G20: cuando las citas globales se vuelven un desfile de megalómanos

Luisa Corradini
Luisa Corradini LA NACION
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30 de noviembre de 2018  

PARÍS.- Cada uno de los líderes que asisten esta semana al G-20 en Buenos Aires conoce el carácter imprevisible de Donald Trump . Y sobre todo cuánto detesta las cumbres multilaterales. Desde que llegó a la Casa Blanca, el presidente norteamericano no ha perdido ocasión de cambiar de opinión en cinco minutos y darles la espalda a todos aquellos que fueron leales aliados de Estados Unidos por más de un siglo. Desplantes, críticas, mentiras, ofensas personales... nada parece alcanzarle, sobre todo en esas reuniones, para demoler a quienes considera un peligro para su política de "America first".

Pero Trump no es el único. Al más alto nivel, el escenario diplomático internacional es una olímpica feria de vanidades donde cada uno de sus actores es un animal político dotado de una ambición sin límites y una fuerza de voluntad capaz de desatar guerras.

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¿Cómo hacen esos hombres y mujeres, líderes de las grandes potencias, para soportar la presencia de elementos disruptivos como Trump, que ingresan en ese mundo de mullidas alfombras y codificados modales como verdaderos elefantes en un bazar? ¿Cómo hacen presidentes y primeros ministros de democracias occidentales para sentarse a una mesa en torno a Vladimir Putin , que acaba de apoderarse por la fuerza de buques ucranianos y sus tripulaciones, violando tratados que él mismo firmó? ¿O para sacarse la tradicional "foto de familia" junto al príncipe heredero saudita, Mohammed ben Salman , a quien todos los servicios de inteligencia señalan como el responsable del descuartizamiento de un periodista y las ONG denuncian por crímenes de guerra en Yemen?

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La solución a ese dilema nació hace 2500 años, de la mano de Tucídides, célebre historiador y pensador griego para quien, en lugar de seguir principios filosóficos, teóricos o morales, las relaciones diplomáticas y políticas debían estar guiadas por los intereses de cada nación de acuerdo con las circunstancias actuales de su entorno. En cuanto a la ambición personal, a juicio de aquel sabio, "si bien el interés es siempre el móvil de las acciones, es necesario que el hombre evite dejarse llevar por la pasión egoísta. De lo contrario, su acción fracasará inevitablemente". Esta máxima, es verdad, suele ser mucho menos respetada que la anterior.

Lo cierto es que, con algunos paréntesis históricos, hasta hoy la realpolitik ha regido las relaciones diplomáticas planetarias. Y es una suerte. De lo contrario -y volviendo a la actualidad- es difícil imaginar cómo el planeta consiguió mantener una apariencia de civilizada contención desde la llegada de Trump a la presidencia más poderosa del mundo.

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Desde ese momento, Trump hizo lo posible para destruir todos los lazos de amistad y cooperación con los líderes del primer mundo. Su primera víctima fue la canciller alemana, Angela Merkel , a quien criticó entre otras cosas por su política migratoria. Después fue el turno de Theresa May , por sus negociaciones y acuerdo de salida con la Unión Europea (UE). Continuó con "su gran amigo" Emmanuel Macron , a quien nunca le perdonará su discurso del día del Armisticio de la Primera Guerra Mundial en París, cuando en su presencia declaró que "el nacionalismo era una traición al patriotismo".

Las relaciones con ese primer grupo son tan tensas que casi ningún líder europeo intentó siquiera mantener una reunión bilateral con Trump en Buenos Aires. Excepto Merkel, cuyas exportaciones automotrices a Estados Unidos son fundamentales para la economía alemana y es maestra en el arte de la realpolitik.

Pero como no hay mal que por bien no venga, tratándose de líderes de primer nivel, cada uno de ellos adaptó su estrategia diplomática al nuevo estado del mundo. Finalmente, con la antipatía que el público europeo tiene por Trump, tanto May, como Merkel, y particularmente Macron, ganan posicionándose como la antítesis democrática del jefe de la Casa Blanca.

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"Más vale ninguna reunión que una reunión sin resultados", resume uno de los sherpas de la delegación francesa, en referencia a la experiencia acumulada por Macron tras múltiples intentos de convencer a Trump de la importancia del multilateralismo o el cambio climático.

Lo mismo sucederá con aquellos que están en el segundo círculo, generalmente líderes de regímenes autocráticos con aspiraciones imperiales que no pueden permitirse el lujo de "inclinarse" ante quien pretende dirigir el mundo. Entre ellos, Xi Jinping , Putin y Recep Tayyip Erdogan .

Todo parece indicar que, para no ceder a la presión de la Casa Blanca en el caso ucraniano, Putin aceptó la anulación de la reunión que tenía prevista con Trump. Xi tampoco está dispuesto a dejarse intimidar en la pulseada que lo opone a su homólogo norteamericano.

"Es imposible que alcancen un pacto en lo esencial", advierte Shi Yinhong, director del Centro de Estudios Americanos de la Universidad Renmin (Pekín). Y concluye: "Por eso no habrá alto el fuego en la actual guerra comercial".

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