Después de Mubarak, Tantawi es el próximo objetivo de los barrabravas

Muchos hinchas estuvieron en la primera línea de la revolución; ahora apuntan al régimen militar
Muchos hinchas estuvieron en la primera línea de la revolución; ahora apuntan al régimen militar
Edmund Blair
Dina Zayed
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3 de febrero de 2012  

EL CAIRO.- Algunos de los hinchas de fútbol de Egipto, que tuvieron un papel protagónico en el derrocamiento de Hosni Mubarak, encontraron ahora un nuevo objetivo: el hombre que lo reemplazó al mando del país, el mariscal de campo Mohammed Hussein Tantawi.

"Queremos tu cabeza, Tantawi traidor. Tu nombre podría haber pasado a la historia, pero fuiste soberbio y pensaste que Egipto y su pueblo darían un paso atrás y olvidarían la revolución", escribió en su página de Facebook el grupo de hinchas de fútbol Ultras de la Plaza Tahrir.

La ira de los barrabravas o "ultras", como se conoce a los hinchas de fútbol, creció tras los violentos choques de anteayer en el partido entre el equipo Al-Masri, de Port Said, y su rival Al Ahli, de El Cairo, el más exitoso de Egipto, que dejó 74 muertos y más de 200 heridos.

La furia de los barrabravas, así como la de muchos políticos y egipcios de a pie, no se debió al enfrentamiento entre hinchas, sino al hecho de que las fuerzas de seguridad hicieron poco para impedirlo. Este hecho se sumó a la creciente frustración popular por la incapacidad del ejército para restablecer el orden a casi un año de haber asumido el control del país.

"El mariscal y los demás elementos residuales del régimen de Mubarak nos están enviando un claro mensaje. O recuperamos nuestra libertad o nos castigarán y ejecutarán por participar en una revolución contra la tiranía", expresó en un comunicado que circuló por las redes sociales. Los habitantes de Port Said, así como algunos políticos y los hinchas, sienten que la violencia estuvo dirigida contra el grupo.

"El blanco de los ataques eran los ultras. Fue una emboscada, una masacre. La junta militar y las fuerzas de seguridad son los únicos responsables de lo ocurrido", dijo Ahmed Badr, un comerciante de 45 años de Port Said.

Los ultras no son un grupo único y orgánico. Cada equipo de fútbol tiene sus propios barrabravas, como los ultras de Al Ahli o los Caballeros Blancos del Zamalek, otro de los principales clubes del fútbol egipcio. Los Ultras de la Plaza Tahrir, que aseguran tener en la mira a Tantawi, es un colectivo de barrabravas de varios clubes que se unieron en la plaza Tahrir, foco de la revolución.

Las tácticas de "gato y ratón" de los ultras -por lo general adolescentes y veinteañeros- y su férrea defensa de la primera línea de barricadas, bajo el gas lacrimógeno y las balas de goma, terminaron por desgastar a la policía, que se rindió. Pocos días después del estallido del levantamiento contra Mubarak, las fuerzas policiales debieron ser reemplazadas por el ejército.

Línea de fuego

Desde la caída de Mubarak, los ultras no han abandonado el frente de combate. Hace meses que en la cancha los barrabravas entonan cánticos contra el ejército, un claro mensaje que llega a los hogares de los egipcios cada vez que encienden el televisor. Muchos egipcios, aunque preocupados por la falta de seguridad, siguen sintiendo que el ejército es el más apto para mantener el orden.

Ayer, los hinchas dieron una clara muestra del endurecimiento de su postura. "Muerte al mariscal de campo", tronaban miles de egipcios en la estación central de trenes de El Cairo a primera hora del día, cuando los hinchas volvían del partido en Port Said.

En respuesta a los hechos de violencia, Tantawi dijo que el ejército no permitirá que nada ni nadie entorpezca la transición, que según los militares implica la entrega del poder a un gobierno civil antes de fin de junio. Tantawi también se comprometió a castigar a los culpables de la violencia. A través de un comunicado, el ejército decretó ayer tres días de duelo nacional.

Los barrabravas del Al Ahli respondieron con una declaración en sus páginas de Facebook, en la que afirman que el duelo no debía ser solamente por los muertos, sino "un duelo por todos los que han perdido sus valores morales, por todos los que han vendido su alma, por todos a los que no les importa el país".

La violencia de anteayer se desató cuando los hinchas del Al Ahli desplegaron banderas con insultos contra el Al Masri de Port Said. Al finalizar el partido -que Al Masri ganó 3 a 1- un hombre ingresó al campo de juego con una barra de hierro en la mano. Los hinchas de Al Masri reaccionaron invadiendo masivamente la cancha y atacando a los jugadores del Al Ahli, para luego embestir contra los hinchas que ocupaban las plateas. La policía pareció incapaz de frenar la violencia.

"Por primera vez en la historia de este clásico del fútbol egipcio, las fuerzas policiales y de seguridad no actuaron. La policía se retiró del estadio: para nosotros, la táctica del gobierno es clara como la luz del día", dijo en su comunicado el grupo Ultras de la Plaza Tahrir.

Haciéndose eco de la condena de los políticos, el candidato presidencial Hamdeen Sabahy dijo que los muertos de Port Said fueron víctimas de un "caos sistemático".

"Fue una venganza oscura contra los barrabravas por su participación en la revolución", dijo.

Traducción de Jaime Arrambide

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