Cómo está Nueva York, diez años después del 11-S

Una enviada especial de LA NACION relata de qué manera se vive en el lugar donde estaban las torres; el temor a las represalias; los preparativos para el domingo; los que quedaron afuera
Sol Amaya
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9 de septiembre de 2011  • 01:00

Diez años no lograron curar esas dos grandes heridas cuyas huellas aún se encuentran en el Ground Zero. Pero aquel lugar en el que perdieron la vida casi tres mil personas está dejando de ser una tumba para volver a convertirse en el World Trade Center (WTC), esta vez totalmente renovado y aún más arrogante que lo que fueron las desaparecidas Torres Gemelas.

Entre el orgullo y el miedo, la ciudad de Nueva York se prepara para conmemorar el décimo aniversario del atentado ocurrido el 11 de septiembre de 2001 . Orgullo, porque en esta década se avanzó de manera notable en la reconstrucción de la zona del ataque. Miedo, porque a pesar del paso de los años y de que el gobierno local asegura tener bajo control la seguridad, todavía hay quienes creen que puede ocurrir una nueva catástrofe.

La reconstrucción

Caminando hacia la zona sur de Manhattan, de repente se erige entre todos los rascacielos, tan característicos de esta gran ciudad, un nuevo edificio que, literalmente, crece un piso por semana. Se trata de la Freedom Tower (la torre de la libertad) que reemplazará al desaparecido WTC . El edificio ya alcanzó el piso 80 y se espera que llegue al 104.

Su construcción se hizo en tiempo récord, en conjunto con todo el resto del Ground Zero que sufrió las consecuencias del ataque terrorista.

Junto con la torre, se construyó el Memorial para las víctimas del atentado, que consta de dos piletas reflectantes destinadas a perpetuar las huellas de las Torres Gemelas. A sus alrededores están escritos los nombres de todos los fallecidos en el atentado.

En lo que hoy es Ground Zero habrá también una impactante central de transporte diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava.

"Hemos reunido millones de dólares de aportantes privados. Esta generosidad refleja la conexión que muchas gente siente con esta tragedia. También manifiesta su deseo por un memorial que sea lindo e inspirador y que le diga a las próximas generaciones cuánto lamentamos lo sucedido", dijo el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, en una conferencia de prensa a la que asistió LA NACION. "Les aseguro que no los decepcionaremos".

Bloomberg indicó que se tuvieron en cuenta todos los pedidos particulares de los familiares de las víctimas a la hora de pensar en el Memorial.

Además, contó que en el lugar se plantaron unos 225 árboles. También se replantó un árbol que sobrevivió a la tragedia, a manera de símbolo. "Esa es la afirmación de que la vida ha vuelto al WTC", sostuvo el alcalde.

El cambio en la zona es realmente impactante: donde había escombros, hoy hay nuevos edificios y todo el Ground Zero está bajo construcción.

El lugar es visitado por unos 9 milllones de tursitas al año, además de las 39.380 personas que transitan Wall Street cada día. En la zona hay unos 447 restaurantes, 9 museos, 18 hoteles y alrededor de 86.372.000 metros cuadrados destinados a oficinas.

"Hace diez años la gente pensaba que iba a llevar décadas para que Ground Zero se recuperase, si es que se lograba. Sin embargo, nosotros tuvimos fe en los neoyorquinos", enfatizó Bloomberg.

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El evento

Para conmemorar el décimo aniversario del ataque y, a su vez, inaugurar el Memorial, el domingo se llevará a cabo un evento al que están invitados todos los familiares de las víctimas. En la ceremonia se leerán los nombres de todos los fallecidos tanto en las torres como en el Pentágono, en el vuelo 93 y en un atentado ocurrido en 1993.

El evento comenzará a las 8.40 (hora local) y tendrá seis pasuas: dos para marcar la hora en que cada avión se estrelló contra las torres, dos para marcar el momento en que cada torre cayó, y los otros para marcar el momento del ataque al Pentágono y la caída del vuelo 93.

Un gigantesco operativo de seguridad y antiterrorismo se está llevando a cabo, y la zona comprendida entre West Street y Broadway y Murray y Cortland Street será completamente cerrada el sábado por la noche.

Miles de efectivos de la policía de New York, incluyendo policías buzos, francotiradores, detectores de radiación y negociadores de rehenes para garantizar la tranquilidad durante el desarrollo de la ceremonia. "La seguridad tiene que ser nuestra prioridad, no queremos más víctimas", sostuvo Bloomberg.

Las extremas precauciones se relacionan también con un reciente descubrimiento de supuestos planes para realizar un nuevo ataque terrorista durante el aniversario, tras el asesinato de Osama ben Laden.

Persiste el temor

Más allá del gran despliegue de seguridad, muchos neoyorquinos temen por lo que pueda suceder este domingo. Es que a la ceremonia asistirán tanto el actual presidente Barack Obama como el ex mandatario George Bush. La presencia de estos líderes sumada a la cantidad de gente que habrá en el lugar este domingo genera pánico entre algunos ciudadanos.

De hecho, una semana después de que se anunciara la muerte de Ben Laden, se llegaron a reportar unos 80 "paquetes sospechosos" en las calles, según datos de la policía. Esto es sólo una de las manifestaciones de la paranoia que genera el acercamiento al décimo aniversario de un ataque terrorista sin precedentes en este país.

Según pudo comprobar LA NACION, muchos neoyorquinos optarán por pasar este fin de semana fuera de Manhattan, por miedo a que se hagan realidad los rumores sobre posibles planes de atacar otra vez la ciudad.

Los que quedaron afuera

No todo es optimismo y esperanza diez años después de la tragedia. Los "first responders", es decir, bomberos, policías, personal de mantenimiento y todas aquellas personas que estuvieron en el lugar del ataque ayudando a realizar rescates, recolectar restos humanos y liberar de escombros la zona no serán parte del evento principal de este domingo.

En cambio, este grupo, que cuenta con alrededor de 90.000 personas, realizará una ceremonia aparte.

La explicación de Bloomberg ante esta exclusión es que "el domingo es el día para que los familiares de las víctimas conmemoren a sus seres queridos" y además "no hay lugar suficiente para albergar a más personas en esa ceremonia".

Para Alex Sánchez, uno de los héroes que se hizo presente en Ground Zero el día después de los atentados y trabajó para ayudar en las tareas de rescate y recuperación, el no haber sido invitados a la ceremonia es "una tremenda injusticia".

"Una vez más se muestra lo que es la arrogancia y la ignorancia de la política. Me genera una enorme tristeza que nos den las espalda de esta manera", dijo Alex en diálogo con LA NACION.

Este hombre, padre soltero de un niño de 10 años, no sólo fue una de las 90.000 personas que ayudaron a recuperar la zona tras el atentado, si no que además sufrió las graves consecuencias de exponerse reiteradamente a distintos tipos de toxinas. Alex sufre hoy de ataques de asma y numerosos problemas respiratorios que afectan considerablemente su calidad de vida.

"No me arrepiento de haber ayudado. Todos estuvimos ahí por dos cosas: por las personas que fallecieron, y para ayudar a recuperar la ciudad", aseguró Alex. "Es increíble que en lugar de honrar a sus héroes, el gobierno nos abandone. Es una injusticia y una conspiración", se lamentó. "Pero al menos siempre tuvimos el apoyo de la gente".

La sensación de abandono e injusticia es compartida entre todos los "first responders". Muchos de ellos sufren no sólo deficiencias respiratorias sino también diferentes tipos de cáncer debido a la exposición a toxinas durante los trabajos en Ground Zero.

De hecho, si bien en el atentado fallecieron unos 23 policías, otros 50 murieron tiempo después a raíz de estas complicaciones de la salud. El primero en morir por estas causas fue el policía James Zadroga. En su honor se creó una legislación, bajo el nombre de " James Zadroga 9/11 Health and Compensation Act ", destinada a ampliar la cobertura médica para todos los trabajadores que estuvieron expuestos a las toxinas de Ground Zero.

Alex asegura: "Como víctima tengo dos opciones. O me quedo en casa a lamentarme, o salgo a la calle a dar el ejemplo. Elijo lo segundo. Después de todo, el terrible atentado trajo algo positivo: fue el día en que hombres y mujeres de diferentes razas nos unimos por una misma causa".

Seguí la cobertura en Twitter de nuestra enviada especial

Por: Sol Amaya

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