Clinton pudo haber dado muerte a Ben Laden

"Se le escapó de las narices" en 1998
Jorge Rosales
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4 de mayo de 2003  

WASHINGTON.- Estados Unidos pudo haber terminado con la vida de Osama ben Laden a fines de 1998, dos años y medio antes de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, pero el presidente Bill Clinton no pudo ser encontrado por el Consejo de Seguridad Nacional para que diera la orden de lanzar los misiles Tomahawk que apuntaban contra el refugio del líder terrorista.

Esto lo reveló Robert Patterson, teniente coronel retirado de la fuerza aérea y uno de los ex edecanes del presidente Clinton, en un polémico libro que acaba de ser publicado, titulado "Abandono del deber". En él desnuda actitudes del ex mandatario que, en su opinión, comprometieron la seguridad nacional de Estados Unidos durante esa etapa.

El autor fue el encargado durante dos años, entre 1996 y 1998, de custodiar y llevar junto al presidente la valija con los códigos secretos para el lanzamiento de un ataque nuclear.

Desde ese lugar de testigo privilegiado, Patterson reveló que Clinton perdió la tarjeta con los códigos nucleares en los momentos más turbulentos del escándalo sexual en el que estuvo involucrado con Monica Lewinsky, en el invierno de 1998.

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos buscaron intensamente a Osama ben Laden durante gran parte de la década de 1990, particularmente después del atentado contra la torre norte del World Trade Center, en 1993. A fines de 1998, el Consejo Nacional de Seguridad, reunido en una de las salas de situación de la Casa Blanca, recibió un informe de inteligencia que revelaba que habían triangulado con éxito la localización de Ben Laden y que tenían un "margen de dos horas para atacar".

El consejero de seguridad nacional de Clinton, Sandy Berger, levantó el teléfono y llamó al presidente. Pero Clinton no estaba disponible, algo realmente extraño porque siempre está con alguien del servicio secreto o un asesor militar, escribió Patterson.

Después de una hora, Berger pudo tener a Clinton en el teléfono. Quedaba poco tiempo para lanzar el ataque, se le explicó, pero Clinton dijo que quería consultar con los secretarios de Defensa y de Estado. Respondió que, eventualmente, él respondería la llamada.

"Se estudió el asunto hasta que fue demasiado tarde, la ventana de la oportunidad se cerró. El líder de Al-Qaeda se nos escapó en las narices", señaló el militar retirado.

El golf o Saddam

En el capítulo llamado "Misión abortada", el ex edecán presidencial relató que el 13 de septiembre de 1996 recibió una llamada telefónica de Berger mientras Clinton observaba un partido de golf en Virginia. "Estamos en posición de lanzar un ataque sobre Irak y necesito la orden presidencial", le dijo Berger. Patterson contó que como no quería interrumpir al presidente, lo miró a los ojos por unos segundos y Clinton le preguntó qué pasaba. Al recibir el informe, el presidente le respondió que él llamaría más tarde.

Eran los días en que Saddam Hussein había capturado la ciudad kurda de Erbil, perseguido a los kurdos y detenido a decenas de opositores. Los kurdos eran protegidos por Estados Unidos y un ataque en su contra era un desafío para su poderío.

Patterson reveló que el 21 de enero de 1998, en los días del escándalo sexual con Monica Lewinsky, le entregó en el Salón Oval la tarjeta con el juego de nuevos códigos para lanzar un ataque nuclear. No era un buen día para Clinton, ya que las tapas de los diarios revelaban que el fiscal Kenneth Starr había probado que el mandatario había pedido a una asesora que mintiera y negara el affaire con la ex pasante a los abogados de Paula Jones.

Cuatro días después, cuando los asesores militares se disponían a brindarle un informe sobre los nuevos códigos secretos, Clinton les dijo que había perdido la tarjeta con las claves nucleares. La búsqueda fue intensa en todos los rincones de la Casa Blanca, pero nunca fue hallada.

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