Celebraron misa en Kabul por primera vez en 10 años

Fue en la embajada italiana; en su interior está la única iglesia de Afganistán
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28 de enero de 2002  

KABUL.- "La misa ha terminado, pueden ir en paz." Tres y media de la tarde de un domingo soleado y frío en Kabul, y el ruido de dos inmensos helicópteros de guerra que pasan al ras, sobre nuestras cabezas, cierran en modo abrupto la primera misa en Afganistán después de diez años, un hecho histórico.

Desde el cielo, el viento provocado por las paletas levanta nubes de tierra y polvo, y hace que todo se vuele: la cruz de madera, el improvisado y simbólico altar en medio del jardín donde se improvisó la ceremonia, el mantel de tela y las flores de plástico.

El padre Ivan Lai, capellán militar del contingente italiano de la ISAF, al mando de la primera misa, no se altera. Con una sotana blanca sobre su uniforme militar, como si nada, va corriendo divertido detrás del mantel, la cruz y el altar, mientras las cámaras de TV se hacen una fiesta. "Pueden ir en paz... qué paradoja", comenta, cínico, un periodista.

Fue una misa atípica -como los tiempos que corren aquí- la que se celebró ayer en Kabul, en el seco jardín de la recientemente reabierta embajada italiana. En rigor, en territorio italiano, como destacó el padre Ivan, "para no provocar una realidad de por sí delicada", y "porque es una misa en el interior de nuestro territorio diplomático", entre el público había militares con fusiles Beretta colgando de sus espaldas, guardias de civil con auriculares y metralletas MP5 HK en mano, efectivos de otros contingentes, el "dueño de casa", el embajador Domenico Giorgi, el encargado de negocios francés, un soldado norteamericano y mucha prensa.

Aunque la embajada italiana en Kabul tiene desde hace décadas una pequeña iglesia en su interior -la única en todo Afganistán-, ayer la primera misa después de diez años no se celebró allí, sino en el jardín. No sólo porque no iban a caber todos los asistentes y porque al aire libre el sol iba a aliviar el frío, explicaron a LA NACION, sino porque aún hace falta arreglar el pequeño templo, semi-abandonado en los últimos años.

¿Cómo llegó a construirse una iglesia en Afganistán, país islámico? Se trata de una historia que vale la pena contar. En la década del 30, Benito Mussolini fue el primer occidental en reconocer al país, por lo que, en señal de agradecimiento, se le permitió construir una iglesia, pero en el interior del complejo de la embajada italiana y tras sellar un pacto: que no iba a hacer proselitismo (es decir, no iba a intentar evangelizar), sino que se iba a limitar a asistir a los católicos de paso por Kabul.

Como se recordó ayer, la última vez que se celebró misa en la pequeña iglesia fue en 1992. En pleno período de devastadora guerra civil en Kabul, fue entonces que un misil cayó sobre la pequeña iglesia, hiriendo con unas esquirlas al recordado padre Moratti.

La muerte, el castigo

Así, la violencia in crescendo de los señores de la guerra hizo que la mayoría de las embajadas cerraran sus puertas. Puertas que tampoco se reabrieron al llegar a Kabul la "pax talebana", en 1996. Muchas legaciones quedaron desiertas y los cristianos que se atrevían a entrar en Afganistán corrían el riesgo de ser acusados de "propaganda cristiana".

Un crimen que el cuerpo de policía religiosa instaurado por la dictadura del mullah Omar castigaba con un sistema de torturas que culminaba con ejecuciones públicas.

En el Emirato Islámico de Afganistán -como bautizaron este país los talibanes-, exponer una cruz en la práctica significaba ir al muere.

Chantal, Caterina y Miriam, tres valientes monjas católicas de las Pequeñas Hermanas de Jesús, fueron las únicas religiosas que, silenciosamente, permanecieron en Kabul. Incluso durante la época de los intransigentes talibanes, ellas se quedaron, viviendo como los afganos, ayudando a los más pobres y asistiendo a los enfermos en los hospitales. En la máxima discreción, sin su tradicional hábito celeste y adaptándose a la retrógrada ley de la burka.

Chantal, Caterina y Miriam, las únicas extranjeras no echadas por los talibanes, que una vez por semana iban a limpiar la iglesia de la embajada, ayer no estaban en la misa: conscientes de que fueron la máxima discreción y la caridad su permiso de estada en Kabul, no quieren prensa.

Discreción también es la contraseña de los religiosos que comenzaron a llegar en las últimas semanas con los contingentes de la ISAF. Como el padre Ivan, un simpático franciscano de 38 años, también el capellán militar británico, padre Mark O´Keeffe, que ayer concelebró la misa, no ostenta ninguna cruz. Ambos tienen una bordada sobre tela, que con velcro pegan y despegan del uniforme, de acuerdo a dónde se encuentran.

Los momentos más emotivos: el intercambio de la paz y la comunión. Momentos atípicos, interrumpidos por el grito de mando de un comandante que iba ordenando a su tropa: "¡En guardia!, ¡descansen!" Una misa en la que el simpático e informal padre Ivan, al dar la comunión a los soldados, entre un "el cuerpo de Cristo" y otro, advirtió: "Ragazzi, vayan desarmando la fila, ya no me quedan muchas hostias".

Periodista amenazado

  • NUEVA YORK (AP).- El diario The Wall Street Journal recibió cuatro fotografías en las que uno de sus periodistas, reportado como desparecido en Paquistán, aparece con un arma apuntada a la cabeza, dijo ayer un vocero del periódico. Daniel Pearl, de 38 años, desapareció el miércoles cuando intentaba entrevistar a seguidores de la red de Osama ben Laden. "En las fotos se afirma que Pearl es un espía de la CIA", dijo Steven Goldstein, vocero de Dow Jones & Co., la empresa propietaria del diario, y desmintió tajantemente la información.
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