Coronavirus: sin estrategia nítida, EE.UU. avanza a una reapertura caótica

Las calles vacías en Manhattan
Las calles vacías en Manhattan Fuente: LA NACION
Rafael Mathus Ruiz
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23 de abril de 2020  • 17:10

WASHINGTON.- Para doblegar al coronavirus , Estados Unidos se encerró, como el resto del mundo. O casi. No solo las órdenes de confinamiento en la primera potencia global, el país más afectado por la pandemia, fueron más laxas que en otros países, sino que además en algunos estados la vida continuó casi como antes, con pocos nuevos límites . En Dakota del Sur, la gobernadora, Kristi Noem, 48 años, republicana, se negó rotundamente a imponer restricciones de cualquier índole: "Creo en nuestras libertades", justificó.

Ese encierro desordenado y dispar que vivió Estados Unidos empieza ahora a darle paso a una reapertura caótica.

Férrea trumpista, Noem se convirtió en una de las políticas predilectas entre quienes abogan por "reabrir" el país y volver a la normalidad lo más pronto posible, pese al riesgo latente de un rebrote. Ya tuvo varias entrevistas con las principales figuras de la cadena Fox, como Sean Hannity –confidente del presidente, Donald Trump – o Laura Ingraham, quienes noche tras noche, alarmados por el daño económico que ha provocado la pandemia, presionan por una reapertura del país.

"Vivo en el epicentro, y preferiría estar con usted, ahí, en Dakota del Sur, en su estado", le dijo durante una entrevista, desde Nueva York, Hannity, conductor estrella del prime time de Fox, el canal más afín a la Casa Blanca. "No cerró su estado, ¿cómo lo hizo?", le preguntó.

"Bueno, Sean, creo en nuestra gente", respondió Noem. "Le di a la gente los hechos, la ciencia detrás de este virus, con lo que estábamos lidiando. Les di la oportunidad de atender a sus clientes, proteger a sus empleados. Tomaron las decisiones adecuadas, y creo que es un ejemplo para el país", agregó.

Noem dijo en otra entrevista con Ingraham que juró defender la constitución, y no era necesario que la gente "renuncie a sus libertades por un poco de seguridad".

En Estados Unidos, "la tierra de los libres", un país con 330 millones de habitantes que toca el Atlántico y el Pacífico, la reapertura apunta a ser tan caótica como el encierro, y, en algunos casos, apresurada.

Desde el principio, Trump se negó a imponer una cuarentena nacional estricta como hicieron Italia , España , Francia o la Argentina . No quiso, y además expertos legales indicaron que carece de autoridad para hacerlo . La decisión recayó en manos de gobernadores y alcaldes, y Estados Unidos se convirtió en un mosaico: el país se encerró de a poco, en tramos, y con una intensidad dispar. Cinco estados nunca llegaron a ordenar a sus residentes permanecer en sus casas : Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska, Iowa y Arkansas. Otros lo hicieron a medias. Y aun en Manhattan, ahora epicentro global de la pandemia, el mítico Central Park nunca dejó de recibir gente.

En Dakota del Sur, Noem tampoco ordenó el cierre de negocios. Como Trump, brindó "recomendaciones" a empresas y ciudades, y le indicó a la gente que era mejor quedarse en su casa. Punto. El alcalde de la capital, Sioux Falls, Paul TenHaken, consideró imponer el confinamiento por decreto, pero el plan encontró bastante resistencia, y el alcalde desistió de la movida.

"Me llaman de todo, desde Hitler a alcalde Mussolini, a todo lo demás", dijo TenHaken al periódico The Guardian.

Sin llegar a cerrar negocios, TenHaken y el consejo deliberante de la ciudad terminaron por ordenar un límite a la cantidad de gente que podía haber en restaurantes, bares, casinos o cafés, con multas de US$ 500 dólares, o 30 días de prisión.

Maryland ofrece una contracara a Dakota del Sur: impuso multas de hasta 5000 dólares, y un año de cárcel para las personas o empresarios que violen la orden de confinamiento del gobernador, y el cierre de negocios "no esenciales". Así y todo, en Maryland todavía se puede salir a caminar, trotar, andar en bicicleta, o matar el tiempo en un parque o una plaza.

Sin una estrategia nacional nítida, los gobernadores siguen sus propios planes, tal como ocurrió con el confinamiento. Un grupo de mandatarios en la costa oeste, la costa este y el centro del país acordaron coordinar el regreso a la normalidad. Pero otros se lanzaron solos, a riesgo de causar un rebrote, tal como advierten expertos en salud.

El gobernador de Georgia, Brian Kemp, anunció que permitirá que los salones de belleza, los gimnasios y los estudios donde se hacen tatuajes, entre otros negocios, vuelvan a abrir sus puertas esta semana, aun cuando Estados Unidos debate si el pico de la epidemia es un pico o una meseta. Recibió una ola de críticas, incluso de los propios republicanos. Trump dijo que está "fuertemente en desacuerdo" con la decisión, y que era "demasiado pronto", pero no hizo nada para frenarlo.

En Florida, algunos condados ya reabrieron las playas, y Carolina del Sur y Tennessee también se movieron hacia la reapertura. El gobernador de Mississippi, Tate Reeves, también planea permitir el retorno de algunos negocios la semana próxima.

"No podemos esperar hasta que haya una cura", justificó.

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