Con frialdad, la Presidenta le pidió que tenga una labor "significante para la región"

Habló de la elección papal después de homenajear a Chávez; le envió una carta a Francisco y avisó que irá a la asunción; le reclamó interceder ante las potencias
Mariana Verón
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14 de marzo de 2013  

Los silbidos resonaron en la gigantesca carpa. De pronto, el clima se tensó y en segundos el público pasó de la algarabía a los abucheos cuando Cristina Kirchner decidió al final de su discurso dedicarle tres párrafos al nuevo papa. Dijo que era un día histórico, eligió sólo nombrarlo como "Francisco I" y destacó de él que sea un representante de América latina.

Sin festejos, la Presidenta optó por los buenos deseos. Si durante toda la tarde se había mostrado contenta, apenas comenzó a hablar de Jorge Bergoglio su rostro se llenó de tensión. Los gritos bajaban desde las gradas circulares en uno de los espacios de la feria Tecnópolis, en una visible señal de desaprobación cuando la jefa del Estado tocó el tema. La Presidenta apenas levantó la mano, pero no pidió silencio.

"Por primera vez en la historia de la Iglesia va a haber un papa que pertenece a Latinoamérica", fue la primera reflexión que hizo Cristina durante el acto en el que puso en marcha nuevos beneficios para los cooperativistas sociales, en su primera aparición pública tras la noticia que conmovió al país.

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En 2259 palabras de un total de 10.582 que pronunció, nunca se refirió al nuevo papa como Bergoglio ni le reconoció su condición de argentino, en una muestra más de la nula relación de la Casa Rosada con el ahora sumo pontífice. "Deseamos de corazón a Francisco I que pueda lograr mayor grado de confraternidad entre los pueblos, entre las religiones; que esa opción por el nombre de Francisco, que creo que es por San Francisco de Asís, la opción de los pobres, sea realmente la opción que puedan hacer las altas jerarquías", pidió Cristina.

En tono frío, la Presidenta recalcó que "de verdad" deseaba una mirada de la Iglesia a los más humildes, y enseguida lanzó la frase que entonces sí despertó los aplausos. "Éste es un gobierno que ha estado siempre optando por los que menos tienen y eso es lo que muchos no nos han perdonado." El público se puso de pie.

El sacudón que generó en la Casa Rosada la elección de Bergoglio como nuevo papa se plasmó en las palabras de Cristina. La tarde fría acompañaba el clima del Gobierno ante la noticia menos esperada en la quinta de Olivos. A medida que iban llegando, ministros, gobernadores e intendentes se iban refugiando en una sala VIP, sin hablar, a la espera de las palabras presidenciales que fijaran la postura oficial.

El único habilitado por la jefa del Estado fue el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, que anunció que Cristina participará de la ceremonia de asunción de Bergoglio, la semana próxima, en un primer gesto de retomar la relación perdida.

La Presidenta delineó desde el escenario los ejes de lo que espera del papa argentino. "Esperemos que realmente sea una labor significante para nuestra región, para que también lleve el mensaje a las grandes potencias del mundo para que dialoguen", propuso.

Sin referencias a las condiciones del nuevo papa, abundó: "Queremos que el diálogo que tanto pregonan desde todas partes lo hagan efectivo y puedan convencer a los poderosos del mundo, a esos que tienen armamento, a esos que tienen poder financiero, que finalmente dirijan una mirada hacia sus propias sociedades, hacia los pueblos emergentes y que promuevan un diálogo de civilizaciones, donde ninguna cuestión se resuelva por la fuerza, sino que se resuelva por los canales diplomáticos".

Una hora después del histórico momento en el que se anunció la llegada de Bergoglio al Vaticano, la Presidenta emitió una carta de felicitación. En apenas dos párrafos despojados de adjetivos a la figura del nuevo papa, Cristina le deseó una "fructífera tarea pastoral en pos de la justicia, la igualdad, la fraternidad y la paz de la humanidad".

Desde la renuncia de Benedicto XVI, el Gobierno se había mostrado escéptico ante la posibilidad de la llegada de los dos argentinos papables a la Santa Sede y bregaba, en todo caso, para que el elegido resultara Leonardo Sandri, a quien Cristina había recibido en diciembre pasado.

Sumidos en el estupor, las reacciones tras la designación de Bergoglio tardaron en llegar. En el mismo momento en el que la expectativa estaba puesta en el fin del cónclave y el misterio por el nuevo papa, la jefa del Estado emprendía una catarata de mensajes en Twitter con sus anuncios de obras del día anterior. En el acto de ayer repitió el gesto. Primero presentó el nuevo plan para que las mujeres accedan al programa Argentina Trabaja, recordó al presidente venezolano Hugo Chávez, defendió el uso de la cadena nacional y recién después, sobre el final, se refirió a Bergoglio.

"Todos mis deseos de buenaventura y de buena misión y de muy buena misión pastoral para todos los habitantes del mundo", fueron sus últimas palabras.

Una vez sentada la posición oficial, a partir de ahora, el Gobierno intentará dar vuelta la página de la mala relación con el hasta ayer cardenal y buscará explotar la imagen argentina en el mundo. "Más allá de cómo nos llevamos en el pasado con Bergoglio, esto es histórico y muy importante para el país y lo vamos a aprovechar", se esperanzaba ante LA NACION un funcionario que llegó con la Presidenta y que reiteraba que la jefa del Estado estará en la ceremonia de asunción.

La noticia la sorprendió en Twitter

Segundos antes del anuncio en el Vaticano, la Presidenta tuiteaba sobre nuevas obras públicas de su Gobierno

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