Costoso triunfo de Kohl en el escándalo por el dinero sucio

Elisabetta Piqué
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25 de enero de 2000  

BERLIN.- Para evitar la tan temida implosión de la Unión Demócrata Cristiana alemana (CDU) -sumida en su peor crisis desde que salió a la luz la existencia de fondos negros-, su cúpula anunció ayer que no emprenderá acciones legales contra su ex líder Helmut Kohl. Dar este paso habría significado una ruptura demasiado trágica con el ex patriarca, de consecuencias funestas para el mayor partido de la oposición alemana.

La decisión, que constituyó "una victoria pírrica" para Kohl según analistas consultados por La Nación , fue dada a conocer en una esperadísima y muy concurrida conferencia de prensa en Berlín, en la cual la CDU presentó el resultado del informe realizado por consultores de Ernst & Young sobre las cuentas y balances del partido. Al respecto no hubo demasiadas novedades, sino que se confirmó lo que ya se sabía: se desconoce el origen de 12 millones de marcos -más de 6 millones de dólares- que ingresaron en las arcas del partido de forma irregular.

Un agujero negro que aumenta las sospechas de que el partido del hombre considerado un verdadero estadista, y padre de la reunificación alemana, recibió sobornos.

Para evitar un desgastante choque con Kohl, que fue premier entre 1982 y 1998 y cuya figura aún aglutina a buena parte del partido, la CDU anunció que no lo querellará, como se había adelantado, sino que examinará la posibilidad de una demanda contra Horst Weyrauch, ex asesor fiscal del partido.

"Estamos de acuerdo en que la CDU no desea un enfrentamiento con Helmut Kohl", dijo el jefe del partido, Wolfgang Schaeuble, en una tensa conferencia de prensa.

A mediados de diciembre, Kohl admitió en una entrevista televisiva haber recibido cerca de un millón de dólares por parte de distintos donantes que preferían el anonimato, cuyos nombres desde entonces se niega a revelar porque ha empeñado su palabra, es decir, por una cuestión de honor.

Este fue su gran error, porque así admitió haber violado la ley que regula los partidos políticos -que prevé que se registren los nombres de quienes aportan más de 10.000 dólares-, la Constitución, y su juramento como canciller.

"Padre padrone"

Presionado, el martes último Kohl prefirió abandonar la presidencia honoraria del partido antes que abrir la boca. La actual cabeza del partido, Wolfgang Schaeuble, reconoció que se analizaba querellar a Kohl, "padre padrone" de la CDU durante 25 años, para exigirle los famosos nombres, e incluso obligarlo a pagar millonarias multas como indemnización.

La posibilidad de llevar a Kohl a juicio causó tal revuelo y fracturas en el seno de la CDU -donde el ex premier sigue pisando fuerte-, que el partido entendió que esta medida sería contraproducente, porque llevaría a una división irrecuperable. Una suerte de bumerán para la agrupación, cuya popularidad está por el piso.

Ayer, consultado acerca de si tratará de seguir convenciendo a Kohl de que coopere, Schaeuble dijo que "no tendría sentido".

En efecto, "Kohl muestra una personalidad increíble, no se mueve ni un centímetro de su postura de no dar a conocer los nombres", dijo un periodista alemán.

Todo el mundo coincide -y más ahora que el resultado de la auditoría confirmó que es imposible aclarar la procedencia de millones de marcos-, en el que el ex premier es el único que tiene la llave para resolver el escándalo, y la crisis.

Será por eso que, a la pregunta de si pensaba en una expulsión de Kohl del partido, Schaeuble contestó con un tajante: "No".

Crisis existencial

En la conferencia de prensa, éste reconoció que el partido atraviesa una "crisis existencial" y que está dañado no sólo politícamente, sino también financieramente: la ley de financiamiento de los partidos prevé que de cada dólar recibido ilegalmente, el partido debe pagar, como multa, tres.

Es decir que este agujero negro en su contabilidad -que incluye misteriosas cuentas en el exterior- podría costarle a la CDU unos 18 millones de dólares.

El jefe del partido anunció también que la CDU iniciará una campaña de imagen para "dejar claro que este país necesita una CDU fuerte", y sostuvo que el debilitamiento del mayor grupo opositor también perjudica a Alemania.

En otro día extremadamente frío y dramático, el jefe del gobierno, el socialdemócrata Gerhard Schroeder, que hasta ahora había mantenido un perfil bastante bajo en la Tangentópolis germana, pidió la formación de una comisión independiente para investigar la desaparición de papeles relacionados con la controvertida privatización de la refinería Leuna, en la ex Alemania Oriental.

Un tema que volvió a ocupar espacio en los medios desde que una investigación reveló que el ex presidente francés François Mitterrand habría "regalado" por "intereses de Estado" unos 15 millones de dólares a su amigo Kohl, para apoyar su campaña de 1994.

La refinería Leuna fue vendida en 1992 al consorcio petrolero francés, Elf-Acquitaine, en una operación muy cuestionada que se está investigando incluso a nivel europeo, porque se sospecha que hubo cálculos de inversión excesivamente elevados.

Schroeder, por otra parte, consideró que "es absurdo considerar" lo que está sucediendo, "una crisis de Estado", porque todas las instituciones estatales y la Justicia están trabajando regularmente.

Pero el clima que se vivió ayer en el Nº 35 de la Tiergarten Strasse de Berlín, sede del Instituto Konrad Adenauer, donde la CDU da sus conferencias de prensa, no era tan normal. "Pensar que aquí Kohl venía a decir maravillosos discursos", comentaban algunos.

Y el slogan "CDU mitten im Leben" (que en alemán significa, literalmente, "en el medio de la vida"), que se destacaba allí, parecía muy lejano a la realidad.

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