Cuatro muertos en un incidente militar entre Corea del Norte y del Sur

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29 de junio de 2002  • 07:10

SEUL, Corea del Sur.– Por un momento, la aceleración y la euforia del último día quedaron empañadas. La marea roja vibraba con el cierre del Mundial en Corea cuando, de pronto, noticias bélicas cambiaron la alegría futbolera por preocupación. A las 10.25, cuando los surcoreanos se preparaban para la fiesta, un conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur estalló en el mar Amarillo, en el límite noroeste entre ambos países. El episodio, que puso en alerta la seguridad nacional, dejó un saldo de un cuatro muertos, un desaparecido, al menos 18 heridos y un barco hundido del lado sur.

Según la información proporcionada por Seúl, el combate duró 21 minutos y comenzó luego de que naves patrulla norcoreanas invadieron aguas surcoreanas.

Dos embarcaciones con bandera de Corea del Norte fueron interceptadas por la guardia costera surcoreana cerca de la isla de Yeonpyeong, tres millas (cada milla es 1,6 km) dentro de las aguas del Sur. Según el Ministerio de Defensa local, las patrullas les ordenaron a los barcos norcoreanos que se detuvieran, pero uno de estos abrió fuego, que fue respondido por las fuerzas de Corea del Sur.

Fue el incidente más serio entre las dos Coreas desde que, en 1999, sucedió algo similar, también en el mar Amarillo.

En aquella oportunidad, se cree que unos 30 norcoreanos fallecieron, que un barco de esa nación fue hundido y que otro resultó seriamente dañado, aunque la hipótesis nunca fue confirmada en Pyongyang, la capital del Norte.

Del mismo modo, en esta ocasión no se conoce si hubo bajas en la marina norcoreana, aunque el teniente general surcoreano Sang-hee Lee, en una reunión informativa con medios de prensa, aseguró que una de las naves de esa bandera regresó a su país en llamas.

Corea del Sur protestó porque –dijo– fue la décima vez en el año que embarcaciones norcoreanas violan los límites marítimos. En 2001, las intromisiones fueron doce, según Seúl.

“Aunque no sabemos cuáles eran las intenciones de Corea del Norte, ellos dispararon primero. El enemigo sabía que esto pasaría”, advirtió Lee, que llamó al conflicto un “acto de provocación”.

El presidente de Corea del Sur, Dae Jung Kim, decidió que, de cualquier manera, viajará hacia Japón para presenciar la final del Mundial, gesto con el que pretende demostrar las garantías de seguridad que ofrece su país.

A pesar del viaje, Kim reunió hoy de urgencia al Consejo de Seguridad Nacional y exigió una disculpa oficial del gobierno de Corea del Norte.

Del lado norcoreano sólo se supo que la Agencia Central de Noticias (KCNA) emitió un comunicado en el que culpó a Corea del Sur por la batalla y por haber abierto el fuego. También señaló que los disparos de las embarcaciones del Norte se realizaron en defensa propia.

El teniente general surcoreano Lee dijo exactamente lo contrario y comentó, además, que la intromisión norcoreana violaba el armisticio que ambos países firmaron en 1953, luego de la guerra que los enfrentó entre 1950 y ese año. La firma de aquel armisticio es lo que frenó la violencia entre las dos Coreas, aunque, justamente, por ser un armisticio y no un tratado de paz, indica que el conflicto no se superó.

Para el presidente Kim, también, significa un paso atrás en su política de acercamiento a Pyongyang. En 2000, por ejemplo, el primer mandatario surcoreano fue de visita a la capital del Norte y recibió, por su trabajo en pos de superar la ruptura entre las dos Coreas, el premio Nobel de la Paz.

Esto no impidió, sin embargo, que en más de una ocasión se tensaran las relaciones en la frontera. Hoy, incluso, las fuerzas surcoreanas dispuestas en el límite con Corea del Norte fueron puestas en “alto estado de alerta”, según Seúl.

Uno de los problemas de la frontera –marítima, en este caso– es que Corea del Norte no la reconoce. Entiende que no lo favorece y protesta porque fue impuesta por las fuerzas aliadas luego de la guerra que terminó en 1953. Por eso, Pyongyang reclama una nueva delimitación marítima.

Según analistas surcoreanos, la pesca de cangrejos en la región resulta un atractivo indisimulable para Corea del Norte.

Más allá de la batalla sostenida en el mar Amarillo y de las reacciones políticas, para la gente, en las calles, la noticia resultó un golpe que provocó una durísima conmoción.

En tiempos en que la pelota de fútbol y la Copa del Mundo dominan la escena nacional, el recrudecimiento del conflicto con Corea del Norte puso en alerta a los surcoreanos y les quitó un poco de la alegría con la que se aprestaban a gozar del último día de su Mundial.

Antes del partido por el tercer puesto con Turquía, incluso, hubo un minuto de silencio por los muertos en el combate.

Después, la marea roja volvió a aparecer. Pero no fue lo mismo. En Corea del Sur, el final del Mundial cambió la euforia por tensión.

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