Decidida a dar pelea hasta el final, la infanta se resiste a renunciar a sus derechos dinásticos

Pese a que muchos piensan que ayudaría a descomprimir la crisis de la monarquía, Cristina quiere "luchar para demostrar que es inocente"
Martín Rodríguez Yebra
(0)
9 de enero de 2014  

MADRID.- Cercada por las sospechas de corrupción, la infanta Cristina de Borbón enfrenta su amargo destino judicial sin hacer concesiones a la opinión pública: se resiste a renunciar a sus derechos dinásticos y descarta divorciarse de su esposo, Iñaki Urdangarin, acusado de organizar el fraude contra el Estado por el que ahora quedó imputada.

Fuentes del Palacio de la Zarzuela admiten que ni su padre, el rey Juan Carlos I , se lo pidió ni ella acepta ofrecer un gesto simbólico que, tal vez, ayudaría a descomprimir la crisis de la corona. En cambio, pretende "luchar para demostrar que es inocente". Cristina es la séptima en la línea de sucesión real y tiene desde 1997 el título de duquesa de Palma de Mallorca.

Anteayer, el juez José Castro la citó a declarar el 8 de marzo por lavado de dinero y evasión fiscal. En un escrito de 227 páginas desgranó sus sospechas de que la hija del rey participó a conciencia de la trama delictiva que organizó su esposo.

Dirigentes del gobierno, de la oposición y hasta miembros de la casa del rey admiten su creciente preocupación por el impacto devastador que la deriva de la causa podría tener sobre la ya muy desgastada institución monárquica. Por eso creen que la renuncia de Cristina a la sucesión y a su título -pese a no tener efectos prácticos- podría ser una forma de contener daños y evitar, además, la insólita situación de que un aspirante al trono de España pueda enfrentar un juicio por corrupción. Los delitos por los que se la imputó acarrean, sumados, una pena máxima de 11 años.

La presión crece y nadie descarta que cambie de postura. Pero en su entorno insisten en que está convencida de que hacerlo equivaldría a admitir la culpa. Con el mismo argumento resistió desde que estalló el escándalo, en 2010, el reclamo de su hermano, el príncipe Felipe, para que se divorciara de Urdangarin.

Cristina sigue unida a su esposo, aunque hace tiempo que evitan mostrarse juntos. Ella se mudó con sus hijos a Ginebra, trasladada por la empresa en la que trabaja (La Caixa). Su marido pasa algunos días con la familia y otros en España. La noticia de la imputación los encontró juntos anteayer en Suiza. El matrimonio y sus cuatro hijos habían pasado la Nochebuena en el Palacio de la Zarzuela con los reyes. Antes de fin de año, fueron vistos de compras en una librería de Vitoria (País Vasco), donde vive la familia de él.

Después de la decisión de Castro, el rey y el presidente Mariano Rajoy acordaron no hacer declaraciones, para evitar que se interpretaran como una presión sobre la justicia. Se reunieron en el Palacio de la Zarzuela el mismo día en que se conoció la noticia. El único mensaje oficial será el compromiso de "respetar las decisiones judiciales".

No es secreto que el caso que involucra a la infanta tiene muy nervioso a Juan Carlos. Hasta el jefe de la casa del rey, Rafael Spottorno, admitió en público que lo vivía como "un martirio". El rey siempre pensó que la línea de responsabilidades se cortaría en Urdangarin. Cuando decía que "la ley es igual para todos", no pensaba en que podría ver a su hija en el banquillo de los acusados.

Pero mientras el escándalo crece, Juan Carlos quiso mostrarse en funciones como jefe de Estado; transmitir normalidad. Ayer cumplió con su agenda en la Zarzuela, donde recibió al canciller de Japón, Fumio Kishida. Lo acompañaba el príncipe Felipe y se difundieron imágenes oficiales.

En nombre de la infanta sólo quedó autorizado a hablar Miquel Roca, su abogado, prestigioso político catalán y uno de los padres de la Constitución española. "Ella quiere que se haga justicia -dijo ayer, al confirmar que ya trabaja en una apelación para conseguir que el tribunal de alzada suspenda la citación del juez Castro-. Estamos defendiendo su derecho a que no sea considerada imputada en esta causa. Esto no es un partido de fútbol -añadió-, es una cosa muy seria en la que están en juego derechos, intereses y valoraciones."

La decisión depende de la Audiencia Provincial de Palma, que en mayo "desimputó" a la hija del rey, acusada por Castro de tráfico de influencias por su participación en el directorio del Instituto Nóos. Esa sociedad en teoría benéfica y sin fines de lucro fue el canal por el que Urdangarin y su socio Diego Torres consiguieron contratos de administraciones públicas por más de 10 millones de euros. Gran parte del dinero acabó en una red de empresas fantasma, de los socios de Nóos.

A Cristina la complicó ahora su participación en una de esas empresas, Aizoon, de la que es propietaria a medias con su esposo. El juez enumeró cientos de pruebas que muestran que los duques cargaban a esa sociedad todos sus gastos personales como una forma de evadir impuestos y de blanquear el dinero (de origen público) desviado desde Nóos.

El desvelo por la corrupción y el desempleo

Los españoles están más preocupados por la corrupción que por los problemas económicos. Se trata de la segunda inquietud en el país por detrás del desempleo, según la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas de España (CIS).

Aunque el desempleo lidera el ranking de preocupaciones, con un 77% que lo posiciona como la principal inquietud, la corrupción escaló seis lugares en un mes. Pasó del 31,8% al 37,6%, aunque está lejos del 44,5% que obtuvo en marzo del año pasado.

El sondeo, realizado entre el 1 y el 13 de diciembre, coincidió con una serie de escándalos de corrupción en instituciones y administraciones públicas, incluido el caso de la infanta Cristina, imputada anteayer por lavado de dinero y evasión fiscal.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.