"Cuba necesita cambios", dijo Benedicto XVI

Pronunció una homilía de sesgo político y apoyó a los disidentes
Elisabetta Piqué
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29 de marzo de 2012  

Los cubanos desbordaron ayer la emblemática Plaza de la Revolución y los alrededores para escuchar al Papa durante la misa a cielo abierto
Los cubanos desbordaron ayer la emblemática Plaza de la Revolución y los alrededores para escuchar al Papa durante la misa a cielo abierto Fuente: AFP
LA HABANA.- "La verdad los hará libres." Benedicto XVI concluyó ayer su histórica visita a esta isla comunista con un dramático llamado a los cubanos a buscar, a través de la fe, una "auténtica libertad", y con un histórico encuentro con el líder de la revolución cubana, Fidel Castro, con quien conversó sobre la ausencia de Dios en la humanidad.

Tal como estaba previsto, el Papa culminó su primera gira por la América latina de habla hispana, que lo llevó primero a México, con una multitudinaria e impactante misa en la emblemática Plaza de la Revolución. Allí, ante unos 300.000 cubanos que corearon "¡Be-ne-dicto, los jóvenes cubanos son de Cristo!" -un canto que hace 50 años les habría costado la detención o la expulsión del Partido Comunista-, el Papa pronunció la homilía más fuerte de toda su gira, de claro contenido político. "Cuba y el mundo necesitan cambios", sentenció. Antes de tomar el vuelo que lo llevó de regreso a Roma, por otra parte, al margen de volver a alentar a los cubanos a construir una sociedad "de amplios horizontes, renovada y reconciliada", el Papa condenó el embargo impuesto por Estados Unidos a la isla comunista en 1962. Además, tuvo palabras de apoyo para los disidentes políticos, con quienes, pese a los pedidos y a la oleada de arrestos y acoso de los últimos días, finalmente no se reunió.

"Que nadie se vea impedido de sumarse a construir una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada, por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población", dijo, al referirse al aquí llamado "bloqueo".

El discurso oficial considera el embargo norteamericano la causa de todos los males de los 11 millones de cubanos, que viven mayoritariamente en la pobreza pese a las tibias reformas liberales puestas en marcha últimamente, y sin libertad de expresión ni movimiento.

Alcanzar la verdad

Bajo un implacable sol tropical y ante una multitud que se despertó al alba o viajó horas en "guagua" (colectivo) desde otras ciudades para llegar a la Plaza de la Revolución, el Papa pronunció una homilía centrada en la importancia de la libertad para alcanzar la verdad, es decir, Cristo.

"La verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad", dijo Benedicto XVI, al comentar un pasaje del Evangelio del apóstol Juan. En una alusión al régimen comunista, lamentó que hubiera "otros que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en «su verdad» e intentando imponerla a los demás".

"La verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una ética con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad, en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano", agregó el Santo Padre.

Fuente: LA NACION
La escenografía de la Plaza de la Revolución era entonces extraordinaria: a los costados de la famosa silueta gigante del Che Guevara, sobre el Ministerio del Interior, había un inmenso cartel con la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, y un cartel con la leyenda: "Jesús por María".

"Para nosotros es como una liberación estar aquí, pero la verdad es que la misa de Juan Pablo II me gustó mucho más que ésta", dijo a LA NACION Alicia Llerena, una cubana católica que vino con su hija Débora, catequista, y sus dos nietos, Jordi y Chiara. "No esperamos ningún cambio político con esta visita, sino que esperamos una evolución natural, que la vida mejore para los cubanos", comentó Alicia, que confesó que la gente tiene miedo de hablar libremente.

Fiel reflejo de las dificultades económicas de Cuba, no había pantallas gigantes para que los que estaban lejos del altar pudieran ver al Papa. Y tampoco había baños químicos en inmediaciones de la plaza, sino más que precarios e insalubres biombos de metal.

"El cristianismo, al resaltar los valores que sustentan la ética, no impone, sino que propone la invitación de Cristo a conocer la verdad que hace libres", también destacó el Papa. En otro pasaje, si bien mostró satisfacción por la mejora que hubo en las relaciones entre Iglesia y Estado, hizo un reclamo para que haya más libertad religiosa.

"Es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana", pidió el Papa, que, anteayer, en un encuentro con Raúl Castro -que asistió a la misa en primera fila-, pidió que el gobierno analizara decretar el Viernes Santo día festivo, como en su momento hizo y logró Juan Pablo II con la Navidad.

Perseguida a partir del triunfo de la revolución, en 1959, la Iglesia cubana ha recuperado espacio en los últimos años y pretende poder tener libertad de acción, sobre todo en el campo de la educación.

Al regresar desde la Plaza de la Revolución a la Nunciatura, el Papa tuvo el tan esperado encuentro con Fidel Castro , el aquí llamado "líder de la revolución", que duró unos 30 minutos y que fue muy cordial, según contó el vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi (ver aparte).

Antes de subirse al avión que lo llevó de regreso a Roma, Benedicto XVI tuvo una despedida triunfal. Pese a la lluvia, miles de cubanos lo saludaron con banderitas a lo largo del camino que recorrió, en papamóvil, hasta el aeropuerto.

Agradecimiento

Evidentemente cansado, pero contento, en su último discurso le agradeció a Dios haberle permitido visitar "esta hermosa isla". Y ante Raúl Castro, que le expresó al Papa "profunda gratitud y aprecio", hizo un último llamado para que "Cuba sea la casa de todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad".

"El respeto y el cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre -reiteró, una vez más- es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria."

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