Dario Viganó: "No está cambiando ni una coma de la tradición de la Iglesia"

El director del CTV dijo que la postura tradicionalista es "prejuiciosa" y "deshonesta"
El director del CTV dijo que la postura tradicionalista es "prejuiciosa" y "deshonesta"
Elisabetta Piqué
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21 de octubre de 2013  

Roma.-Monseñor Dario Viganó, director del Centro Televisivo Vaticano (CTV), no tiene dudas: más allá de las criticas de sectores ultratradicionalistas, el papa argentino "no está cambiando ni una coma de la tradición de la Iglesia".

Para él, sin embargo, lo que ha hecho Francisco en sus primeros siete meses de pontificado, que no duda definir como "una revolución", marca un "camino de no retorno".

"Más allá de lo que se dice sobre Francisco, si podrá hacer todos los cambios que quiere, si tendrá las fuerzas necesarias, lo que ya ha hecho marca un camino de no retorno: la Iglesia no puede volver a ser como era. Ha comenzado este efecto avalancha que cuanto más se avanza más grande se hace. Y no es casualidad que esa nueva primavera del espíritu se produzca a 50 años del Concilio Vaticano II", dice a LA NACION monseñor Viganó, que además de ser el responsable del CTV, que el viernes cumplió 30 años de vida, es profesor de Teología de Comunicación en la Pontificia Universidad Lateranense.

-Como director del CTV, que sigue todo lo que hace el Papa, usted ve a Francisco con frecuencia, casi a diario, ¿no?

-A diario yo no, pero mis camarógrafos, por supuesto.

-¿Y cómo es el Papa de cerca?

-Exactamente igual que visto de lejos. El Papa es en la vida exactamente igual que cuando está en el papamóvil: un hombre atento, inteligente, que va a lo esencial. Es interesante, porque este hombre ha iniciado una revolución cuando no tiene ninguna de las características típicas que se le atribuyen a un revolucionario. Se piensa que un revolucionario debe ser alguien joven y fuerte, y Francisco no es joven. Al revolucionario se le atribuye una gran capacidad de palabra, y el Papa tiene una voz baja. Francisco consigue hacer una revolución porque sus palabras tienen el peso de la historia. El Papa no dice cómo se deben hacer las cosas: lo que dice es cómo vive él. Hace hablar la historia, su historia, y eso explica por qué conecta con personas alejadas de la fe.

-Hay un sector ultratradicionalista y ultraconservador que ataca a Francisco y lo acusa de populista, de demagogo. ¿Palpa algo de eso en el Vaticano?

-A veces me parece que los informadores aplican unas categorías, izquierda y derecha, ultraconservadores y progresistas, que en la Iglesia no funcionan. Estoy segurísimo de interpretar bien el pensamiento del Papa y le afirmo que el Papa no es ni tradicionalista ni progresista. El Papa actúa siguiendo lo que el espíritu de Dios le dice, podemos decir que es un hombre espiritual en este sentido.

-Pero mi pregunta no era ésa...

-Ya sé [risas].

-Mi pregunta era sobre las resistencias que hay.

-Sí, pero si por ejemplo los tradicionalistas se involucraran en la relación con el Papa, si leyeran sus discursos e interactuaran con él, no podrían decir las cosas que dicen. Porque el papa Francisco no está cambiando ni una coma de la tradición de la Iglesia. La doctrina de la Iglesia es la doctrina de la Iglesia, el Papa no la está modificando. El Papa está diciendo "éstas son las reglas", pero más que decir continuamente que "éstas son las reglas que todos conocen", él dice "yo estoy preocupado por el encuentro con las personas". Y encontrar las personas es ciertamente un riesgo mayor, porque en la relación uno puede ser acogido o rechazado, da menos certezas. Por lo tanto, si los tradicionalistas perciben menos certezas de quien continuamente propone las leyes, es exactamente la situación de los fariseos del Evangelio. Para mí, son posiciones prejuiciosas y también deshonestas.

-Usted estaba con las cámaras del CTV cuando Jorge Bergoglio fue elegido papa. ¿Cómo fue?

-Nosotros, obviamente, no pudimos grabar nada durante el cónclave, que fue a puertas cerradas. Tras ser elegido, Francisco entró en el llamado "cuarto de las lágrimas", la sacristía junto a la Capilla Sixtina donde se visten los pontífices. Y cuando salió de ahí es cuando comenzamos a grabar. Son imágenes muy interesantes: se ve al Papa que atraviesa la capilla rodeado de los cardenales, a quienes no saluda, ya que camina con la cabeza baja, mirando al suelo, muy absorto en sus pensamientos, hasta físicamente parece un poco aplastado. Sale de la Sixtina, atraviesa la Sala Regia y entra en la Capilla Paolina. Ahí, había preparada una silla para el nuevo papa junto al altar. Pero el Papa se coloca en el último banco y reza en silencio. La oración silenciosa es bastante prolongada. Cuando termina se levanta y desde ese momento es otro papa: es un papa que sonríe. Es como si el Papa hubiera presentado a Dios sus preocupaciones, sus fatigas y le hubiera trasladado el problema, poniéndose en sus manos. Como si le hubiera dicho: "Mira Dios, yo he aceptado, pero ahora esto es un problema tuyo". Tanto es así que cuando se presenta a la gente en el balcón, con los brazos a lo largo del cuerpo con aspecto desarmado, es verdad que por un lado se lo ve preocupado, pero sobre todo se ve que es un hombre en paz. Y lo confirma cuando saluda diciendo buonasera , creando inmediatamente un diálogo de familia.

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