Con represión y muertos, la escalada de violencia sacude a Venezuela

Tres personas murieron por balazos en Valencia; en Caracas, la policía lanzó gases lacrimógenos a los estudiantes
Daniel Lozano
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13 de marzo de 2014  

CARACAS.- Venezuela volvió a asomarse ayer al abismo por el que tantas veces caminó y que se empeña en no abandonar. Tres personas muertas durante los graves enfrentamientos en Valencia y una brutal represión de la Guardia Nacional en Caracas, contra una marcha pacífica de los estudiantes, marcaron con sangre, gas y una escalada de violencia otra jornada de la ola de protestas contra Nicolás Maduro. Una ola que no deja de crecer, pese a las cinco semanas transcurridas.

El primer caído fue precisamente un estudiante, Jesús Acosta, de 23 años, muerto al recibir un balazo en la cabeza mientras bebía agua en su casa en La Isabelica, en Valencia. Su madre denunció que el proyectil partió de las brigadas de choque chavistas, que durante horas se enfrentaron a los "guarimberos" opositores. Testimonios de vecinos y videos captados por ciudadanos confirman las embestidas de los paramilitares oficialistas.

Otro balazo perdido acabó con la vida de Guillermo Sánchez, de 42 años, "un humilde valenciano que pintaba al frente de su casa", confirmó el alcalde del municipio. Siete personas más resultaron con heridas de balas, incluso varias de ellas fueron atendidas por la Cruz Roja en circunstancias que más parecían las de una guerra de Medio Oriente.

En Mañongo, un barrio cercano, volaron los proyectiles desde primera hora de la mañana. La peor parte se la llevó un sargento de la Guardia Nacional, que perdió la vida en los enfrentamientos. Varios de sus compañeros también resultaron heridos, incluso uno de ellos salvó su vida gracias al chaleco antibalas.

Valencia se convirtió en uno de los territorios más conflictivos del país. Hace unas semanas, murió allí Génesis Carmona, Miss Turismo Carabobo, asesinada de un disparo que le entró por la nuca y le reventó el cerebro. Su familia y amigos culpan a colectivos revolucionarios, que dispararon sobre una marcha pacífica pocas horas después de que el gobernador, José Ameliach, les ordenó un "contraataque fulminante".

"Voy a tomar medidas drásticas con todos estos sectores que están matando al pueblo de Venezuela", dijo anoche Maduro, quien anunció la convocatoria urgente del gabinete de seguridad. "Vamos a buscar a los asesinos a los francotiradores fascistas. ¿Hasta dónde quieren llegar los asesinos?", añadió el presidente, que culpa a los opositores y protege a los colectivos revolucionarios.

"El presidente es autor intelectual de las víctimas de la actuación de grupos paramilitares al ordenarles «apagar la candelita»", acusó Provea, una ONG de derechos humanos.

Los estudiantes de Caracas, en cambio, sí tenían muy claro hasta dónde querían llegar: hasta la Defensoría del Pueblo, para exigir el cese de su titular. No sólo se quedaron con las ganas, sino que también recibieron "gas del bueno", el mismo con el que los castigó Hugo Chávez en 2009.

El himno venezolano "¡Gloria al bravo pueblo!", tantas veces cantado en nombre de la patria, volvió a ser entonado ayer a duras penas por gargantas estudiantiles, mientras eran reprimidos brutalmente con bombas lacrimógenas a las puertas de la Universidad Central de Venezuela.

Los jóvenes no pudieron vulnerar el blindaje impuesto por el Estado contra su marcha, convocada al cumplirse el primer aniversario del 12-F. Hace un mes, la protesta de los universitarios acabó en una emboscada de efectivos de la inteligencia bolivariana y paramilitares, que provocó la muerte de tres personas: los jóvenes opositores Blassil Dacosta y Roberto Redman, y Juan Montoya, líder de los colectivos revolucionarios, que vigilaba la marcha.

Una nube de gas lacrimógeno envolvió al último grupo de estudiantes, que aguantó la embestida policial. Mucha asfixia y algunos golpes, atendidos en un ambulatorio médico cercano. Por lo menos tres jóvenes sufrieron heridas en cara y cabeza, tras impactarles las bombas. Otros muchos padecieron la asfixia del gas. "Régimen cobarde, mientras más nos reprima, más nos da fuerzas para seguir luchando por la libertad de Venezuela", acusó el dirigente Eusebio Acosta, presente en la primera fila de los incidentes.

El chavismo sitió Caracas, declarada territorio prohibido para la oposición por orden de Maduro. Y lo hizo sin ningún rubor gracias a un monumental despliegue de la Guardia Nacional y de la Policía Bolivariana. Ambos cuerpos de seguridad bloquearon todos los accesos al municipio Caracas Libertador, que comprende el centro y oeste de la capital, así como los organismos públicos y el palacio presidencial de Miraflores.

Cientos de efectivos, tanquetas militares, paredes metálicas movibles, estaciones de metro cerradas, que, en cambio, se abrieron como las aguas del Mar Rojo al paso de la minúscula marcha de los estudiantes chavistas, que pretendían solidarizarse con el gobierno del "hijo de Chávez".

Los universitarios oficialistas dejaron varias pintadas a su paso, algunas en clara contradicción con los pintorescos mensajes "de paz" emitidos desde el gobierno: "Candelita que se prenda la apagamos a coñazos. El pueblo".

Del editor: qué significa. Ni las marchas ni la violencia cesan y, mientras tanto, un peligroso statu quo se instala en Venezuela, uno en el que la muerte ya no sorprende a nadie.

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