Coronavirus: mientras muchos locales cierran, un argentino abrió una pizzería en Roma

Juan Francisco Montanari, empresario hotelero argentino de 68 años, abrió en el corazón de Roma un nuevo negocio de pizza para llevar
Juan Francisco Montanari, empresario hotelero argentino de 68 años, abrió en el corazón de Roma un nuevo negocio de pizza para llevar
Elisabetta Piqué
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5 de mayo de 2020  • 14:36

ROMA.- Reinventarse, ser creativos, enfrentar la crisis económica desencadenada por el coronavirus , una de las peores desde la gran depresión de 1929, con agallas y espíritu emprendedor . Esa es la idea de Juan Francisco Montanari, un empresario hotelero argentino de 68 años que, mientras muchos se ven obligados a cerrar las persianas debido a una parálisis nunca antes vista y la ausencia del turismo, abrió en el corazón de Roma un nuevo negocio de pizza para llevar.

"Creo que en todas las crisis siempre hay una oportunidad y pensé que tenía que arremangarme, inventarme otra cosa y lo hice también para que mis empleados tuvieran trabajo en este aún incierto inicio de la denominada ‘fase 2’", dijo a LA NACION Juan, aquí también llamado "Gianni", que nació en 1951 en Buenos Aires.

"Mi padre, italiano, emigró allá y creó una empresa de montaje para industrias. Viví allá hasta los diez años, cuando él decidió volver a Milán", contó Juan, que habla español con acento milanés y que lleva en el corazón a la Argentina,su tierra natal. "Viajo cada vez que puedo, la última vez fui hace cuatro años y esta pizzería que acabamos de abrir me recuerda a las de Buenos Aires, aunque allá la masa es un poco más alta", agrega, lleno de entusiasmo.

Su flamante local –equipado con frascos de alcohol en gel, guantes y demás elementos fundamentales en esta nueva etapa, donde solo está permitido el take-away-, se levanta en el corazón del barrio de Monti, el más antiguo de Roma, que queda al lado del Coliseo y de los Foros Romanos, al principio de la vía della Madonna dei Monti. De ahí justamente salió el nombre del local, "Pizzeria della Madonna", que juega con la expresión italiana "della Madonna", que suele ser utilizada, sobre todo en Milán, para destacar algo excepcional.

"La idea fue mía, pero me trajo problemas porque el cura que vive acá en frente lo considera blasefemo. Se enojó muchísimo, aunque ahora lo aceptó", comentó, entre risas.

Juan Francisco, que es ingeniero y dueño de otras empresas, desde hace diez años también incursionó en el mundo hotelero. Está al frente de un hotel –el residence Argilato, con 19 cuartos, un spa y una terraza espectacular sobre la antigua Roma- y un bistro que se llama Hummus, que se encuentran pegados a la pizzeria. Todos estos emprendimientos se encuentran cerrados, nadie sabe hasta cuándo.

"Tanto el hotel, como el spa y el bistro están cerrados incluso desde antes de que comenzara la cuarentena por el coronavirus, cuando desde todo el mundo comenzaron a llegar cancelaciones. Y no sabemos cuándo podremos retomar la actividad", admitió.

"Es difícil evaluar el futuro en medio de la incertidumbre: la alta estación, que empieza ahora, ya la perdimos, calculo que septiembre y octubre será muy difícil que vuelvan los turistas y, si todo va bien, recién en marzo del año que viene podremos volver a tener un flujo significativo", pronosticó, sin ocultar su preocupación por un escenario inimaginable meses atrás.

La pizzería de Juan Francisco Montanari en Roma
La pizzería de Juan Francisco Montanari en Roma

Pese al panorama negro para el sector, lejos de rendirse, Juan optó por reinventarse y apostar por el street-food. "El lugar donde abrí la pizzería, que es sólo para llevar o comer al paso, solía ser el galpón del bistro Hummus y se me ocurrió abrirla no sólo para darle un mensaje de esperanza a las 26 personas que trabajan en mi hotel, que ahora tienen un subsidio de desocupación, pero que si esto empieza a funcionar van a poder ayudar, sino porque al final me di cuenta de que todos los turistas que vienen a Roma quieren pizza", dijo, lleno de entusiasmo.

Al margen de formar un nuevo equipo con parte del personal del hotel y el bistro, Juan contrató a Pier Luigi Simeoni, pizzero con gran experiencia sobre sus espaldas y decidió apuntar a la calidad. "Manteniendo por supuesto la tradición, utilizamos harinas artesanales, sin conservantes y con bajo índice glicémico, productos del campo, aceite de oliva virgen, todo en sintonía con la filosofía slow-food", detalló.

"También vendemos pollo al horno, ñoquis, lasañas, incluso vegetarianas y por supuesto llevamos a domicilio gratuitamente", añadió, mientras algunos transeúntes que se detuvieron para probar la novedad, lo felicitaban.

La pizza de la "Pizzería della Madonna"
La pizza de la "Pizzería della Madonna"

Aunque en los últimos meses tuvo "facturación cero", Juan forma parte de esas personas optimistas por naturaleza. En una Roma que luce totalmente desolada pese al comienzo de la "fase 2" porque no hay turistas, está convencido de que para los dueños de hoteles a largo plazo la situación mejorará porque están cerrando muchísimos departamentos que solían alquilarse por Airbnb.

"Dieron demasiadas licencias, no sé por qué y dañaron a las actividades más serias, pero ahora están cerrando todos", comentó. Además, piensa que el gobierno tampoco puede ayudar a todo el mundo. "El Estado no puede llegar a todos y los empresarios tenemos que arremangarnos y ponernos a invertir y a trabajar", asegura.

¿Su sueño? "Poder un día llevarle un pedazo de pizza al papa Francisco, que recuerdo que una vez dijo que extrañaba ir a una pizzería -dijo-. El nombre del local, Pizzeria della Madonna, además, es perfecto para él, que es devoto de la Virgen... Y espero, a cambio, una bendición especial para mi emprendimiento".

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