Chicago, la turbia cuna política que vio nacer la carrera de Obama

Aún opera la cuestionada "máquina" demócrata
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22 de octubre de 2008  

CHICAGO.– Sus calles son inmaculadas. Su tráfico, armónico. Su sistema de transporte público, puntual. Su aire, casi impoluto.

A diferencia de otras grandes ciudades norteamericanas, Chicago es un símbolo del orden.

Poco hace suponer que, detrás de ese equilibrio, se esconde, desde hace décadas, un turbio sistema de lealtades casi mafiosas, prebendas políticas y compra de votos.

El resto de los Estados Unidos llama a esa red de clientelismo, asociada con el Partido Demócrata, "la máquina". Un destello de política latinoamericana en el corazón del Primer Mundo.

Esta fue la oscura cuna que, hace poco más de 20 años, un idealista, pero pragmático Barack Obama eligió para comenzar su fulgurante carrera.

El hoy senador demócrata por Illinois empezó como un outsider, pero, poco a poco, se insertó en los centros intelectuales, económicos y políticos de la ciudad.

Lo hizo con habilidad, inteligencia y carisma. Pero también con ambición y una ambigua versatilidad que hoy lleva a sus críticos a cuestionar su imagen de reformista antiestablishment.

"Creo que Obama no estaría hoy donde está si no hubiera venido a Chicago. Cuando llegó, «la máquina» estaba en efervescencia. La calles eran duras y la política más", dijo a La Nacion Jerry Kellman.

Organizador comunitario desde hace décadas, Kellman fue, en 1985, el hombre que convenció a Obama de que abandonara Nueva York y viajara a Chicago para trabajar en los barrios más pobres de la ciudad como asistente social.

Recién graduado de la Universidad de Columbia, Obama, un joven "muy inteligente y seguro", aceptó el sueldo de 10.000 dólares al año para "ayudar a la gente a reclamar por lo que era suyo".

"El se identificaba como un outsider por su diversidad racial. Era muy idealista y se inspiraba en Martin Luther King", agregó Kellman.

El joven graduado se instaló en el South Side, lejos de la elegancia del centro de Chicago y cerca del deterioro de los suburbios más pobres y olvidados de la ciudad.

Allí aprendió a "escuchar y a movilizar" a la gente. También se aproximó a la política barrial de los dirigentes negros, uno de los brazos de "la máquina".

Para ese momento, el padre de ese entramado de corrupción y política, Richard J. Daley, "el boss de Chicago", ya había muerto.

A cargo de la alcaldía entre 1955 y 1976, Daley fue una figura clave en la ajustada victoria de John F. Kennedy sobre Richard Nixon en las elecciones presidenciales de 1960. Hasta hoy los republicanos lo acusan de haber fraguado los votos que el senador demócrata necesitó para ser presidente.

Daley murió en 1976, pero, en la década de los ochenta, cuando Obama llegó a la ciudad, "la máquina" seguía en pie.

Los sufragios se compraban, los dirigentes barriales recibían puestos públicos a cambio de movilizar votantes y los contratistas de la alcaldía de Chicago debían contribuir fondos a las campañas.

A Harvard

Rodeado por esa red, Obama vivió tres años en Chicago; luego, partió a Harvard para convertirse en abogado. Para entonces, ya sabía que quería entrar en la política "para servir al público".

Al volver, en 1991, se casó con Michelle Robinson, una abogada de una familia de clase trabajadora del South Side. La nueva señora Obama era íntima amiga de Santita, la hija de Jesse Jackson, uno de los dirigentes negros más prominentes del país. Barack comenzaba a construir su base política.

Los Obama se mudaron entonces a Hyde Park (ver aparte), un barrio que se vanagloria de su esencia cosmopolita y que linda con la prestigiosa Universidad de Chicago y, a la vez, con los suburbios más pobres de la ciudad.

Allí se arrimaron al mundo intelectual. Barack se sumó a la Facultad de Derecho y, pese a que era un progresista en el corazón del pensamiento académico conservador, pudo ampliar su base de influencia, ya alimentada por su trabajo en un estudio.

En 1996, a los 35 años, Obama decidió dar su primer paso político. Alice Palmer, la entonces senadora estadual por South Side, pensaba dejar su banca para presentar su candidatura a la Cámara de Representantes, en Washington. La legisladora le prometió su puesto a Obama.

Sin embargo, Palmer no logró la candidatura nacional y se presentó en las primarias para competir con su delfín por su vieja banca.

Descontentos, los asesores de Obama cuestionaron ante la Justicia las firmas recolectadas por Palmer para avalar su candidatura porque los nombres de algunos de sus seguidores estaban incorrectamente escritos en cursivas.

"Esa era la política de Chicago: ‘Destruí a tu adversario, cuestioná sus peticiones’. Obama destrozó así a sus enemigos en 1996. Eso choca con su mensaje de cambio de ahora", dijo John Kass, popular columnista de The Chicago Tribune.

Obama logró finalmente la candidatura y su primer contribuyente de campaña fue Tony Rezko, un empresario muy ligado al partido.

La relación de Obama con Rezko continuó y el empresario le prestó dinero, en 2005, al senador demócrata para que comprara el terreno al lado de su casa.

En esos años, el millonario ya era investigado por el caso por el que hoy está procesado: el pedido de sobornos a otros ejecutivos a cambio de contratos del Estado.

La cercanía del hoy candidato presidencial con el empresario es otro de los puntos oscuros en la vida de Obama que, según Kass, nadie se toma el tiempo de investigar.

Otros minimizan esas críticas. "El es parte de Hyde Park, una comunidad que se dedicó a combatir tenazmente las tácticas de ‘la máquina’, aunque algunos comentaristas digan lo contrario", dijo a La Nacion Bruce Sagan, propietario de The Hyde Park Herald, diario para el cual el candidato demócrata a la Casa Blanca fue columnista.

En el caso de Obama, esa tenacidad es ambigua. Uno de los grandes apoyos que recibió al presentarse como senador nacional fue el del heredero de "la máquina": Richard Daley (h.), actual alcalde de Chicago.

Daley recibió de su padre la pasión política y la inclinación por las tácticas dudosas. Dirigente con una alta popularidad, fue elegido por la revista Time como uno de los mejores alcaldes del país.

Hoy, según fuentes demócratas consultadas por La Nacion, "su éxito como intendente despeja las dudas sobre el poder de ‘la máquina’ en la actualidad". La Justicia piensa otra cosa.

Dos años atrás, una corte condenó a cuatro años de prisión a Robert Sorich, uno de los asesores más cercanos de Daley, por dar trabajo en la alcaldía a dirigentes de campaña.

Un año después, cuando ya profesaba en todos lados su ideal de cambio, Barack Obama respaldó a Daley cuando se presentó para su reelección como alcalde.

"No me parece que él se haya molestado en convertirse en una espina para Daley", dijo Jay Davis, director de una ONG independiente que investiga la corrupción en Chicago.

Barack Obama suele advertir que, si gana la presidencia, dejará de lado la política tradicional, la política de los favores y la confrontación.

Lo suyo, dice, será el cambio, un cambio ayudado, irónicamente, por la legendaria y oscura "máquina" de la ordenada Chicago.

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