Chile elige hoy legisladores

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16 de diciembre de 2001  

SANTIAGO, Chile.- En un ambiente marcado por el alto desempleo y la fuerte apatía, especialmente de la juventud, 8 millones de chilenos irán hoy a las urnas para renovar la totalidad de la Cámara de Diputados y una parte del Senado. Las elecciones, en las que oficialismo y oposición se consideran vencedores, no alterarán seguramente el cuadro político, pero sin duda delinearán el nuevo rumbo que emprenderá el gobierno del presidente Ricardo Lagos.

El mandatario se propone hacer modificaciones tras los comicios, que incluirían un nuevo gabinete, para acelerar el ritmo, calificado de cansino, que ha tomado su gobierno, a pesar de la incansable actividad de Lagos. Y también para conjurar la permanente amenaza del líder derechista Joaquín Lavín, que se transformó en una pesadilla para el oficialismo, convertido ya en un virtual candidato a las elecciones presidenciales de 2005.

El gobierno, apoyado en encuestas, apuesta a conseguir alrededor del 50% de los votos. Pero si sólo logra el 48% lo considerará un triunfo, por cuanto sería similar a la votación de Lagos en la primera vuelta presidencial, hace dos años. La oposición derechista, por su parte, estima que alcanzará un 48%, superior al 36% de la anterior elección parlamentaria, en 1997, aunque inferior a los casi 48 puntos que Lavín obtuvo en las presidenciales de 1999.

Lavín y Lagos, en campaña

Lavín encabezó las campañas y aparece en todos los carteles de los candidatos derechistas convocando a los electores a darle un Congreso favorable a su sector. Las pretensiones del líder derechista y actual alcalde de Santiago son obtener la mitad del Congreso, que, según las encuestas previas, sólo podría hacerse realidad en el Senado. En la Cámara alta persistiría el actual equilibro de fuerzas, mientras que en Diputados el oficialismo mantendría con alguna disminución su mayoría.

Lagos no le fue en zaga a Lavín y también realizó una intensa actividad previa a los comicios, en los que pidió elegir un Congreso "que colabore" apoyando reformas y no bloqueando su gobierno, como sostuvo que lo ha hecho la derecha. El oficialismo descalificó a Lavín por cuanto una mayoría parlamentaria no le serviría al alcalde capitalino. Sí le permitiría a la oposición bloquear, como hizo hasta ahora con las reformas constitucionales (que requieren un alto quórum de aprobación), la gestión de Lagos.

Al gobierno parece preocuparle el eventual descenso que podría registrar la Democracia Cristiana, la principal fuerza de la coalición de centroizquierda que ha gobernado desde el retorno a la democracia en 1990. Encuestas vaticinaron que la UDI de Lavín desplazaría del primer lugar a la DC. Y alentados por su eventual triunfo, los dirigentes de la UDI anunciaron que presionarán al gobierno por un cambio, que probablemente contemple abandonar la idea de introducir profundas reformas a la rígida Constitución heredada, de Augusto Pinochet, por la democracia.

El anciano ex dictador permanece recluido en su hacienda Los Boldos, desinteresado del mundo político y abandonado por su antiguos seguidores derechistas. El cambio de Lavín y la UDI implica olvidarse también del pasado que representa el ex gobernante.

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