Corea del Norte realizó una prueba nuclear subterránea

Ignoró las advertencias de la ONU
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9 de octubre de 2006  

SEUL.– En un abierto desafío con consecuencias imprevisibles, Corea del Norte ignoró ayer las advertencias de la comunidad internacional y anunció que había realizado con éxito un test nuclear subterráneo.

“Nuestra sección de investigación científica ha llevado a cabo en forma segura y exitosa una prueba nuclear subterránea el 9 de octubre”, informó la Agencia Central de Noticias (KCNA, por sus siglas en inglés) de ese país. Agregó que no hubo escapes o peligro alguno por la prueba.

Desde las oficinas de la presidencia de Corea del Sur se informó que hoy, a las 1.35 GMT (22.35 de ayer hora argentina), se había detectado un temblor de suelo en Corea del Norte, de una magnitud de entre 3,58 y 3,7 grados de intensidad, según el Instituto de Geociencia y Recursos Minerales local.

En Washington, un funcionario de inteligencia de Estados Unidos no pudo confirmar si la prueba nuclear se había concretado.

Corea del Norte anunció la semana pasada que probaría un artefacto nuclear, diciendo que se había visto obligado por lo que llamó amenazas de guerra nuclear y sanciones económicas por parte de Estados Unidos.

La tensión se disparó anteayer en la península coreana, donde se registraron incidentes entre soldados de Corea del Sur y de Corea del Norte en la zona desmilitarizada que separa a ambos países. Pyongyang describió ayer el incidente como una “intolerable” provocación.

Horas antes, y pese a sus diferencias, Japón y China habían expresado su “profunda preocupación” por la amenaza de Corea del Norte de realizar un ensayo nuclear. Ambos gobiernos dijeron que esta intención “no puede ser tolerada”, durante la histórica visita a Pekín del primer ministro japonés, Shinzo Abe, que supone un paso adelante hacia la reconciliación de ambos países.

“Las dos partes expresan su profunda preocupación por la situación reciente en la península coreana, incluida la cuestión de los ensayos nucleares”, señaló el comunicado conjunto de ambos gobiernos, después de que Abe se reuniera con el presidente chino, Hu Jintao; el primer ministro, Wen Jiabao, y el presidente del Parlamento, Wu Bangguo. Fue la primera vez en cinco años que un premier japonés visitó China.

El principal aliado

Pekín es el principal aliado de Corea del Norte, cuyo régimen desató la alarma mundial la semana pasada al amenazar con realizar su primer ensayo nuclear en una fecha no especificada, y que se temió que fuese concretada ayer mismo, en coincidencia con el noveno aniversario de la llegada de Kim Jong-Il al poder.

“Tenemos que evitar que Corea del Norte sea una potencia nuclear”, dijo Abe ayer. “Estamos totalmente de acuerdo en que el anuncio del ensayo no puede ser tolerado porque es una grave amenaza para Asia oriental y para la comunidad internacional.”

Tras la cumbre, el primer ministro japonés resaltó que ambos países enviaron un “mensaje fuerte” al régimen norcoreano. Antes de su visita, el gobernante nipón, que asumió hace dos semanas, había llamado a establecer un frente común en Asia frente a las provocaciones de Pyongyang.

Así, la unidad mostrada durante la cumbre no refleja las divergencias de fondo que separan a Tokio y a Pekín en este tema: mientras que Japón pidió “sanciones severas” si se efectuaba la prueba nuclear, China apela a la “moderación” y se opone a las sanciones contra Pyongyang.

El jefe del Estado y del partido chino, Hu Jintao, habló ayer de un “punto de inflexión” en las relaciones bilaterales con Japón, con lo que dio la primera señal de un acercamiento entre ambos países. En un comunicado conjunto, los dos líderes se declararon a favor de una “relación estratégica para el beneficio mutuo” y afirmaron públicamente su deseo de dar vuelta la página.

El antecesor de Abe Kunichiro Koizumi visitó China en 2001, pero no volvió a ser invitado en protesta por sus visitas repetidas al santuario de Yasukuni, donde se encuentran enterrados soldados japoneses de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos 14 condenados por crímenes de guerra en China. El santuario es considerado por sus críticos una glorificación del pasado militarista de Japón.

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