Chicas occidentales, el nuevo objetivo de las garras del jihadismo

Las atraen con promesas de trabajos sociales, pero luego, en Siria, descubren su verdadero destino
Nicholas Vinocur
Pauline Mevel
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24 de octubre de 2014  

PARÍS.- Foad, camionero francés de origen marroquí, viajó solo a través de Siria para rescatar a su hermana de 15 años de un grupo islamista que la mantenía cautiva. Cuando estuvieron cara a cara, entre lágrimas, ella no quiso volver.

Foad está convencido de que su hermana Nora, a quien describió como una adolescente impresionable que amaba las películas de Disney antes de que partiera en enero pasado hacia Siria , se quedó allí porque el comandante (o emir) del grupo al que se unió la amenazó con ejecutarla.

La ex estudiante de secundaria es una entre decenas de chicas europeas, muchas de su misma edad, que viven con grupos semejantes en Siria. Éste es un aspecto del conflicto que empieza a preocupar a los gobiernos europeos, que hasta hace poco estaban más concentrados en el movimiento de hombres jóvenes que se unían a las filas del grupo extremista Estado Islámico (EI) y a otros grupos.

Muchas jóvenes son atraídas con promesas de realizar trabajo humanitario. Pero cuando llegan a Siria, descubren su verdadero destino: matrimonios forzados con un combatiente, adherencia estricta a la ley islámica, una vida vigilada y poca esperanza de volver a sus hogares.

"Cuando [Nora] me vio entrar en esa habitación, no podía parar de llorar y de abrazarme. En un momento, le dije: «Entonces, ¿te vienes conmigo a casa?»", contó Foad. "Empezó a darse cabezazos contra una pared diciendo: «No puedo, no puedo, no puedo»", agregó.

Foad, que pidió que no se revelara su nombre completo para proteger a su familia en Francia , dijo que Nora le había contado que primero se radicó en Aleppo.

En comunicaciones telefónicas, Nora le había pedido varias veces a su familia que la rescataran de milicianos, a los que calificó de "hipócritas" y "mentirosos".

Aunque los gobiernos occidentales se preocuparon por los miles de voluntarios jihadistas que se han ido a Siria e Irak , funcionarios de seguridad europeos ahora están alarmados por un flujo menor, pero constante, de grupos de mujeres que van por la misma senda.

Representando el diez por ciento de todos los viajes hacia áreas que están en manos de islamistas, según funcionarios gubernamentales y expertos en terrorismo, las mujeres jóvenes son vistas como un premio por combatientes que quieren casarse.

Muchas veces las adolescentes occidentales son buscadas por mujeres que actúan como reclutadoras y que viven en Europa y usan los medios sociales, las llamadas telefónicas y amistades falsas para convencerlas de hacer trabajo de caridad en áreas asoladas por la guerra. Otras requieren menos trabajo, ansiosas de asumir un rol en lo que perciben como una Jihad o guerra santa.

Expuestas

Si bien las mujeres no combaten -aunque algunas forman unidades policiales-, sus casas están cerca de zonas de combate y expuestas a los bombardeos de los aviones de guerra de la coalición que está luchando contra las fuerzas de Estado Islámico.

Si se arrepienten, las mujeres tienen poca esperanza de escapar. Foad dijo que todo el contacto con Nora se interrumpió en mayo pasado.

Tal como otras chicas, que Nora adoptase el islamismo radical impactó a su familia, que no es practicante estricta. Estudiosa, sensible, incluso infantil dentro de su casa, Nora tenía una doble identidad, que incluía un celular, una cuenta de Facebook y ropa islamista, que Foad encontró después de su desaparición.

"Sus amigos me dijeron de la otra cuenta de Facebook. Cuando me conecté, todo quedó claro: estaba lleno de llamados a la Jihad, había fotos de chicos sirios mutilados", dijo. "Tres días después, encontramos un mensaje de ella que decía que estaba en Aleppo, feliz y bien alimentada. Como si estuviera en Disney", contó.

Escape y retorno

Nora actualmente vive con un asesor de un emir; estaba a cargo de cuidar a los hijos de los jihadistas. Se había escapado de un matrimonio arreglado por un reclutador francés del Frente al-Nusra, que regresó a Francia y está bajo custodia.

Severine Mehault, cuya hija Sarah desapareció de su casa en el sur de Francia hace seis meses, dijo que pensaba que la chica, de 17 años, también estaba bajo una vigilancia estricta.

"Cuando hablamos, es siempre lo mismo: «Estoy bien, tengo todo lo que necesito; no voy a volver a casa»", relató Mehault, cuya última conversación con su hija fue el 27 de septiembre, tras 17 días de silencio. "Pero sé que alguien está oyendo. Puedo distinguir las contadas veces que está sola porque su tono de voz es diferente. Suena como mi hija", agregó.

Funcionarios de seguridad y expertos dicen que muchas mujeres que se radicalizan son de hogares de musulmanes moderados. Pero las voluntarias también provienen de hogares ateos, católicos y judíos, tanto ricos como pobres.

"El romanticismo de la Jihad es acentuado por la propaganda y usado por mujeres para reclutar a otras", dijo Hans-Georg Maassen, jefe de inteligencia interior de Alemania. "Ahora hay una euforia real en el salafismo alemán, con personas que se quieren unir a ese nuevo Estado", agregó.

De las 400 personas que se fueron al conflictivo territorio sirio desde Alemania, un diez por ciento son mujeres, indicó Maassen.

Funcionarios franceses calculan que de su país se produjeron unas 1000 salidas, de las cuales 60 serían mujeres. En tanto, de los 85 jihadistas que salieron de Suecia, entre 15 y 20 son mujeres, señaló Magnus Ranstorp, experto en terrorismo del National Defence College de Suecia.

"Las mujeres también llegan a ser más reverenciadas. Existe una jerarquía interna. Si una llega a enviudar, se convierte en la mentora de las jóvenes y adquiere estatus", agregó Ranstorp.

El grupo antirradicalización CIPD trabaja para evitar que las jóvenes salgan de sus casas porque la posibilidad de recuperar a una joven de manos islamistas es casi inexistente.

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