Noruega han ratificado, pero trata principalmente de aquel status una vez que han sido aceptados como tales, lo que no es el caso. La costumbre, entonces, sigue prevaleciendo. Sin embargo, el artículo 33 de aquella convención dice que los Estados a cuyo territorio acuden personas en busca de refugio no pueden enviarlos de vuelta a su país de origen si con esto ponen en peligro sus vidas. Por analogía, un Estado requerido no debería rechazar a personas en esa condición, lo que parece ser el caso de los pasajeros del buque.

Por su parte, Australia tampoco puede ser sometida al capricho de los náufragos. Anotemos que no pidieron refugio ni a Indonesia ni al Acnur, sólo a Australia. Esta se encuentra en posición difícil. Su política inmigratoria se ha endurecido mucho y no quiere admitir esta peligrosa excepción. Pero su deber, al que apunta el art. 33, parece ser encontrar una solución temporaria a la situación, hasta que las Naciones Unidas intervengan, que seguramente lo harán ya para recibirlos, ya para encontrar países que los hospeden.

El autor es ex presidente de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU.

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