Con la nostalgia de una época dorada, EE.UU. recordó a John F. Kennedy

Hubo actos en todo el país, las banderas ondearon a media asta y se hizo un minuto de silencio en Dallas; "Hoy y en las décadas que vienen conservaremos su legado", dijo Obama
Silvia Pisani
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23 de noviembre de 2013  

WASHINGTON.- Fue el minuto de silencio más sentido. Al cumplirse medio siglo del asesinato de John Kennedy, la evocación del ex presidente más carismático y el que llenó a Estados Unidos de esperanza ratificó su condición como figura inspiradora por excelencia de la política norteamericana de estos días.

Símbolo de una época dorada que no volvió, la figura de Kennedy supera la barrera de los partidos. Era demócrata, pero los republicanos de hoy aún lo imitan, al igual que hacen -cada tanto- figuras políticas de este país y de fronteras afuera.

"Hoy y en las décadas que vienen conservaremos su legado", dijo el presidente Barack Obama en Twitter, quien en una proclamación oficial declaró el día de ayer como el de la "Conmemoración del presidente John F. Kennedy", dedicado a "celebrar su duradera impronta en la historia estadounidense".

Con múltiples actos y las banderas de edificios federales y estatales ondeando a media asta, Estados Unidos recordó en casi cada rincón del país a su presidente más popular.

Los actos de homenaje comenzaron con una austera ceremonia castrense frente a la tumba de Kennedy en el cementerio militar de Arlington, en las afueras de Washington.

Pero la atención de la jornada estuvo puesta en Dallas, donde unas 5000 personas congregadas en la plaza Dealey guardaron un minuto de silencio, a las 12.30 (hora local) en el mismo instante y lugar en el que murió Kennedy.

El 22 de noviembre de 1963, en un soleado mediodía de otoño en la ciudad de Dallas, dos disparos de bala terminaron con la vida del presidente que había inspirado a Estados Unidos con la posibilidad de un futuro mejor. Tenía 46 años y sólo había cumplido tres en el poder.

Junto con su muerte nació el mito. No sólo el que, como una leyenda, superó con creces los logros reales de su agenda, sino el otro, el del crimen que, para muchos, aún sigue irresuelto. Cuando se indaga en esta sociedad, se comprueba que la tesis que atribuyó el magnicidio en solitario a Lee Harvey Oswald -un marino descontento que había emigrado a Rusia- no termina de digerirse.

"En pocas figuras contemporáneas, la vida y la muerte van tan ligadas", dijo el historiador y académico de Harvard Joseph Nye. Todo lo que signó ese día contribuyó al mito.

Desde el traje sastre rosado salpicado en sangre que su viuda se negó a sacarse hasta el fragmento de masa encefálica que, contra toda esperanza, retuvo en la mano y que entregó a la enfermera apenas el ex presidente entró al quirófano, donde apenas sobrevivió unos minutos. "Es de él", le dijo, según archivos ahora desclasificados.

Por cierto, también se sabe ahora que ese traje sastre manchado -el recurso con el que la viuda hizo que el líder asesinado siguiera presente por unas horas- permanece en los fondos de los archivos oficiales.

Por voluntad de la familia Kennedy, no será exhibido hasta dentro de varias décadas. Mientras, espera en una caja de cristal y protegido a temperatura constante. "El objetivo es evitar el morbo", se explicó.

A lo largo de cincuenta años, la figura del presidente que vivió signado por la Guerra Fría fue objeto de miles de ensayos históricos y políticos. Muchos de ellos vieron luz o fueron reeditados en los últimos meses, con motivo de este aniversario.

"¿Fue Kennedy tan buen presidente o su mito lo supera?", fue una de las preguntas retóricas de estos días. Su ranking de aprobación es el más alto que haya recogido Gallup para una figura de este país: un imbatible 90% que lo único que hace es ratificar su condición de leyenda por arriba de cualquier agenda.

Durante su presidencia tuvo sombras. Entre ellas, el escándalo por la fallida invasión de bahía de Cochinos y la crisis de los misiles con Cuba. Del otro lado, la construcción del Muro de Berlín ratificaba la Guerra Fría en toda su crudeza.

Pero el país soñaba a lo grande y se lanzó a la carrera espacial mientras ardía el movimiento por los derechos civiles, con Martin Luther King como contrapeso de figura carismática a la del presidente.

"No fue Kennedy quien avanzó con esa agenda, sino su sucesor, Lyndon Johnson", evocó el profesor Nye. Sí se le admite que fue el primer presidente en comprender la fuerza del movimiento.

Pasaron 50 años, pero el mito todavía no se apaga. Las banderas flamearon a media asta para evocarlo.

Del editor: qué significa.

El mito de Kennedy también fue alimentado, en la última década, por el surgimiento de Obama, que también fue cara de la esperanza y la renovación.

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