Coronavirus: protestas y tensión en el aeropuerto de Río por 800 argentinos varados

Coronavirus: Los reclamos de los argentinos varados en Rio de Janeiro

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José María Costa
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20 de marzo de 2020  • 13:33

En medio de la confusión que se generó por las restricciones aéreas por el avance del, pasajeros argentinos varados en el aeropuerto internacional Galeão, Río de Janeiro, denunciaron agresiones y malas condiciones en la espera de información de las reprogramaciones, según imágenes publicadas en redes sociales.

Según detalló a LA NACION Leandro Berro, uno de los argentinos varados, son cerca de 800 las personas que se vieron afectadas por las suspensiones de vuelos por parte de la empresa Gol.

Coronavirus: Aproximadamente mil argentinos varados en Río De Janeiro

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Berro estaba en Natal y tenía un vuelo directo de regreso a Buenos Aires. La empresa luego le reprogramó el regreso en tres tramos. "Solo pudimos llegar acá, hasta Río y cuando bajamos, la empresa nos dijo que no podíamos seguir porque les prohibieron volar, pero esto no es así", explicó Berro.

En medio de la tensión, una de las mujeres que estaba junto a su hija y una nieta habría recibido una descarga eléctrica por parte de un agente de seguridad de Brasil.

"Comenzaron a hacer listas. Nadie nos dice nada. Solo saldrán tres vuelos, pero ya están llenos, así que varios se quedarán varados acá", dijo Berro, y agregó: "La empresa dice que Argentina no los deja entrar, pero entendemos que esa información no es así", dijo.

Coronavirus: Los insultos y el enojo de los argentinos varados en Río de Janeiro

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"Hablé con gente en Ezeiza y nos explicaron que los vuelos para repatriar argentinos están permitidos. Por ejemplo, en los tres vuelos que salen, lo que se hizo fue bajar a los brasileros y asignarles esas plazas a los argentinos", agregó.

Desde el Consulado en la ciudad carioca dijeron a LA NACION que, se estima en 3000 la cantidad de argentinos que esperan ser repatriados.

Río comienza a ser cercada

En la plaza Nossa Senhora da Paz, en Ipanema, hoy se instalaron los puestos de la feria de los viernes. Flores, frutas y dulces están a la venta como cada semana, pero el contexto es distinto. El acceso al parque está cerrado con rejas, los comercios de indumentaria de su alrededor no abrieron y las turísticas calles que la rodean están mucho menos concurridas de lo habitual. Aunque la gente no pierde la calma. Quienes salen, no muestran signos de preocupación y mucho menos de alarma extrema por la epidemia del coronavirus. Un hombre instaló una mesa para vender barbijos por cinco reales (unos 100 pesos) a unos metros de la plaza, pero no atrae a clientes ni curiosos.

"Como medida para proteger a los miembros de nuestro equipo y nuestros clientes, estamos temporalmente cerrados", dice uno de los carteles que se mulitpilican sobre las rejas de los comercios en la calle Visconde de Piraja. Un local de las ojotas Havaianas sigue abierto, pero adentro solo hay una empleada y ningún potencial comprador.

Las icónicas playas están menos cargadas que lo habitual. Varias personas fueron hoy a despedirse: por un decreto del gobernador, Wilson Witzel, desde mañana y por al menos quince días no se podrá acceder a ellas. También el Pan de Azúcar y el Corcovado, puntos turísticos que tenían atención limitada, cerrarán sus puertas. Los bares y restaurantes seguirán abiertos y podrán atender hasta al 30% de su capacidad. Los supermercados abren a diario, con horario reducido, y en ellos no se percibe una sensación de alarma.

En el ámbito del transporte, Río está prácticamente cercada: no se puede entrar ni salir en transporte de pasajeros por tierra ni por agua en transporte público desde la capital siquiera a otros municipios del mismo estado. En un decreto mucho más firme que las medidas que tomó el presidente Jair Bolsonaro, el gobernador también busca limitar los vuelos nacionales e internacionales.

Informe de Julieta Nassau desde Río de Janeiro

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